Ir directamente al contenido

Saboreando la lluvia patagónica

Salir de la comodidad de un hogar para enfrentarse a la lluvia y al frio nunca es un paso fácil de dar… pero es un decisión que si no la encaras a tiempo puede convertirse en una bola gigante que cada día cuesta más sobrepasar. Sentado en el cálido salón del Hostel Backpackers de Bariloche miro por la ventana llover. Los árboles se alborotan con el aire y no queda muy claro hacia donde se dirige ese temido viento del que tanto dependen mis pedaladas. Juan, un chico argentino, toca la guitarra en uno de los sofás mientras un señor alemán mira el partido del Boca contra Tigre, un grupo de chicos israelitas cocina un plato típico de su  país para cenar a base de cebolla, tomates, ajo, huevo…y Diego, un hombre argentino que leva tres semanas viviendo en el Hostel, pone música rockera de los 70. Al final los días en un hostel son como vivir en un hogar con una gran familia cambiante, apenas les conoces de nada, pero de un modo u otro les tienes cariño.

Me voy a la cama sin saber que haré finalmente al día siguiente, el tiempo está extraño y me asusta salir, pero por otro lado quedarme aqui en Bariloche puede que no sea la mejor solución ya que quizá el tiempo se mantenga asi por más de una semana, y economicamente no me vendría muy bien.

Me despierto temprano, no por voluntad propia, y me bajo a tomar un cafe al salón. El día está igual que ayer, quizá un poco mejor por el momento, pero por las tardes es cuando más se estropea el tiempo. El café me sienta bien, tomo una decisión, y me pongo a preparar las alforjas de la bicicleta.

Salir pedaleando de Bariloche a traves del vecino lago Gutierrez me muestra una cara diferente de la comercial ciudad por la que en un principio había caminado. Las casas de campo que atravieso parecen mantener el paisaje armónico, parece vivirse una vida de barrio en donde la gente se saluda al salir a comprar el pan. Paro en una pastelería con un olor irresistible, la dueña y artesana del dulce me ofrece a probar todo aquello por lo que le pregunto, no puedo comprarme todo porque no me cabe en la bicicleta pero no puedo resistirme a unos esquisitos alfajores de 300gr cada uno por lo menos.

Vistas del Lago Gutierrez desde la Ruta 40 saliendo de Bariloche.

Vistas del Lago Gutierrez desde la Ruta 40 saliendo de Bariloche.

El día está lluvioso pero no sopla el viento. A la derecha el lago Gutierrez se va quedando atrás y deja paso al lago Mascardi. Estoy agusto a pesar de las subidas y bajadas que forman el camino. De pronto llueve más, subo una cuesta prolongada que me hace sudar bajo el impermeable que parece no ser tan transpirable como decía en la etiqueta. Llueve. Al llegar a lo alto una bajada de 10km hasta el río Villegas me espera, apenas puedo abrir los ojos debido a las gotas de agua, pero me siento libre.

Mi idea inicial era llegar hasta Follel para dormir, pero una vez en el río Villegas me quedan 10km de subida para llegar, y estoy empapado, me queda una hora y media de luz escasa y además estoy agotado. Paralelo al río hay un caminito de ripio que lleva hasta la villa de Río Villegas, asi que me dirijo hacia alli para ver que encuentro para dormir.

Pregunto en un almacén de comida y ellos mismos me prestan un lugar en su parcela para poner la tienda de campaña. Escojo el árbol más frondoso que veo y allí debajo me planto. No se como explicar la sensación de introducirse en la tienda. Es un momento mágico en el que no importa que esté pasando fuera, es tu rincón, allá donde estés, enciendes tu frontal y allí están tus cosas que te hacen sentir bien. El saco de plumas, mi libro, un paquete de galletas…bajo el doble techo están todas las mochilas, es mi terraza particular, alli preparo una taza de leche caliente mientras me pongo calcetines secos. En los bolsillos de los lados guardo mi reloj, la cuerda que sujeta el aislante…ordeno todo como a mi me gusta tener en mi rincón, y mientras fuera está diluviando. El sonido de las gotas de agua contra el doble techo hacen más agradable estar dentro, somos un equipo y cada uno cumple su función. El agua esta caliente, añado la leche en polvo, meto los pies en el saco de plumas y disfruto de mi taza humeante mientras leo, bajo la luz de mi linterna.

Bajo un inmenso árbol monto la tienda de campaña para protejerme lo mejor posible de la lluvia.

Bajo un inmenso árbol monto la tienda de campaña para protejerme lo mejor posible de la lluvia.

 

La familia de esta parcela me prestó un lugar para poner mi tienda de campaña.

La familia de esta parcela me prestó un lugar para poner mi tienda de campaña.

Amanece diluviando. No me importa, sigo durmiendo.

A las 11:30 de la mañana parece que ha suavizado un poco la lluvia y salgo de la tienda. Voy al almacén a charlar un rato con Marcelo (Chelo) y veo el trajín de gente que entra y sale en esta apartada villa de la Patagonia. Mia y Juan no paran de corretear por todos lados, jugar con el perro, luego con el gato… Tienen 3 y 8 años y están ansiosos por salir a la calle, pero hoy llueve y no les dejan salir a mojarse.

Juan juega conmigo afuera de la casa.

Juan juega conmigo afuera de la casa.

Mai es más timida con la cámara pero igualquiere salir.

Mai es más timida con la cámara pero igualquiere salir.

Había decidido pasar el día en este lugar a la espera de que mañana apareciera un día un poco mas soleado, pero son las 13:00 y parece la lluvia se ha convertido en un calabobos que le dicen en mi pueblo, esa lluvia fina que parece que no moja pero que al cabo de un rato te das cuenta que estas empapado. A si que me pongo a recoger todo y parto hacia el Bolsón.

Allí he contactado con un chica que se llama Patricia a través de la ciber comunidad Warm Shower, un lugar donde se dan cita bicicleteros de todo el mundo para brindarse ayuda en sus aventuras. Es increible, cuando llego a El Bolson Patricia me dice que no esta en el pueblo, pero que tiene alojados a una pareja de italianos que pueden ir a buscarme para llegar hasta la casa, ella hoy no pasa por casa, pero mañana ya nos conoceremos me dice…nunca había sentido tan buena energía a través de un simple teléfono, estoy deseando conocer a esa gran persona con ese gran corazón. La pareja de italianos que conozco en su casa tienen una historia digna de contar, sus nombres son Melissa y Pierluigi y en un gran impulso por querer ser felices, evolucionan. Han vendido todo lo que era de su propiedad para invertirlo en su nueva casa (una tienda de campaña) y en sus nuevos medios de transporte (unas bicicletas). Aqui teneis su historia: http://www.theevolutionarychange.com/

Parece que la única forma de encontrar la felicidad es empezar a caminar.

 

Luis sale a buscar unos caballos que se le habian escapado hacia unos días. Charlamos juntos un rato a lo largo del arcén camino a El Bolsón.

Luis sale a buscar unos caballos que se le habian escapado hacia unos días. Charlamos juntos un rato a lo largo del arcén camino a El Bolsón.

 

Rumbo al sur. Primer contacto con la Ruta 40.

Me encuentro en Bariloche. Fundado en 1902 como proyecto turístico a orillas del lago Nahuel Huapi. Hoy en día convertido casi en un Torremolinos de la montaña patagónica, pero con una esencia especial que no puede pasarse por alto.

Salí feliz de Mendoza con todas las expectativas puestas en todo lo que estaba por llegar, y desde luego que no sabía todo lo que me iba a tocar vivir… La salida de la ciudad es realmente agradable, bajo los arboles de la calle San martín atravieso Luján entre bodegas de vinos. Una ciclovía acompaña todo el llevadero trayecto durante unos 25 km, hasta que de pronto no tienes más remedio que unirte a la carretera general, la Ruta 40, que en este tramo es una carretera con una fluidez de tráfico inmensa.

Todo lo que hay a partir de aqui es prácticamente nada, una carretera en línea recta por donde los camiones se dirigen al sur en masa, y a uno no le queda otra que acompañarles por el arcén, cuando lo hay, otras por la carretera vieja, cuando existe, y otras por la carretera nueva recién asfaltada que están haciendo al lado de la actual, esta sin duda dentro de las opciones es la mejor de todas.

El sol ha sido abrasador en estos primeros kilómetros, hasta el punto de ponerme al limite de mis fuerzas y energías para continuar, ya que no existe un árbol con sombra donde descansar, por lo que las jornadas se alargan hasta más de lo que uno quisiera, ya que mejor que parado bajo el sol, uno esta con un poco de aire en la cara pedaleando…

Camino al sur por la Ruta 40. Noche antre Tunuyan y San Carlos.

Camino al sur por la Ruta 40. Noche antre Tunuyan y San Carlos.

A unos 120km al sur ya en mi segundo dia de pedaleo desde la ciudad de Mendoza me crucé en el camino con otro cicloviajero como yo… bueno en realidad solo nos parecíamos en  la bicicleta cargada de cosas porque el llevaba más de tres años pedaleando por el mundo! David Barreiro había salido de Barcelona en el año 2000 hacia el este recorriendo miles de kilómetros y experiencias hasta llegar a Argentina, en Julio regresaba a casa desde Venezuela. Conversamos un rato en el arcén de la carretera y luego nos dimos la espalda continuando cada uno nuestro camino.

Continué pedaleando entre las sombras de los chopos que rodeaban esta parte del camino, y pensando en todo lo que David me había dicho, grandes consejos para un viaje en bicicleta en tan solo 10 min.

10 minutos parado en la carretera y estos son los coches que pasaron. Es increible pedalear por carreteras asi.

10 minutos parado en la carretera y estos son los coches que pasaron. Es increible pedalear por carreteras asi.

Una de las cosas que me dijo fue… «no se te ocurra seguir por la parte de la ruta 40 de más adelante sin asfaltar, vete por la asfaltada hasta San Rafael, alli podrás visitar este lugar…» ¿y que hice yo cuando me encontré en la bifurcación de camino? Pues lógico, meterme por la no asfaltada! Asi que empecé a pedalear por lo que parecía una carretera mucho más tranquila debido a que al ser de tierra no pasaba nadie y yo iba solo feliz, con mucho calor, y polvo levantado por el aire, pero contento. Aquí sufri mi primer pinchazo en los 600km que llevaba pedaleando desde Santiago, en el peor sitio que podía pasarme. Quita alforjas, desmonta rueda, cambia cámara, pasa un camión, ola de polvo, monta rueda, monta alforjas y continuo pedaleando.

Un pinchazo nunca es bienvenido, pero más aun cuando el primero te toca en un lugar como este. Tramo de la Ruta 40 sin asfaltar entre Pareditas y el Sosneado

Un pinchazo nunca es bienvenido, pero más aun cuando el primero te toca en un lugar como este. Tramo de la Ruta 40 sin asfaltar entre Pareditas y el Sosneado

Un cartel me dice que hay 76 km hasta el embalse Agua del Toro, imagino que será un pueblo. 140km hasta volver a la carretera asfaltada y 160km hasta el siguiente pueblo. Yo optimista dije…va, 76km los hago fácil, solo llevaba 25 a mis espaldas ese dia y apenas 1 hora 40 pedaleando.

Una manera breve de resumir este periplo que estaba a punto de vivir sería decir que conocí lo que es la Ruta 40 en esencia y sobre todo, la Pampa Argentina.

El camino se empezó a poner cuesta arriba, el viento comenzó a soplar en mi contra, lo que provocaba además de no poder avanzar comer polvo a puñados, el camino a ratos era de arena suelta, a ratos de Calamina (o serruchito le dicen aquí, esos baches continuos a modo de tabla de lavar) y a muchos ratos ambas cosas a la vez. Mi media era de 5km por hora. Eso cuando no tenia que empujar la bicicleta a mano entre la arena. Las ruedas se enterraban y era imposible de mover. El sol estaba en su máximo apogeo y el paisaje que me rodeaba era arena y arbustos, es decir no había sombra en ningún lado. Todas mis expectativas giraban en torno al siguiente cambio rasante, en el que imaginaba que al llegar a lo alto vería el embalse al otro lado o el camino mejoraría o de repente habría un quiosco lleno de bebidas frías… pero no, al llegar al siguiente alto lo único que se veía eran otros 5 o 10 kilómetros de horizonte entre pampa.

Siempre se veía lo mismo al llegar a un alto, más y más kilómetros de infinito camino hacia un próximo horizonte.

Siempre se veía lo mismo al llegar a un alto, más y más kilómetros de infinito camino hacia un próximo horizonte.

Al final fueron 1000 metros de desnivel superado, 4,5 litros de agua bebidos, un pinchazo, muchos momentos de creer que veía un coche, mirar atrás y no ver nada más que nada…esto se convirtió en un tic continuo, no se donde escuchaba el ruido que me hacia creer que venia un coche pero creía firmemente que esta vez si que venia uno, y luego otra vez, y asi un monton de veces. Cuando paraba a descansar, o a beber (ya que en marcha era imposible poder coger la botella y seguir andando por la arena y lo baches) observaba el paisaje y me sentia feliz, después me preguntaba como habia llegado hasta alli, hasta la nada misma y con un vuelco optimista volvia a montarme en la bicicleta para seguir mi travesía. vuelvo a mirar hacia atrás a modo de tic, pero esta vez hay algo al fondo, vuelvo a mirar y me desequilibro. Con los pies en el suelo me doy cuenta que son dos luces delante de una nube de polvo que se dirigen hacia mi desde el horizonte ya pasado. Sonrio. Lo paro. Son tres trabajadores en una pick up que se dirigen a 15 km desde donde estoy para realizar unos trabajos. Se apiadan de mi y me llevan el la parte trasera de la camioneta junto con la bici. esos 15km los recorro en tan solo 15-20 min, lo que a mi me hubiera llevado 3 horas avanzar…que increible. Me bajo en miad de la nada, ellos se desvían por una huella en mitad de la pampa. Sigo avanzando.

Momento de felicidad en la pampa, necesitaba autoretratarme.

Momento de felicidad en la pampa, necesitaba autoretratarme.

Por fin un coche apareció de la nada y me avanzó 15km de intransitable camino.

Por fin un coche apareció de la nada y me avanzó 15km de intransitable camino.

Cuando ya estaba buscando a cada rato un sitio para dormir y sentirme asi más tranquilo pensando que con pasar la noche todo estaba solucionado veo al fondo gente. Con coches. Son muchos. ¿qué es eso? Un grupo de jeeperos con coches de los años 50 y 60 que estaban de excursión. Me dieron de beber Fernet con Cocacola, de comer queso y salchichón y nos sacamos fotos todos juntos. A partir de este momento todo cambió, solo me quedaban 7 km y eran en bajada.

Siempre a mi lado cambia de forma pero nunca se separa de mi.

Siempre a mi lado cambia de forma pero nunca se separa de mi.

Este grupo de jeeperos de coches antiguos me dio la alegria de haber recorrido todos estos kilómetros.

Este grupo de jeeperos de coches antiguos me dio la alegria de haber recorrido todos estos kilómetros.

Cuando llegue al embalse Agua del Toro lo que me encuentro es un pueblo abandonado. En su dia eran las viviendas de los que construyeron la presa… no me lo puedo creer, aquí no hay nada tampoco! Veo un cartel que pone policía, asi que hacia allí me dirijo. ¿Hola? Sale un policía bien regordote que feliz de tener visita me ofrece ducha y cama, y para colmo me dice que un vecino nos había invitado a un asado esa noche! ¿un vecino? Si, un chico que el padre tiene una casa en propiedad y fue con su novia neoyorkina y dos amigos a pasar la noche. Asi que ahí termino mi día, comiendo un asado increíble Argentino con carne, pollo, verduras, patatas rellenas, ensaladas y mucha cerveza helada! No me lo podía creer… son estos momentos de magia los que alimentan las ganas de seguir  adelante, descubriendo grandes lugares del planeta que tenemos tan al alcance por explorar, y sobre todo, a grandes personas que sin más motivo que el momento presente, te ofrecen la mayor de las sonrisas y un pellizco de felicidad.

Al día siguiente Sergio, el policía, me acerco los 65 km de tierra y camino en mal estado para ir a San Rafael, una ciudad grande que me permitiría coger un autobús hacia el sur y asi quitarme toda la parte de pampa que me esperaba durante 700km más sin pueblos de por medio. El invierno se me está echando encima para llegar a la patagonia.

Sergio me acogió con los brazos abiertos al llegar al pueblo fantasma de Agua del Toro. Gracias.

Sergio me acogió con los brazos abiertos al llegar al pueblo fantasma de Agua del Toro. Gracias.

Asi llegué a las 7:30 am tras una noche de autobús a Neuquén, capital de provincia del mismo nombre.

Más pampa y mucho más sol. 4 pinchazos el mismo dia (debido a que en esta zona hay una planta que se llama roseta y que tiene unos pinchos mortales parta mis ruedas)  y tras 80 km de rectas y cuestas interminables llegué al embalse del Chocón. Saltando desde las rocas de la orilla me di un baño que creo jamás olvidaré. Visite el museo donde se encuentran los huesos del dinosaurio real mas grande del mundo, el gigantosaurios, que esta casi completo, mide 40 metros de largo y 18 de alto! Y como le había cogido el tranquillo y no quería pagar camping, pues le pregunte a la policía donde podía dormir ya que había carteles de prohibido acampar por todos lados, y me dijeron, pues pon la carpa aquí si quieres, asi que otra noche con la policía. Sin ducha ni cena de su parte, pero bueno ya me había bañado en el embalse y la cena la tenia yo.

Carreteras que comienzan de nuevo al llegar al horizonte.

Carreteras que comienzan de nuevo al llegar al horizonte.

Parece que el tiempo se congeló aqui en las carreteras Argentinas, y de pronto me veo con mis padres viajando a galicia en pleno mes de Julio.

Parece que el tiempo se congeló aqui en las carreteras Argentinas, y de pronto me veo con mis padres viajando a galicia en pleno mes de Julio.

El embalse Ezequiel Ramos Mejía me recibió con sus aguas frías y la alegría de los niños que disfrutaban de un día de verano.

El embalse Ezequiel Ramos Mejía me recibió con sus aguas frías y la alegría de los niños que disfrutaban de un día de verano.

Las distancias aquí son enormes entre los pueblos asi que el día siguiente, como el camino era llano y no había viento, me hice 145km. Acabe muerto y durmiendo a un lado de la carretera detrás de unos arbustos, solo me quedaban 17km para el siguiente pueblo pero mis piernas no querían pedalear más…asi que al día siguiente pasé por Piedra del Águila, un pueblo maravilloso en donde pude comprar comida y rellenar el agua, además de poner a punto mi bicicleta ya que estaba teniendo algunos desajustes con los cambios,  y continué camino al sur con la esperanza de avazar lo máximo posible, ya que el siguiente pueblo era Bariloche a 190km y no tenia agua y comida para estar muchos dias a la intemperie.

 

 

Atardece a la vera de la carretera a 15 km de Piedra del Águila.

Atardece a la vera de la carretera a 15 km de Piedra del Águila.

No sabia que un infierno de subidas y bajadas me esperaba. El del almacén me dijo que no era nada, todo llano. Saliendo del pueblo a unos 15 km iba subiendo una cuesta y una furgoneta de trabajadores con remolque se para, da la vuelta y me dicen, ¿quieres que te ahorremos 50 km de subida que te quedan por delante? Y digo no, quiero hacerlo…y al segundo digo..50km de subida?? No no espera!! Acepto!! Asi que ahí va mi bici al remolque y yo me subo con ellos en la parte de adelante. Que forma más diferente de ver la carretera y las distancias…en 30 minutos habiamos avanzado 55km de eternas subidas entre más pampa argentina. Me dejan en mitad de la nada, ellos se dedican a la limpieza de terrenos contamindos, sobre todo por accidentes de camiones que transportan mercancia peligrosas.

Desde donde me dejaron aun hice 90km más de subidas infernales y bajadas donde tenia que pedalear para poder avanzar. El viento aquí no es una broma, son bofetadas en la cara que te hacen poner los pies en el suelo para no caerte, y cuando es algo continuo durante 60km acabas mas que arto…. Los últimos 10 km se le sumo la lluvia a ese viento por lo que el coctel fue magnifico.

El paisaje poco a poco se fue tornando montañoso, atravesando primero pequeñasmontañas y bosques de pinos para ir adentrándose en valles de inmensas montañas y ríos. Conseguí llegar a Confluencia, una estación de servicio justo en el cambio de provincia a Rio Negro. Mojado y agotado por los últimos terroríficos kilómetros que me habian tocado pedalear llego con los últimos minutos de luz a un pinar frente a la estación de servicio donde monto mi tienda de campaña y me cobijo dentro a pasar la tormenta que revolvió con todas sus fuerzas poniendo a prueba su estabilidad. Dormi como un bebé.

El paisaje se va tornando montañoso según me voy acercando a Bariloche.

El paisaje se va tornando montañoso según me voy acercando a Bariloche. Río Limay.

Después de la tormenta en mi noche en Confluencia la mañana con fuego se presenta con mejores intenciones.

Después de la tormenta en mi noche en Confluencia la mañana con fuego se presenta con mejores intenciones.

Gaucho de descendencia Vasca que me acompañó buena parte del camino del camino a Bariloche, hasta que llegamos a su casa y alli nos despedimos.

Gaucho de descendencia Vasca que me acompañó buena parte del camino del camino a Bariloche, hasta que llegamos a su casa y alli nos despedimos.

Meandros del río Limay, a 30 km de Bariloche.

Meandros del río Limay, a 30 km de Bariloche.

Parece que todo lo que cuento son penurias pero no, siempre que se lucha tanto por llegar a un lugar cualquier pequeño detalle te hace levantar la máxima sonrisa. El otro dia iba por la carretera pedaleando  y un hombre que vendia tortas fritas me dijo «toma para el camino» o la gente que se para a conversar contigo, como un señor en una gasolinera que conducía una moto de los 60, me decía que él había hecho lo mismo antes pero que ya no podía, y me miraba la bici de arriba abajo y se ponía nervioso…me deseo buen viaje mil veces. Es la base de la felicidad, las pequeñas cosas de la vida, que solo cuando estas en las situaciones más adversas afloran en todos los rincones del camino, y cuando en nuestro día a día tan solo miramos al frente para dar el siguiente paso, olvidamos que para ser feliz hace falta mucho menos de lo que podemos imaginar.

Primeros kilómetros fotográficos.

Juan Sisto

Mi primer amanecer en medio de la cordillera de los Andes, sin más.

   Termine de meter las cosas en la alforjas, elegí que lentes podría necesitar y comencé a pedalear hacia el norte de Santiago de Chile. Mi primera meta es Mendoza, segunda ciudad mas grande de Argentina y capital del vino.

Para llegar hasta aquí recorrí los más de 350km que separan a través de la cordillera de los Andes a Santiago de chile de esta ciudad. El recorrido fue todo una odisea por que el paso de los Andes (paso del Cristo Redentor o paso de los Libertadores) estaba en obras, por lo que el tráfico a cualquier vehículo estaba cortado por el dia de Chile a Argentina y por la noche al revés.

   El caso es que solo podia pasar pedaleando por la noche, yo y los 500 camiones que estarian esperando realizar este paso fronterizo, y yo, que siempre pienso en que diria mi madre, dije…esta bien haré autostop! asi que asi fue, y una familia argentina me llevó hasta el otro lado de la cordillera en su furgoneta con sus dos niños que no paraban de gritar como locos todo el camino mientras la madre tomaba la opcion de no hacerles caso para que se cansaran…jamás escuche que se cansaran de decir sueltameeeee! (por el cinturon de seguridad)
   Han sido 3 noches y 4 dias para llegar hasta aqui, y que tres noches y que 4 dias… he estado frente al Aconcagua, la montaña más alta de sudamérica para el que  no lo sepa (6964mtrs) he disfrutado de la gran hospitalidad de la gente del Hostel Vieja Estación en  el Puente del Inca, una formación de roca que debido al azufre que tiene su agua forma un arco natural de mil colores, he bebido las tres bebidas oficiales Argentinas:
– El mate (esa especie de té que beben a todas horas del día y que comparten todos chupando de la misma «pajita»),
– El Fernet (una bebida de color negro de origen italiano que es a base de hierbas pero que sabe fatalmente amargo y encima tiene un montón de alcohol! Descubres que bien mezclada con Cocacola está esquisita.)
– Quilmes (cerveza del pueblo Argentino por excelencia)
   He visto amanecer en los Andes mientras bajaba con mi bicicleta por unas carreteras infinitas de rayas amarillas. Me he sentado en el café Tibet de Uspallata, lugar donde se rodó «7 años en el Tibet» y este café guarda algunas cosas del atrezzo de la película. He pedaleado contra el viento, pero hasta tal limite que en bajada, si si en bajada, no podia avanzar ni pedaleando!! no os quiero contar lo que fue en llanos y subidas!! pero de repente pasabas por al lado de una roca inmensa y sentias que avanzabas km en tan solo 100 metros que duraba la calma.
Juan Sisto

Este es el sendero que conduce hacia la cumbre más alta de todo América, el Aconcagua.

Juan Sisto

Aún quedan restos de lo que era la antigua carretera de este paso fronterizo.

Juan Sisto

Hace años se podía tomar un tren en Argentina y cruzar lo Andes hasta Valparaiso en Chile. Hoy en día está completamente abandonado.

Juan Sisto

Alejandro bebe Fernet mientras disfruta de un partido del River Plate contra Tigre.

Algunas personas me asustaron diciendome que la entrada a Mendoza era peligrosa, que no fuera, que entrara haciendo autostop, que llamara a un chico que ellos conocían para que me fuera a buscar a las afueras… y la verdad que pase la noche anterior metido en la tienda un poco nervioso respecto a que hacer.. y al final dije, si no lo pruebo no se como sera. Iba todo el camino pensando que hacer, por donde ir, pararé? autostop? y al final en un cruce de caminos le pregunte a un señor que conducia un camion americano Ford de los años 70 que por donde ir, y me dijo, ve por ahi, todo recto, y llegarás al centro de Mendoza sin ningun problema, sin camiones y tranquilo. Asi que eso hice, comencé a pedalear entre los viñedos que rodean esta ciudad del vino. Es época de vendimia y el olor que hay en el ambiente se me hace muy agradable y familiar a cuando estuve viviendo en Socuéllamos, un pueblo mayormente vitivinícola de la gran Mancha Manchega. Los trabajadores me miraban, otros me saludaban y hasta un señor que andaba en bici se juntó a mi y me acompaño un rato indicandome por donde ir…en definitiva, ha sido una entrada a Mendoza increible! Las calles que te reciben en Mendoza están todas custodiadas por inmensos arboles que sombrean y refrescan los más de 30 grados que aun siguen haciendo en el final del verano. Me hospedo en el Hostel Mamajuana, donde me recibe Gustavo, no es el dueño del Hostel pero es un excelente anfitrión que me hace más agradable la llegada.

Juan Sisto

Carreteras que bajan de la cordillera de los Andes.

Juan Sisto

Negro el ciclista, como le conocen en su pueblo Luján, me acompañó un rato del trayecto de entrada a Mendoza. Ama la bicicleta y tiene un taller en su casa, la de la foto.