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Tierra firme. Ecuador.

24 abril, 2014

Han pasado muchos días desde que viajamos juntos por última vez. Mi cámara se ha ido llenando de nuevas fotografías que hasta conseguir un nuevo ordenador no pueden ver la luz, y en mi corazòn, se van acumulando maravillosas experiencias que no puedo guardar ni un minuto màs. Asì que prepárate porque nos vamos de viaje, un breve recorrido lleno de sentimiento y grandes personas por Ecuador en el que nuestra imaginación y sobre todo nuestra sonrisa, va a florecer.

He cruzado la frontera Perù-Ecuador por uno de los brazos màs importantes del rìo Amazonas, el rìo Napo. Después de 7 dìas navegando sobre un barco carguero, hoy, en una pequeña canoa de madera, cruzo la línea imaginaria que me lleva a un nuevo país, Ecuador.

Vuelvo a sentarme sobre Makalu, que maravillosa sensación después de tantos días, un  reencuentro con la libertad de los caminos, y con las cuestas. Asciendo de nuevo hacia las cumbres de la cordillera andina.

Desde los 200 metros de altura pedaleo hacia lo màs alto, he de alcanzar los 4000 msnm. Se me hace muy difícil coger el ritmo otra vez sobre la bicicleta, y estos primeros kilómetros son un gran esfuerzo. A cada rato he de parar para beber, comer y descanasar. Mi cabeza me dice… pero si has hecho cosas mas difíciles, tu puedes! Pero mi cuerpo no responde como espero, tantos días tumbado sobre una hamaca en la selva me están pasando la factura.

El entorno es maravilloso, tras superar la primera línea de montañas el cambio de clima transforma radicalmente el paisaje. Desciendo ahora al ritmo del rio que me acompaña por las curvas de un valle color verde. Las vacas pastan a sus anchas y el agua cae por las montañas en inmensas cascadas. Casas de vieja madera con tinas de leche en la puerta se esconden entre los arboles, mientras, los caballos corren al son del viento al verme aparecer tras la curva.

La gente es càlida, cercana, hospitalaria. La energía positiva se respira en las sonrisas que me dedican al pasar y eso me hace sentir muy bien, estoy en casa. Subiendo la siguiente línea de montañas paro en un pueblo para cocinarme algo de comer, veo una señora mayor apoyada en una puerta y le pregunto –Hola buenos días ¿tiene algo de beber? Cocacola o algo asi- estoy muerto de cansacio y necesito algo de energía para poder continuar. –¿¿Mande?? (en Ecuador esto equivale a un ¿què?)- Responde ella con un tono màs alto. Tras repetirle la pregunta nuevamente me contesta con negación asì que me dispongo a empujar la bicicleta nuevamente por la pendiente hacia arriba –Espera no te vayas- dice metiéndose hacia dentro de la casa. De pronto sale con un inmenso vaso de jugo helado recién exprimido. –beba que tiene que recuperar fuerzas para seguir- me dice sonriente. Mientras bebo conversamos de mi viaje, de su negocio (donde da de comer a los trabajadores que mantienen la carretera) del pueblo… es de esas personas que parece haber nacido abuela ya, tiene un rostro acogedor, sus gafas de ver con montura dorada se sostienen en su pequeña nariz, su mirada es limpia, su sonrisa bella. Llegan sus nietos de la escuela mientras seguimos apoyados en la puerta, me dan las buenas tardes mirándome a los ojos con una sonrisa y después se dirigen a su abuela quien los recibe con millones de adulaciones y un monton de besos en la boca.

Asi es la gente de esta parte de Ecuador, siempre las personas que viven en el campo tiene la naturalidad de tratar a los desconocidos como si de un vecino se tratara. De este modo, soy invitado a compartir la mesa en muchas ocasiones, a ordeñar sus vacas a última hora del dìa, o a sentarme junto al fuego para hablar de la vida. Muchas preguntas son relacionadas con mi viaje, como es común les llama la atención que una persona llegue en bicicleta hasta sus tierras y además sea de Europa, pero siento la igualdad en la conversación, tu a tu, sin el complejo de aparentar nada ni de esperar nada màs excepcional de mi que un rato juntos para compartir y viajar con las palabras a otros lugares del planeta.

Me voy acercando a la frontera con Colombia, por fuera de la Panamerica voy pedaleando a través de caminos pedregosos que cruzan por pueblos y montañas congelados en el tiempo. Asi llegue a El Angel, un cuidado pueblo a las faldas de una maravillosa reserva natural llena de Frailejones. Llego cansado, hace frio, y se esta haciendo de noche ya… pregunto por el pueblo donde puedo dormir, los bomberos están cerrados, deambulo sin rumbo fijo analizando cualquier rincón para instalarme… de repente, por azares de la vida conozco a Marta, ella administra un hotel a la entrada del pueblo y me ofrece una habitación para pasa la noche. No lo puedo creer, de repente tengo ducha de agua caliente, cuatro paredes, una cama, y una televisión con miles de canales para quedarme atontado mirando la televisión que hace tanto no veìa. A la mañana siguiente me trae café caliente, me regala un gorro de lana que ella misma ha tejido y me da una bolsa de habas recién tostadas con sal para el camino. Pero saliendo del pueblo no acaba mi sorpresa… un coche para para saludarme y sin màs me dice –vete a la parte de atrás y saca unos aguacates y unas chirimollas para el camino- Asi voy dejando atrás Ecuador, sonriendo.

Un sinuoso camino de montaña me llevarà a lo que será mi última mirada a Ecuador desde lo màs alto, con los valles a mis pies e inmensos volcanes nevados frente a mi. Unos kilómetros màs y estarè en un nuevo rincón del planeta por descubrir, Colombia.

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From → Ecuador

7 comentarios
  1. sofía permalink

    que bonito!!! buen viaje……bsss

  2. lourdes bergillos permalink

    que bien , Juan … que emprendas de nuevo el pedaleo,,,, Precioso el relato ..como siempre..YA RECIBI LAS CAMISETAS…. besos y buen camino!!!

  3. Oscar permalink

    Que gonotísimooooooo.Cada dia escribes mejor (y cn el nivel q tenías ésto es harto difícil).
    Un fortisísimo abrazo de tu tío Oscar.
    AVANTI LA MACHINA!!!!!!!!!!!!!!!

  4. Antonio permalink

    Disfruta de cada segundo que te está ofreciendo la vida, amigo, un abrazo.

  5. Andrés permalink

    Enhorabuena por este tiempo que estas disfrutando.
    Me ha encantado tú reflexión, tu sentimiento:
    “siento la igualdad en la conversación, tu a tu, sin el complejo de aparentar nada ni de esperar nada màs excepcional de mi que un rato juntos para compartir y viajar con las palabras a otros lugares del planeta”

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