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La familia Parada. El Salvador.

19 septiembre, 2014

Cruzo temeroso y a la vez expectante la frontera de Nicaragua con Honduras. Estos últimos días la gente me ha estado advirtiendo de los peligros que ofrece este país… y es que si ves la noticias que emite la televisión yo también llegaría a creerlo.

Con todo lujo de detalles macabros la gente trataba de disuadirme en mi idea de atravesar los países de Honduras, El Salvador y Guatemala con mi bicicleta, llegando en algún momento a replantearme si debía o no hacerlo.

Finalmente pedaleo mis primeros metros por este nuevo país atento a todo lo que sucede a mi alrededor, y aferrado a mi bicicleta avanzo camino por el arcén de la carretera. Una sonrisa, un saludo alegre, un grito de animo, otra sonrisa, un bocinazo acompañado de una mano saliendo por la ventanilla… todas las sensaciones que voy encontrando en el camino van haciendo relajar mi cuerpo. Estoy cruzando Honduras por el sur y tan solo 140 km después ya he alcanzado la frontera con El Salvador.

Carretera del Litoral en El Salvador

Carretera del Litoral en El Salvador

Me siento muy tranquilo recorriendo esta carretera que bordea la costa. La gente alegre a mi paso me saluda en inglés gritando un –jai gringo- (lo escribo con “jota” porque la pronunciación con la que me lo dicen se parece más al alemán que al inglés) y en ocasiones paro a compartir con ellos un rato. Hablamos en español, como es normal, pero al despedirnos me dicen… -Thank you, bye!- es algo muy curioso, no acaban de creer que mi lengua materna sea el español e igualmente al despedirse lo hacen en inglés como para agradarme despidiéndose en mi idioma con las pocas palabras que saben.

Elisabeth me invita a probar sus maravillosas pupusas de frijol con queso.

Elisabeth me invita a probar sus maravillosas pupusas de frijol con queso.

Keily Verenice es la hija de Elisabeth.

Keily Verenice es la hija de Elisabeth.

José realizó un viaje en bicicleta desde Montreal hasta su natal Salvador donde ahora vive con su familia.

José realizó un viaje en bicicleta desde Montreal hasta su natal Salvador donde ahora vive con su familia.

El sol poco a poco va escondiéndose en el horizonte mientras mis ojos van atentos a cualquier detalle que pueda ofrecerme un lugar tranquilo donde poder descansar. Estoy a menos de 10 km de la ciudad de Zacatecoluca, por donde no quiero verme pedaleando a estas horas tan avanzadas del día.

De pronto un “hola” lejano hace girar mi cabeza hacia la izquierda encontrándome unas sonrisas esplendidas que agitan el brazo a modo de saludo. Devuelvo la sonrisa y el saludo mientras los arboles cortan la mirada y regreso mi vista al frente. 3, 2, 1… y aprieto mi frenos a fondo para detener a Tatacoa y darme la vuelta. -Este va a ser un buen lugar- me digo.

–Hola! Digo desde lejos mientras apoyo mi bicicleta sobre mi palo de madera. Una de las mujeres se acerca despacio hacia mi mientras le explico tranquilamente que estoy buscando un sitio donde pasar la noche.

15 minutos después estoy sentado entre ellas con una taza de café en la mano. Me preguntan un montón de cosas sobre mi viaje y yo poco a poco les hablo de mi, de mis hermanos, de mis padres, de mi entorno… a cada rato que pasa vamos disfrutando más de la conversación y comienzan a bromear conmigo. –aquí somos todas solteras- me dice una –mira aquí esta mi prima de 18 y mi tía de 22- me dice mientras señala a las abuelas de la familia que superan ya los 85 años.

Poco a poco empiezan a llegar el resto de los miembros, y cuando me quiero dar cuenta somos más de 35 personas riendo y compartiendo historias.

Observo como cada persona que llega va a saludar a la abuela Amanda, ella esta sentada en un rincón, sin apenas hablar, pero su presencia genera una atracción maravillosa.

Con el paso de las horas cada uno se va retirando a las casas que rodean la casa principal. Dentro del mismo terreno cada familia perteneciente a la familia tiene su pequeño hogar. Finalmente me quedo con Amanda sentado en el porche.

Amanda posa con parte de su familia detrás en su casa.

Amanda posa con parte de su familia detrás en su casa.

Descubro con cada palabra que pronuncia un pasado lleno de crueles historias marcadas firmemente por la guerra civil. Una opresión por parte del gobierno hacia el pueblo que llevo a los campesinos a levantarse en armas formando la guerrilla. En esta guerra Amanda perdió a tres de sus hijos además de otros familiares. Me cuenta como un día tuvo que salir de su casa corriendo porque la “brigada de la muerte” venia hacia allí. Ella consiguió salvarse por azares del destino pero sus familiares, animales y todo lo que tenia latidos en aquel hogar fue brutalmente asesinado, su casa quemada.

Me narra gran cantidad de historias que parecen ser casadas del guión de una película, pero que en sus ojos, y en la rabia con las que las cuenta, veo la absoluta sinceridad de todas sus palabras. Historias que forman parte de cualquier guerra, historias que hacen pensar en que prioridades tenemos como humanos en la vida para vernos embaucados en situaciones tan atroces como estas.

Hoy Amanda es cuidada cariñosamente por sus más de 90 nietos y bisnietos, y por toda su familia, entre ellos, están las tres nietas hijas de aquellos hijos suyos asesinados aquella horrible noche.

Me encanta la energía que desprende, y disfruto mucho escuchándola hablar.

Los niños juegan juntos a la pelota, parece el patio de un colegio, entre los primos son unos 12 los que comparten su día a día. Por una noche me hacen formar parte de esta maravillosa historia del ahora, me hacen sentir como en casa, y por la mañana, cuando después de acabar el desayuno que tan amablemente me han servido, me da una pena increíble despedirme. Han sido muchas las despedidas que he tenido a lo largo del viaje, y a pesar de ello nunca me he acostumbrado a ellas, pero hoy siento que es algo especial. Salgo pedaleando con un nudo en la garganta, no quiero avanzar… pedaleo despacio para sentir que no me alejo de aquel lugar. En realidad no estoy triste, si no todo lo contrario, hoy sigo mi camino un poquito más feliz.

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18 comentarios
  1. Esto es mejor que cualquier libro de aventuras. Qué maravilla leerte y acompañarte un rato en el camino.

    Sigue así!!mucho ánimo en tu pedaleo!

    • Que alegria Sandra que viajes conmigo! acabo de meterme en tu página… y sin palabras, me encanta lo que haces!! de verdad me ha gustado muchisimo.
      Que sepas que siempre que se habla del don de pintar yo siempre digo pensando en ti… “saber dibujar es un don que se trabaja, pero sobre todo es un don, yo en mi clase tenia una compañera que pintaba increible y nadie le habia enseñado nada aun… ”
      Te mando un abrazo grande, ya estoy pensando en alguna escusa para que podamos trabajar juntos! sonrisas!

  2. Jose rivas permalink

    Dale juan un enorme gustazo hablar contigo animo en tu camino y espero que las pupusas te hayan gustado mucho……..
    ..

  3. Luis Santiago Menendez Jeannot permalink

    !! Yes un valiente, Juanin !! Y enrriba cuéntesnos coses muy prestoses. !! Gracies, fiu !!

  4. lourdes bergillos permalink

    da gusto seguir viajando contigo

  5. ¡ E-mo-cio-nan-te ! éstas son las verdades historias que uno siempre atesora…, las que nos ponen a seres increíbles en nuestro camino, solo para que podamos seguir caminando…en tu caso, pedaleando! jeje!

  6. Ramagm permalink

    Bello relato Juan! cuantas experiencias de vida que vas asimilando! Guatemala Tikal.

    Abrazo

  7. Elena Cabrera permalink

    Madre mia Juan, yo apenas a mis 13 años me encuentro rodeada de problemas y haces que todo parezca tan sencillo, gracias por aportar felicidad a mis dias!! Un abrazo fuerte, no cambies!!

  8. Laly permalink

    Me he emocionado, lo he compartido en mi Facebook, se me han saltado unas lagrimas que he querido disimular, pero, para que?…Amanda ha sufrido y sufre , pero la inmensa felicidad de que los tuyos estén a tu lado y te cuiden y te respeten…con que poco se puede ser feliz…
    Juan, por cierto, cuando llegues a tu destino, podrás vivir en una casa?… 🙂 Un abrazo

    • Que alegria Laly, me encanta que compartas conmigo esas emociones, gracias.
      El día que me instale en una casa a vivir, será porque es lo que quiero hacer en ese momento, si no, seguiré caminando!

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