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Desierto del viento, tierra de wayuus y sol.

26 junio, 2014

Me encuentro en la Guajira, una gran península desierta al norte de Colombia que colinda al este con Venezuela. La etnia Wayuu habita estas tierras dominadas por el viento y la arena desde hace cientos de años. El agua dulce es prácticamente inexistente y el horizonte se pierde en el infinito tras un cielo siempre azul.

Me he propuesto llegar al Cabo de la vela, un pequeño pueblo a orillas del mar caribe que vive del poco turismo que lo visita. Para llegar se debe atravesar un basto desierto dominado por fuertes rachas de viento.

Tomo la decisión de llegar costeando por donde en mi mapa salen algunos pueblos y regresar por una carretera de tierra que atraviesa en línea recta la planicie y que es la vía común para los coches. 80 km me separan de mi pequeño paraíso.

Leticia pertenece a la etnia Wayuu, y mientras teje una mochila espera a algun coche que la lleve al Pilón de Azucar para vender sus artesanias.

Leticia pertenece a la etnia Wayuu. Su cara esta pintada con un hongo que la protege del sol.

En el pueblo de Manaure me abastezco de comida como para tres días, pensando asi en no comprar nada en el Cabo de la Vela donde será más caro. Llevo 5 litros de agua repartidos en botellas, me han dicho que el agua escasea pero que podre conseguir en algunos de los pueblos del camino y no quiero cargar mas la bicicleta.

El camino por donde abandono el pueblo es pequeño, con muchas variantes que me hacen despistar fácilmente. A ratos la arena es tanta que no soy capaz ni de empujar mi bicicleta y la levanto todo lo que puedo para tratar de avanzar… a las dos horas había avanzado menos de 10km, me doy cuenta de que no voy a llegar hoy al Cabo, quizá tampoco mañana. Por un momento pienso en regresar, me quedan 70km para llegar y ya me he bebido la mitad del agua. El sol cae a plomo sobre mi sombrero, la arena quema mucho, y las ruedas se reblandecen… pincho, parcheo y al cabo de un rato otro parche se vuelve a derretir… desmonto la rueda, como arena que el viento levanta contra mi, arreglo el pinchazo poniendo mi oído para escuchar la salida de aire y sigo optimista algunos metros.

Intento buscar el camino que menos arena tiene, pero se convierte en un laberinto.

Intento buscar el camino que menos arena tiene, pero se convierte en un laberinto.

Solo me he encontrado dos personas en el camino y tan solo me han pedido dinero en un castellano que se entendia menos que los gestos que me hacían con la mano. A decir verdad estoy un poco asustado, el lugar es increíble pero me ha pillado por sorpresa, atravieso un desierto enorme del cual no conozco nada, mi única guía es el mar que por fin he vuelto a encontrar, pero apenas tengo agua y sin agua no hay comida para cocinar.

Al fondo veo unos tejados, debe de ser un pueblo asi que me acerco para poder descansar allí y con suerte conseguir algo de agua. Solo un hombre vive aquí, Benito. Su oficio de buzo le ha ido dejando medio sordo por lo que en contraste con el silencio que nos rodea, hablamos a gritos. La iglesia abandonada, barcos hundidos en la arena golpeados por las olas, viejas redes de pesca… es un paisaje bello pero desolador, aun se respira la energía que un dia hubo aquí.

Benito vive solo en el pueblo de Auyama.

Benito vive solo en el pueblo de Auyama.

Playa de Auyama donde los barcos estropeados o abandonados se dejan morir sobre la arena.

Playa de Auyama donde los barcos estropeados o abandonados se dejan morir sobre la arena.

Detalle en un rincón de la playa.

Detalle en un rincón de la playa.

En seguida me doy cuenta de que en esta parte del planeta lo que ofrezcas te lo van a aceptar, no hay de nada asi que todo es bienvenido. De este modo soy yo el que saco mi comida de las alforjas para compartir con Benito. Él, como todo el mundo en mi viaje, alucina con la cocina que transporto, se queda anonadado mirándola como quien mira una hoguera, y a gritos me pregunta todo lo que se le ocurre… que bien me vendría para ir a pescar en el barco y hacerme un tinto me dice… me despisto un momento y me pide hasta la bici!

Y es que realmente aquí no hay nada, es una tierra que no se puede cultivar, tan solo las cabras resisten esta austeridad y tienen una dependencia absoluta del mar y del pueblo mas cercano, Uribia o Manaure.

Sumerjo la cabeza en el mar con el sol desapareciendo tras el horizonte y me tumbo en la hamaca. Saboreo la sal en mis labios y la brisa de la tarde, sonrío. Me doy cuenta de donde estoy, feliz, de haber seguido adelante y no haberme rendido. Cierro los ojos y duermo… me despierto a media noche con la luna creando sombras en los relieves del desierto, la estrellas que sobreviven a su intensidad lucen brillantes como siempre. Quiero quedarme con los ojos abiertos pero cuando los vuelvo a abrir el sol ya esta asomando delante de mi… la hamaca de balancea con el vaivén del viento y me siento más vivo que nunca, – buenos días- me digo a mi mismo.

Una de las artesanias de los wayuus son la fabricación de sandalias que adaptan al mundo occidental a su modo.

Una de las artesanias de los wayuus son la fabricación de sandalias que adaptan al mundo occidental a su modo.

Tengo esperanzas de poder llegar hoy al Cabo de la Vela y salgo con una sonrisa pedaleando por el camino de arena que me lleva a lo largo de la costa hacia el norte, a ratos la tierra es dura, otros la arena me hace empujar y levantar la bicicleta con todas mis fuerzas. Pincho, una y otra vez hasta que finalmente me quedo sin parches ni pegamento… estoy en mitad de la nada y no se me ocurre como arregalar la rueda… sigo adelante con la rueda trasera pinchada, voy despacio pero mas rápido que caminando y recorro los 10km que me llevan a casa de un señor en menos de dos horas… aquí casi todos se mueven en bici de casa en casa asi que todos tienes parches.

Sexto pinchazo del día y ya no me quedan parches ni pegamento.

Sexto pinchazo del día y ya no me quedan parches ni pegamento.

Finalmente el sol se esta apagando en el mar y aun sigo pedaleando…al fondo, sobre el horizonte veo unas antenas que imagino pertenecen a el Cabo de la Vela pero no me da tiempo a llegar con luz y no me gusta llegar de noche a los sitios en bici asi que en una casa que veo al borde del mar paro a descansar. Me dejan taparme con su casa del fuerte viento que sopla hacia el mar y allí, en la orilla del mar caribe me tumbo sobre la arena mirando las estrellas, solo se escuchan las pequeñas olas romper contra la orilla y en cuestión de segundos estoy soñando…

Atardece en la Guajira, sobre el mar Caribe.

Atardece en la Guajira, sobre el mar Caribe.

Me despierto a las 5:15, justo antes de la salida del sol…Alex, la persona que me dejo el lugar para dormir, esta empujando el barco hacia el mar con dos personas más. Yo les miro desde la orilla, junto al silencio de la mañana, y justo cuando me ve y levanta su brazo para despedirse el sol ilumina su rostro que veo lucir con una sonrisa. No grita ni dice nada, pero su dedo pulgar en alto me esta diciendo – ¡buen viaje amigo!

Llego al cabo de la Vela con las primeras luces del día. Los comerciantes tiran cubos de agua de mar en el suelo para evitar que durante el dia se levante la arena con el viento, otros la barren con rastrillos. A mi paso todos se voltean a mirarme, y asombrados me levantan una mano o la cabeza a modo de saludo. Socorro esta barriendo su terraza y me siento con ella ha hablar un rato, ella pone el agua dulce, yo el café y compartimos un tinto.

Jugar con la pelota en la playa siempre termina con un bañoen el mar al final del día.

Jugar con la pelota en la playa siempre termina con un baño en el mar al final del día.

Mi casa en el Cabo de la Vela. No necesito más.

Mi casa en el Cabo de la Vela. No necesito más.

 

Puedes ver un pequeño VIDEO de esta aventura por la Guajira pinchando aqui 

 

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8 comentarios
  1. Antonio permalink

    Durísimo el camino amigo, grandísimo el esfuerzo pero sentirse vivo como tú te sientes, tiene que ser la experiencia más maravillosa que el ser humano pueda experimentar. Abrazos y nunca desesperes, detras de aquélla curva te espera algo realmente maravillosa.

  2. Reblogueó esto en Portafolio de Rocioy comentado:
    Me gusta mucho este bloguero viajero, pone unas fotos alucinantes y transmite muy bien su entusiasmo por todo lo que se encuentra en su camino

  3. Mariana permalink

    Que delicia tus fotos, tus historias, tu emoción de niño en mi país! Que la magia te siga acompañando siempre. un abrazo!

  4. fucking french permalink

    Aproveche hermano!!!!!

  5. Lander peral gonzalez permalink

    Como regresase a Riohacha, pudiste llevar la bicicleta de vuelta. Tengo planeado un viaje de Bogotá al cabo de la vela y quiero saber si podría volver a santa marta en algún medio de transporte con la bicicleta
    Gracias
    Lander
    País vasco

    • Hola Lander, seguro que no tienes problema para encontrar un medio de transporte, hay muchas camionetas tipo pick up o camiones que hacen continuamente viajes de mercancia o personas. en el mismo cabo de la vela si preguntas no tardaras en encontrar alguno. un saludo y suerte!

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