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Luces mágicas

19 abril, 2013

Me despierto antes de que las estrellas empiecen a borrarse del cielo. Esto aquí, esto allí, un poco de avena para desayunar y me monto en la bicicleta para encaminarme hacia el puerto donde se encuentra la embarcación que me llevará hasta Candelario Mancilla.

La linterna alumbra el camino de ripio que atraviesa el pueblo de Villa O´Higgins, últimos metros de carretera Austral que me conducirán de nuevo hacia Argentina. Como siempre la morriña de abandonar un lugar que te acogió durante unos días me invade al ir dejando atrás las casas de madera pintada. He llegado al final de la carretera Austral, y desde aquí, no existe ninguna forma de continuar por tierra hacia el sur. Una inmensa masa de hielo separa a Chile en dos porciones que tan solo se comunican por mar o por aire. El campo de hielo patagónico sur se extiende entre Chile y Argentina por más de 16.800 km²

Navego por las aguas del lago O´Higgins al amanecer. Las primeras luces del día pintan de colores las montañas y el cielo, mi bicicleta está atada a la proa del barco y baila al ritmo del lago. Desde lo más alto miro al horizonte y respiro profundo, me lleno de aire fresco, me lleno de vida.

Navegando al amanecer por el Lago O´Higgins. Ya no queda más carretera.

Navegando al amanecer por el Lago O´Higgins. Ya no queda más carretera.

El Quetru nos deja en lo que nosotros como personas de ciudad llamaríamos mitad de la nada, pero para los Carabineros que viven aquí para hacer patria y realizar los tramites de aduana es casi su casa. Cruzar de un país a otro atravesando los bosques de los andes entre ríos y montañas es visualmente precioso incluso místico, pero cuando viajas con una bicicleta que pesa 60kg y tienes que empujarla durante más de 17 km, el entorno a veces pasa a un segundo plano debido a la concentración que requiere el esfuerzo.

En el barco coincidimos con otros viajeros en bicicleta que querían llegar al Chaltén como nosotros, y como la unión hace la fuerza, entre todos nos ayudamos a empujar las bicicletas para cruzar los ríos y subir las embarradas cuestas que nos encontrábamos en el interior de los bosques de Ñires color rojo y amarillo.

Hiru empuja su bicicleta en el cruce de frontera entre Chile y Argentina por caminos muy poco transitados.

Hiru empuja su bicicleta en el cruce de frontera entre Chile y Argentina por caminos muy poco transitados.

Un alto en el camino con el Lago O´Higgins al fondo, la subida por este camino parece no tener fin.

Un alto en el camino con el Lago O´Higgins al fondo, la subida por este camino parece no tener fin.

Los paisajes otoñales que nos rodean durante el cruce de frontera acompañan nuestro esfuerzo.

Los paisajes otoñales que nos rodean durante el cruce de frontera acompañan nuestro esfuerzo.

Hiru cruza un puente en condiciones dudosas. Cruzar el río nos apetecía mucho menos.

Hiru cruza un puente en condiciones dudosas. Cruzar el río nos apetecía mucho menos.

Peter empuja su bicicleta por los bosques de los Andes camino de Argentina.

Peter empuja su bicicleta por los bosques de los Andes camino de Argentina.

No todo el sendero era tan agradable como esta parte, pero solo por estas partes merece la pena empujar tanto la bicicleta.

No todo el sendero era tan agradable como esta parte, pero solo por estas partes merece la pena empujar tanto la bicicleta.

Tras un gran esfuerzo de trabajo en equipo conseguimos llegar a la Laguna del Desierto, lugar donde la gendarmería Argentina tiene su puesto aduanero para la entrada en el país. La inmensa mole de granito conocida como el Fitz Roy encabeza la vista de este escondido lago que se refugia del viento entre montañas y glaciares que hacen casi imposible caminar por sus lados, ni que decir tiene pasar con la bicicleta.

Dormimos bajo la protección de los arboles para coger al día siguiente otro barco que nos cruzará los 17 km de lago que nos separan de la carretera de ripio que llega al Chaltén.

Por fin vemos el Lago del Desierto al fondo del valle, el Fitz Roy se encuentra entre las nubes.

Por fin vemos el Lago del Desierto al fondo del valle, el Fitz Roy se encuentra entre las nubes.

Como en todos lados, aquí en el Chaltén también se esta acabando la temporada, y la esencia de este pueblecito de montaña bajo la sombra del Fitz Roy y el Cerro Torre también se ve afectada con la llegada del invierno. Es un pequeño pueblo rodeado de montañas, paredes de roca y un inmenso río que mantienen controlada la extensión de las casas. No existe señal de teléfono pero la señal de internet esta disponible en multitud de cervecerías, hostels, hospedajes, y restaurantes que se ubican en la calle principal que atraviesa el pueblo. Como un pequeño Bariloche luce a primera vista la calle de este emblemático pueblo de escaladores y viajeros pero encuentro la esencia que tanto había escuchado de esta meca del trekking en un joven viajero que decidió quedarse en el Chaltén a vivir en una Roulote y que atiende con especial energía positiva el almacén donde trabaja, Matías.

Los alrededores de El Chaltén son uno de los mejores lugares del mundo para realizar caminatas. Montañas, lagos, bosques y glaciares encuentras a cada paso que recorres entre sus innumerables senderos perfectamente marcados y que en esta época del año casi puedes realizar en solitario sin cruzarte con demasiada gente. No puedo perderme la vista del Fitz roy y por supuesto del cerro Torre, del que tantas historias alpinísticas ha sido protagonista a lo largo de los años. Por fin tengo ante mis ojos esta aguja granítica perfectamente tallada por el helado viento del campo de hielo Sur y que se asienta entre glaciares de hielo azul turquesa. Frente a la laguna Torre disfruto de su figura dominante y vertiginosamente atractiva para tantas personas. Un iceberg se da vuelta en el lago rompiendo la calma que produce el intenso viento que proviene siempre del oeste, es decir, de frente.

Con la sonrisa congelada en mi cara camino entre los bosque de Lengas y Ñires hacia el Fitz Roy. Quiero dormir cerca, y despertarme antes del amanecer para subir a una pequeña montaña que se encuentra frente a esta inmensa mole de roca y hielo de 3375 metros de altura.

Recorriendo los valles que rodean El Chaltén. Las nieves caídas el día anterior han pintado las montañas de blanco.

Recorriendo los valles que rodean El Chaltén. Las nieves caídas el día anterior han pintado las montañas de blanco. Cerro Solo.

Vistas desde la cumbre de la loma del pliegue tumbado. Cerro Solo, Cerro Torre, Fitz Roy y el lago Torre abajao.

Vistas desde la cumbre de la loma del pliegue tumbado. Cerro Solo, Cerro Torre, Fitz Roy y el lago Torre abajao.

En la cumbre de la loma del pliegue tumbado un mini cerro torre corona la montaña.

En la cumbre de la loma del pliegue tumbado un mini cerro torre corona la montaña.

No tengo termómetro, pero que el riachuelo que acompaña el sendero esté congelado me indica que ha hecho mucho frío esta noche, y ahora, antes del amanecer, es cuando más frio va ha hacer. Subo abrigado con toda la ropa que cargaba en la mochila que Matias me ha prestado para estos días en la montaña. Camino en zigzag montaña arriba mirando únicamente al circulo de luz que dibuja mi linterna en el suelo para no resbalar con el hielo del camino. Paro a descansar y miro las estrellas, las que están quietas y las que pasan fugaces dejando una estela. Se escucha el agua del riachuelo que corre bajo el hielo con un sonido perfecto que parece sacado de un wildtrack. Me quedo frío y sigo caminando. El cielo clarea y borra las estrellas cuando por fin alcanzo la cumbre de mi pequeña montaña. Aun no ha salido el sol, pero ya veo delante de mi la escultura de roca que estaba buscando, el Fitz Roy.

Las estrellas dejan ver la silueta del Fitz Roy durante la noche.

Las estrellas dejan ver la silueta del Fitz Roy durante la noche.

El Fitz Roy espera paciente y sereno la llegada del sol en la mañana.

El Fitz Roy espera paciente y sereno la llegada del sol en la mañana.

Mientras como un poco de chocolate sentado en una piedra libre de nieve, se sienta a mi lado Frank. Es un chico francés que viaja con su novia Florencia en bicicleta por todo Sudamérica, llevan casi dos años pedaleando y escalando la cordillera de los Andes. Tiene una energía especial que me hace compartir con él de un modo natural este mágico momento en el que la punta del Fitz Roy se pinta de naranja por el sol.

El primer rayo de sol que aparece pinta de naranja la cumbre del Fitz Roy.

El primer rayo de sol que aparece pinta de naranja la cumbre del Fitz Roy.

En cuestión de segundos comienza a pintarse toda la mole de roca que tenemos frente a nosotros de un naranja que solo el sol de la Patagonia y el granito saben hacer.

Mientras, Frank y yo seguimos conversando y fotografiando este mágico momento que nos pertenece, y digo mágico no como adjetivo para adornar la situación, digo mágico porque efectivamente estos momentos de la vida producen una magia en el ambiente que sólo los que están presentes en ese preciso instante en el lugar correcto pueden beneficiarse. Y yo, fui golpeado de pleno por esa corriente mágica que pintó de un naranja tan especial el granito congelado de esta escultura natural llamada Fitz Roy.

En Marzo de 2008, hace justo 5 años, me encontraba caminando por la cordillera del Himalaya también en solitario. Un día subí a lo alto de una montaña para ver el amanecer sobre el valle de Gokyo y disfrutar de la salida del sol por detrás del Everest. Allí conocí a Sylvain, un chico francés que como Frank también era de Grenoble, y que como en esta ocasión, disfrutamos juntos del mágico pincel que pinta las cumbre en los amaneceres de un color tan especial. Han pasado 5 años desde aquel momento, y aun ahora considero a Sylvain como una de esas personas que están dentro de mi circulo más cercano y afectivo.

Es la magia de lo primario y esencial, de la naturaleza. Tenemos olvidado en nuestras cuevas de cemento que un simple rayo de luz que nos paremos a observar, te puede acercar un poquito más a la felicidad

Las primeras luces de la mañana bañan de luz el granito de esta increible montaña, el Fitz Roy.

Las primeras luces de la mañana bañan de luz el granito de esta increible montaña, el Fitz Roy.

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4 comentarios
  1. Simplemente brutal Juanito.. mágica la foto de las estrellas.. y mágicos estos picos.
    Un abrazo.

  2. sylvain permalink

    Hola hermano!!!! Gracias por la dedicacion, hace mucho tiempo ahora pero como ti guardo estos memorios en mi corazon y espero disfrutar contigo varios dias una otra vez!!!! Te parece ver jodidas cosas!!!! Que te vaya bien!!!!

  3. cigarrapepa permalink

    Grandioso. Gracias por compartir tanta belleza.

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  1. Misión Perito Moreno. | fisterrabicicleta

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