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Coyhaique. Parada obligada.

25 marzo, 2013

Me encuentro en Coyhaique, una pequeña ciudad ubicada entre montañas de bosques y paredes de roca justo en la mitad de la ya legendaria Carretera Austral.

Ciudad patagona de Coyhaique

Ciudad patagona de Coyhaique llegando desde el norte.

Han sido dos días de reencuentro con el mundo civilizado, de lujos para el cuerpo, dormir sobre un colchón tapado con un esponjoso edredón, una almohada en la que tu cabeza reposa sin tener que ajustarla para que no se te claven las cremalleras del polar que acostumbro a usar en mi pequeño hogar de tela, comidas calientes y cervezas frías, cafés humeantes y tartas de mil sabores. Pero echo de menos mi bicicleta, abandonada bajo el techo de un garaje lleno de leña y cartones.

La llegada a Coyhaique fue una dura jornada de pedaleo por la única parte de la carretera austral asfaltada, el río Mañihuales primero y el río Simpson después acompañan el trayecto entre esqueletos de arboles que fueron quemados en los años 50 para dar paso a la ganadería de los primeros colonos que llegaban a estas tierras. Hoy, kilómetros de verdes praderas húmedas dan de comer a numerosas vacas y ovejas entre gigantescos troncos que recuerdan que un tiempo atrás fueron los dueños de estas tierras.

Casa en Villa Mañihuales.

Casa en Villa Mañihuales.

Paisajes saliendo de Villa Mañihuales hacia Coyhaique.

Paisajes saliendo de Villa Mañihuales hacia Coyhaique.

Mi bicicleta sufrió las consecuencias de los difíciles caminos recorridos en los últimos 500 km de tierra y al llegar a Coyhaique, comenzó a debilitarse como si hubiera tratado de aguantar durante todo este tiempo hasta llegar a un lugar seguro… La parrilla delantera que sujeta las alforjas, se partió por la mitad a escasos 25 km de llegar, y el cable del freno trasero realizó la última bajada de más de 6 km hasta la ciudad con sus últimas fuerzas, y yo sin saberlo, vi como al llegar al lugar donde me hospedo se partió el cable cuando lo apreté para frenar frente a la puerta. Asi que aparte de comer, beber y pasear he tenido que arreglármelas para encontrar los repuestos necesarios para poder seguir adelante.

Lo más complicado ha sido arreglar la parrilla delantera, me ha sido imposible encontrar una nueva en la que gastarme unos ahorros, asi que encontré a Madrid, un viejo hombre de movimientos lentos que parecía ser el mejor soldador de aluminio de la ciudad. Lentamente fue preparando la operación de mi parrilla en su alborotado taller, el suelo de tierra estaba lleno de viejos trozos de metal que pateaba si es que encontraba que su pie necesitaba estar en esa posición, Dos viejos coches, hélices de barco, piezas de vete tu a saber que, pesas de plomo, un destornillador por un lado, la llave del 8 aquí debajo, la radial (o galleta como él le decía) sobre el trozo de madera…todo muy desordenado a ojos desconocidos pero Madrid se movía en su hábitat, y no se aceleraba por nada, todo estaba en su sitio.

Así empezó a soldar mi parrilla de aluminio, tal cual estaba, sin ponerse nada delante de los ojos. Yo tan solo miré un segundo y casi puedo afirmar que aún sigo viendo un punto de luz frente a mi. Madrid trabaja asi siempre, “ponerme algo delante me molesta y no veo lo que estoy haciendo” dice. Yo solo podía pensar en mi cámara de fotos, la visionaba allí, encima de la cama puesta sobre la ropa recién limpita, me estaba muriendo, su mirada atenta sobre el aluminio fundiéndose destelleante sobre su rostro arrugado…aún sigo pensando en ello… Pero como las cosas avanzan muy rápido y ni siquiera uno llega a darse cuenta, noto que tengo mi teléfono en el bolsillo, asi que aprovecho para poder mostraros aunque solo sea una breve imagen de lo que estoy contando. Un soldador llamado Madrid en la Patagonia chilena salvando mi aventura.

Madrid suelda mi parrilla para poder seguir camino al sur. Iphone Photography.

Madrid suelda mi parrilla para poder seguir camino al sur. Iphone Photography.

Madrid suelda mi parrilla para poder seguir camino al sur. Iphone Photography.

Madrid suelda mi parrilla para poder seguir camino al sur. Iphone Photography.

El destino me hizo encontrarme nuevamente con Peter Brother. Aquella persona que un día me encontré comiendo una manzana en el maravilloso parque de los Alerces, en Argentina. Salió de Canadá con su bicicleta y tras mil y una aventuras vividas en el camino cumple conmigo 1 año y 7 meses viajando por América a sus 70 años.

El destino vuelve a juntarme con Peter en las carreteras. Pedalear y compartir con él es todo un privilegio.

El destino vuelve a juntarme con Peter en las carreteras. Pedalear y compartir con él es todo un privilegio.

Llegamos el mismo día a Coyhaique y hemos compartido entre alguna cerveza que otra planes para seguir adelante en nuestra aventura sobre ruedas. No estábamos muy coordinados en un principio, ya que las fechas estaban ajustadas para el recorrido que teníamos previsto.

El invierno en la Patagonia no es  una estación que pasa desapercibida, son muchas las villas que se quedan incomunicadas, y por tanto, muchas personas escapan antes de que lleguen la primeras nieves. Nosotros necesitamos pasar a Argentina antes del 6 de Abril, ya que tras esta fecha, la frontera desde Villa O´Higgins queda cerrada hasta el mes de Octubre. Seguir hacia el sur desde Villa O´Higgins es imposible, ya que se encuentra la inmensa masa de hielo del campo de hielo sur, la más grande del mundo tras la Antártida y Groenlandia. Así que para poder continuar pedaleando si es que el frío me lo permite, tendré que volver a cruzar al país vecino de Argentina.

Peter planificando la ruta hacia el sur. Iphone Photography.

Peter planificando la ruta hacia el sur. Iphone Photography.

Peter termina su viaje ciclista en el Chaltén, pueblo argentino a donde llegaremos tras nuestro cruce fronterizo. De ahí un autobús lo llevará al Calafate, y de ahí un avión le llevará hasta Ushuaia, para volver después a Buenos Aires y desde la capital argentina volar de nuevo a Toronto. Tras estos días en Coyhaique hemos llegado a la conclusión de que viajaremos juntos en estos últimos kilómetros de su viaje por tierras salvajes, es un honor para mi acompañarle en esta última etapa de su aventura.

Yo, continuaré.

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6 comentarios
  1. ale permalink

    me pregunto qué podría yo ofrecerte a cambio de una recopilación fotográfica de esas preciosísimas casitas de madera de varios colores que te vas encontrando en el camino . . qué cosa más linda, con su vallita de madera y sus visillitos toda rodeada de vegetación !!!

  2. mary luz permalink

    Es un honor poder ver tan hermosos paisajes en toda la magnitud de su naturaleza, ¡

  3. mary luz permalink

    Es un honor poder ver tan hermosos paisajes y con toda la magnitud de su naturaleza, y reconocer que el sacrificio es inmenso por tu parte, ¡ pero merece la pena! cuídate mucho, te seguimos…..

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