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Paisajes milenarios.

16 marzo, 2013

Han sido dos días muy productivos en el Bolsón, a pesar de no haberme movido casi de la casa de Patricia más que para ir a comprar comida, siento que lo compartido con Pierluigi y Melissa me ha enseñado otro poquito acerca de la felicidad. En el post anterior escribí los datos de su blog para conocer un poco más de su filosofía.

Alegría tras conseguir arreglar su cocina en el patio de la casa de Patricia.

Alegría tras conseguir arreglar su cocina en el patio de la casa de Patricia.

El Bolsón tiene la esencia de lo auténtico, de lo primariamente importante para vivir en armonía con el medio que lo rodea. Un simple hecho que me sorprendio  sobremanera, fue que los niños del vencindario juagaban en la calle. Uno salía de su casa y llamaba a la puerta de su amigo vecino, “¿puede salir Martin a jugar?”  preguntaba, y allá iban los dos a buscar a Oscar que vivía en la siguiente casa, y asi hasta que estaban todos juntos disfrutando de la calle. El juego del momento eran los arcos y flechas, asi que con gran inventiva se habían fabricado con palos y un hilo de pescar unos arcos que sorprendentemente lanzaban sus flechas de rama de árbol sin punta a unos cuantos metros de distancia, y no veas la puntería que tenían! Parece que no existe la dependencia digital aun.

Nuestro joven vecino de El Bolsón juega con su artesanal arco hecho de ramas e hilo de pescar.

Nuestro joven vecino de El Bolsón juega con su artesanal arco hecho de ramas e hilo de pescar.

Es martes por la mañana y hemos decidido partir. Patricia y Oscar no llegarán hasta mediodía asi que parece que me quedaré sin conocer a la dueña de la casa donde me encuentro. Desayunamos juntos sentados en la cocina de Patricia y después cada uno preparará sus alforjas. Pedalearemos hacia lugares opuestos, como siempre hasta ahora, vuelvo a darme la espalda con la gente que me cruzo en el camino, parece que soy el único que se dirige hacia el sur, en contra del invierno que se acerca, todos huyen a favor del sol, al norte.

Salgo del Bolsón renovado por completo, siento que mi cabeza empieza ya a estar completamente metida dentro de un viaje y eso no es fácil de conseguir, asi que me siento feliz. Las fueras de El Bolsón son muy acogedoras, casas de madera escondidas entre árboles que ya tienen una historia, coches antiguos que circulan con conductores mucho más jóvenes, árboles frutales aquí y allí, artesanía, y un ambiente limpio. Pedaleo a la sombra de los árboles pensando a saber en que, he adoptado la postura de poder pedalear casi por horas sin darme cuenta que lo hago. Comienzo a soñar despierto, pienso en esto y luego en lo otro…es como esos pensamientos que te llegan a la cabeza justo antes de quedarte durmiendo la siesta, solo que pedaleando. No es fácil conseguirlo, a veces vuelvo a la realidad en 15 min a veces en 30 y a veces puede pasar más de una hora…

El caso es que me encontraba en unos de estos momentos en los que mi cabeza estaba sobrevolando la carretera por la que mi bicicleta rodaba tranquilamente cuando de pronto escucho una voz que dice…”¿Juan?” un hombre barbudo esta parado con su coche en el arcén contrario, lo acompaña una chica de largo pelo negro. Son Patricia y Oscar! Los dueños de la casa en donde me he estado alojando durante dos días en El Bolsón. Cruzo la carretera para saludarlos y conversamos, como siempre en los arcenes, sobre viajes y aventuras. Son una pareja excepcional, la mirada de Oscar es tranquila, su gesto sereno, y su barba y pelo alborotado. Patricia tiene una mirada enérgica, piel curtida por el sol y una pasión infinita por viajar. Nos despedimos como siempre en el arcén, y también como siempre, volvemos a darnos la espalda, cada uno por su camino, pero no por su destino.

Me dirijo hacia Cholila, un pequeño pueblo enclavado en las faldas de la cordillera Andina y puerta de entrada al  Parque Natural de los Alerces,  una extensión de más de 260.000 metros cuadrados de lagos y bosques de Alerces milenarios.

Camino a Cholila recorro solitarias carreteras con viento llenas de encanto.

Camino a Cholila recorro solitarias carreteras con viento llenas de encanto.

Guardando el ganado en el terreno. Camino a Cholila me entretengo hablamdo con la gente que me voy encontrando en el camino.

Guardando el ganado en el terreno. Camino a Cholila me entretengo hablamdo con la gente que me voy encontrando en el camino.

Al llegar a Cholila me acerco a la estación de bomberos para preguntar por Leonilda, una señora que acogió con gran hospitalidad a mis amigos italianos unas semanas atrás y que quiero saludar. Dos minutos después de conocerla me dice, “¿quieres ir a casa a dormir? “Asi que allí me dirijo mientras ella acaba su turno de guardia en la estación. Hoy le toca hasta las 00:00 y mañana entra en la mañana temprano a su trabajo, en el centro médico del pueblo, después, en la noche, vuelve a su trabajo voluntario como bombero.

Vanesa se dedica ha hacer las tareas para el colegio mientras Josefa conversa conmigo tranquilamente.

Vanesa se dedica ha hacer las tareas para el colegio mientras Josefa conversa conmigo tranquilamente.

En la casa me reciben Josefa y Vanesa, dos de sus cinco hijas que viven con ella y su marido José. También un hermano mayor suyo que esta sordo. Me invitan a pasar, y mientras Vanesa de 13 años realiza las tareas para la escuela, Josefa de 16 años me da conversción como si de una persona mayor se tratara. Monto mi tienda en el patio trasero, sobre una hierva perfectamente cuidada, y en un quincho techado con mesas y sillas tengo espacio más que suficiente para preparar mi cena tranquilamente. Me sorprende tanto la hospitalidad y sobre todo la naturalidad con la que realizan este tipo de gestos. La vida rural ofrece una seria de actitudes hacia el desconocido que no tienen nada que ver que no lo que civilización podría ofrecer, la forma en la que una adolescente de 16 años me trata al llegar a su casa me cohíbe, no se reaccionar con normalidad ante tanta naturalidad hospitalaria, y vuelvo a aprender otro poquito sobre felicidad, sobre humildad.

El marido de Leonilda conversa conmigo en la mañana mientras preparo mis alforjas.

El marido de Leonilda conversa conmigo en la mañana mientras preparo mis alforjas.

Con el frío de la mañana pedaleo en busca del sol entre valles que me llevan hacia el Parque Nacional de los Alerces, casi desconocido por el turista, pero con un encanto geográfico digno de las mejores guías de viajes. Entro por el norte encontrándome con el lago Rivadavia en primer lugar, tras unos kilómetros entre bosques de Alerces milenarios encuentro el lago Verde.

Verdes valles camino al parque nacional de los Alerces

Verdes valles camino al parque nacional de los Alerces

Una cantidad infinita de ríos alimentan el cauce de los lagos formando en ocasiones verdosas cascadas que caen entre los Alerces. Dormir a la orilla de cualquiera de estos lagos es una experiencia casi de ficción, por lo que decido pasar dos noches bajo las estrellas y los árboles de este Parque Nacional argentino.

Recorriendo los caminos del parque nacional de los Alerces entre milenarios Alerces.

Recorriendo los caminos del parque nacional de los Alerces entre milenarios Alerces.

Playas del lago Rivadavia en el Parque Nacional de los Alerces.

Playas del lago Rivadavia en el Parque Nacional de los Alerces.

Descansar bajo los arboles tras bañarse en las limpias aguas de este lago es algo indescriptible.

Descansar bajo los arboles tras bañarse en las limpias aguas de este lago es algo indescriptible.

Campamento armado al atardecer en el Parque Nacional los Alerces. Hogar, dulce hogar.

Campamento armado al atardecer en el Parque Nacional los Alerces. Hogar, dulce hogar.

En un lugar mágico como este solo se puede encontrar personas con una especial energía. Primero fue Peter. Me lo encontré sentado a un lado del camino comiendo una manzana que había recogido de algún árbol y mirando al infinito a través del lago Verde. Su bicicleta, repleta de bolsos, estaba apoyada al lado suyo también. Con sus 70 años de edad Peter venia pedaleando desde su país natal, Canadá, se había jubilado una semana antes de partir el viaje, y desde entonces, un año y unos meses, había vivido mil y una aventuras que jamás le habían hecho dejar de mirar al horizonte más lejano para continuar, así me lo contaba cuando me explicaba que le habían robado la bicicleta en Lima, Perú, y que después de muchas vueltas consiguió armarse otra para continuar su viaje. Este es su blog para los que quieran conocerle un poquito más, ahora es profesor de Yoga y desde siempre, un viajero incansable. www.yogipeter.com

Peter Brother partió de Canada con su bicicleta, se dirige al sur.

Peter Brother partió de Canada con su bicicleta, se dirige al sur.

El segundo fue Gabriel. Este chico de 19 años apareció de entre los árboles con su gran mochila y su guitarra a la espalda en el momento más oportuno. Compartimos una noche de fuego y estrellas a las orillas del lago Futalaufquén en la que hablamos de felicidad y espiritualidad, cocinamos típicos platos de viajero y cantamos, bueno en realidad cantaba él, porque yo lo hago bastante mal, y además porque eran canciones que el mismo había compuesto y yo evidentemente no me las sabía. Asi que descubrí a este joven talento que llevaba ya 2 meses de viaje por el sur de Chile y Argentina en solitario, y que me prometió que al regreso a Santiago, grabaría todas esas canciones que me tocó en este concierto privado y que nunca había sacado a la luz. “Polilla Vendada” es su nombre artístico y “El ruidoso imperio del egoísmo” su banda de rock.

Gabriel, de nombre artístico Polilla Vendad, toca para mi al calor del fuego.

Gabriel, de nombre artístico Polilla Vendad, toca para mi al calor del fuego.

Gabriel prepara su mochila bajo el sol de la mañana.

Gabriel prepara su mochila bajo el sol de la mañana.

Una especial conexión me unió a este tranquilo chico Santiaguino que pausadamente y con un delicado cariño guardaba todas sus cosas en su mochila nuevamente bajo el sol de la mañana. Quise hacerle un regalo, y como observé la noche anterior que no tenía navaja, le regalé este símbolo de todo amante de las aventuras y los viajes, una navaja que había comprado en Zermatt, Suiza, unos 4 años atrás. Estoy seguro de que la cuidará mucho y que desde luego se convirtió en su nuevo amuleto de viaje.

Ahora me encuentro en Futaleufú, un pequeño pueblo chileno de casas cuidadas a orillas del río con mismo nombre que orilla la frontera con Argentina.

Camino al paso fronterizo que me llevará a Chile, el paso Futaleufú.

Camino al paso fronterizo que me llevará a Chile, el paso Futaleufú.

Vallejo Lirio cuida una chacra (granja) en el camino hacia el paso fronterizo de Futaluefú.

Vallejo Lirio cuida una chacra (granja) en el camino hacia el paso fronterizo de Futaluefú.

Este pueblo me cautivó al llegar, pero no fue esa la razón por la que siga aquí. Tras 200 km de camino de ripio, 100 de ellos en muy mal estado, dejaron mi bicicleta lista para una buena reparación. La parrilla delantera que sujeta las alforjas estaba a punto de caerse, y la rueda trasera cada vez bailaba más al dar vueltas. A si que me dirigí al taller de Juan Carlos para una buena puesta a punto, y como todo es magia durante un viaje, aquí comenzó una nueva historia.

Juan Carlos me arregla la bicicleta sin perder nunca la sonrisa y el buen humor

Juan Carlos me arregla la bicicleta sin perder nunca la sonrisa y el buen humor

Durante más de tres horas Juan Carlos y Hernan pusieron mi bici a punto con el mejor buen humor que hubiera podido imaginar. Compartimos risas, cervezas, y un poco de suciedad en las manos y la bici quedo lista para afrontar los más de 1000km de camino de tierra en mal estado que me quedan por delante. Como ya era tarde para salir Juan Carlos me invitó a dormir en su casa, otra vez la hospitalidad vuelve a cohibir mi naturalidad, y para limpiar mi conciencia acepto a cambio de que me deje comprar la cena a mi. Costillas en el horno y botella de vino abierta, comparto la noche con el rey de la turca en Futaleufú.

En el pueblo de Futaleufú Juan Carlos es el rey de la tuerca y me ayudo a dejar mi bicicleta como nueva!

En el pueblo de Futaleufú Juan Carlos es el rey de la tuerca y me ayudo a dejar mi bicicleta como nueva!

En casa de Juan Carlos preparando las costillas junto a Hernan, su amigo.

En casa de Juan Carlos preparando las costillas junto a Hernan, su amigo.

Afronto una nueva parte del camino que conforma todo un mismo viaje, he llegado a Chile para recorrer la carretera que termina al chocar con el campo de hielo sur, la Carretera Austral.

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7 comentarios
  1. Nati y Choni permalink

    Boas rapaz.
    Desde Ferrol seguimos tu aventura en solitario y así la vivimos un poco contigo. Está claro que lo que estás viviendo es una experiencia única. Miramos los blogs de los personajes que vas conociendo y no cabe duda que sois personas muy especiales.
    Esperamos tus siguientes entradas en el blog.
    Un beso desde Galicia (cerca de Fisterra)

  2. Tato permalink

    Acabo de terminar de leerme tu diario del tirón.Que buen rato he pasado. Que alegría derrochas! Me alegro mucho tron!
    Aunque seguramente no me haga ni una pequeña idea de lo que estás viviendo en relaidad. Y no porque no me haya sorprendido tu formar de escribir. Sigue pedaleando, disparando tu cámara y demostrándonos a todos los que te seguimos, donde se encuentra la verdadera felicidad.
    Un abrazo enorme y buen camino amigo!

  3. Copo permalink

    Qué bonito, Juan, una vez más. Me encantan estas dos frases: “…y vuelvo a aprender otro poquito sobre felicidad…” y “..dulce sonrisa en la cara que se contagia en cadena…”.

  4. cigarrapepa permalink

    Estoy fascinada, leyéndote de un tirón. En este momento, sin duda, eres la persona por la que me cambiaría sin pensarlo dos veces. Pienso que ya estoy mayorcita para eso, pero me consuela ver al canadiense Peter acometiendo semejante hazaña con algunos años más que los míos. Acabo de aprender a montar en bici, pero quizá para cuando me jubile pueda pensar en emularle, si me entreno lo suficiente!

    • Muchas gracias por toda tu energía Cigarrapepa, un gusto servir de motivación para alguien… recuerda, las fuerzas para emprender un viaje no están en las piernas si no en el corazón!

  5. Sabela permalink

    Hola primiño! como ves estamos toda la familia siguiendo tu pequeña aventura, te confieso que me das muchísima envidia. Me encanta leer todas tus historias y me ha sorprendido mucho tu forma de escribir, veo que se te da tan bien como la cámara. Espero que sigas viviendo experiencias tan bonitas como hasta ahora y que sigas igual de feliz, pero cuando termine tu aventura me gustaría que hicieras una parada en Galicia y nos las contaras en persona. Un abrazo fuerte!

    • Claro que si! No sabes cuanto echo de menos un poco de galicia, y tambien de vosotros! Otro abrazo gigante para ti cuidate mucho y sobre todo, se feliz!

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