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Dulce sabor de boca. Washington.

La facilidad de empaquetar a los habitantes de una región o país en base a conceptos completamente superficiales, es una ingenuidad que nos hace experimentar la auténtica magia de viajar. Romper la barrera de mis propios prejuicios parece ser más largo camino que un simple recorrido en bicicleta.

La lluvia sigue presente, insistente y continua. La carpa no tiene tiempo de secarse, los sacos de dormir tampoco y la reserva de ropa seca amenaza con acabarse. Cuando nos despertamos preparamos café, y bajo el ruido de la lluvia cayendo sobre la carpa dejamos pasar la mañana con la esperanza de ver salir el sol por tan solo unos instantes. A veces, tomamos la decisión de seguir nuestro camino y dentro de una improvisada rutina que poco a poco hemos ido adquiriendo nos vestimos con las húmedas ropas del día anterior. Empaquetamos nuestras cosas mojadas en bolsas impermeables que contrariamente a su función original, evita que se moje el resto de pertenencias que llevamos en nuestras alforjas.

Cubrimos nuestros pies con bolsas de plástico nuevas y con la cabeza gacha damos nuestras primeras pedaladas del día hacia el norte. Cuando llueve es mas fácil subir que bajar, por una sencilla razón, y es que cuando lentamente ascendemos por una montaña la lluvia cae sobre nosotros a su propio ritmo, y en cambio cuando bajamos a la velocidad que el peso de nuestras bicicletas alcanza durante el descenso, es nuestro cuerpo el que se lanza contra la lluvia mojándonos la cara y escurriendo las gotas por dentro de nuestro empapado abrigo GoreTex. Al final los pies, cubiertos con una bolsa de supermercado, son los más calientes al terminar el día.

La costa pacífica esta llena de leones marinos, y casi siempre se juntan en grandes grupos a descansar.

La costa pacífica esta llena de leones marinos, y casi siempre se juntan en grandes grupos a descansar.

Hoy ha salido un poco el sol al final del dia por lo que llenamos nuestras bolsas de agua y aprovechamos para ducharnos.

Hoy ha salido un poco el sol al final del dia por lo que llenamos nuestras bolsas de agua y aprovechamos para ducharnos.

Este, sin duda, es el mejor momento del día.

Este, sin duda, es el mejor momento del día.

Hoy a salido el sol entre las nubes justo antes de esconderse tras el horizonte cuando atravesábamos una pequeña población de casas bajas al estilo del más puro oeste americano. Paramos nuestras bicicletas frente a un motel y como acompañando los rayos de sol que aun alcanzaban a calentar nuestras cansadas caras, apareció Maureen. Compartimos algunas palabras con ella antes de que nos invitara a disfrutar de su pequeño paraíso para viajeros.

Es un motel, o eso es lo que puede parecer a simple vista. Las habitaciones limpias y ordenadas como si de su propia casa se tratara, equipadas con cocina, lavadora, secadora, un pequeño salón, un dormitorio… en definitiva es un acogedor apartamento que Maureen atiende con absoluta pasión y sin más secreto para conseguir hacerlo bien que el amor.

Maureen es una de esas bellas personas que hace las cosas con amor. Sea Haven Motel.

Maureen es una de esas bellas personas que hace las cosas con amor. Sea Haven Motel.

Metemos todo en la lavadora, todo.

Cruzando sobre el río Columbia, en su desembocadura al océano Pacífico, alcanzo el último estado del país antes de cruzar la frontera con Canadá, Washington, un dulce sabor de boca para terminar esta etapa del viaje.

El sol nos acompaña tímido los próximos días, pero ya es tarde y el cuerpo nos pasa factura de tantas horas bajo la lluvia. Al llegar al pueblo de Chehalis necesitamos llamar al seguro para que Bea sea atendida por un médico, lleva varios días sufriendo una infección de orina que crece con el paso de las horas. Paramos en la puerta de una cadena de supermercados que sabemos ofrece wifi gratis y nos ponemos en contacto. Vamos a tener que estar un par de días en este pueblo para que Bea se pueda recuperar, hoy apenas puede moverse. Y antes de comenzar las preocupaciones para encontrar un lugar donde quedarnos aparece Dwaine frente a nosotros, sonriente, curioso por saber quienes somos, y con muchas ganas de poder ayudar. 15 minutos más tarde Bea está acostada sobre una cama y yo compartiendo unas cervezas en la cocina con Robert, su hijo Jeremy, y nuestro ángel del camino, Dwaine. Pasamos tres días con ellos, como en casa, y creerme si os digo, que nos costó mucho irnos de allí.

De izquierda a derecha. Robert, Dwaine y Jeremy.

De izquierda a derecha. Robert, Dwaine y Jeremy.

Son muchas las personas que se nos acercan en el camino para ofrecer una mano, más bien su casa, aunque a veces simplemente cualquier cosa que en ese instante este a su alcance. Nunca había sentido este recibimiento en ningún otro lugar, la gente nos para en la calle o se acercan si es que nos ven mirando el mapa, nos llegan a ofrecer en un mismo día tres casas diferentes! Tenemos que decir que no, aunque nos cuesta un montón hacerlo, pero si no aun seguiríamos en Washington!

Gary paro su coche en la carretera de camino a su trabajo para invitarnos a su casa. Hace unos años había hecho un tour con su familia, hijos incluidos, alrededor del mundo en bicicleta. Janice es su esposa.

Gary paro su coche en la carretera de camino a su trabajo para invitarnos a su casa. Hace unos años había hecho un tour con su familia, hijos incluidos, alrededor del mundo en bicicleta. Janice es su esposa.

Pero siempre hay personas con las que existe una especial conexión que no podemos dejar pasar, entonces nos dejamos llevar por la esencia de viajar, y el tiempo se detiene por unos días.

Encontramos a Gunnan parado en la carretera con un papel en la mano. – ¿tienes un minuto?- me dijo tímidamente. Por un momento pensé que podría ser un predicador o alguna cosa asi, ya que se acerco como para darme el papel… -Os he visto cuando estaba yendo a mi trabajo- comenzó diciendo… -y ahora que regreso dos horas mas tarde os veo aun en la carretera bajo la lluvia… ¿querríais venir con mi mujer a casa, dormir en una cama, ducharos y descansar un poco?- me pregunta mientras con la mano me enseña el mapa que el mismo había dibujado sobre un papel.

Gunnan trabaja en los tendidos electricos desde hace muchisimos años y me invita a acompañarlo para enseñarme como hace sonreir a la gente devolviéndoles la luz (palabras textuales de él)

Gunnan trabaja en los tendidos electricos desde hace muchisimos años y me invita a acompañarlo para enseñarme como hace sonreir a la gente devolviéndoles la luz (palabras textuales de él)

La entrada a la casa es difícil de transmitir… el sol caía sobre el océano pacífico asomando entre las nubes que habían dejado el suelo mojado unas horas atrás. Una entrada de gruesos troncos da paso al rancho de caballos en el que Gunnan y su mujer Julie viven.

–Mira Julie!, me encontré a estos chicos en la carretera y vienen a quedarse el fin de semana con nosotros!- le dice mientras se acerca a besarla. Julie se encuentra dando de comer a los caballos en este momento en el que Bea y Yo no miramos y decimos…

-¿el fin de semana? Pero si hoy es Jueves!-

-Bueno, no pretenderéis pedalear por esta carretera el fin de semana, se pone hasta arriba de coches, y aquí vais a estar mejor que en ningún sitio- dice Gunnan contundente.

Ya nos conocéis, no sabemos decir que no.

Julie ama los caballos, y dedica el 100% de su tiempo a cuidarlos.

Julie ama los caballos, y dedica el 100% de su tiempo a cuidarlos.

Julie enseña a Bea como amaestrar los caballos

Julie enseña a Bea como amaestrar los caballos

Bea disfruta ayudando a Julie en el cuidado de los caballos durante estos días.

Bea disfruta ayudando a Julie en el cuidado de los caballos durante estos días.

Titán es uno de los caballos que Julie trata con verdadero cariño.

Titán es uno de los caballos que Julie trata con verdadero cariño.

Simplemente nos sentimos familia por unos dias.

Simplemente nos sentimos familia por unos dias.

Oregón. El instinto del viajero.

Viajo despacio, sobre una bicicleta que avanza con el esfuerzo de mis piernas, y aun así, el tiempo pasa rápido, muy rápido.

He de volver atrás para corregir mis primeras impresiones sobre un país que poco a poco me muestra su cara más amable.

Ahora, sentado sobre una mullida alfombra blanca escucho las voces de mis anfitriones hablar con alegre entusiasmo. El fuego calienta la sala y el olor a café nos recuerda que seguimos desayunando a pesar de haber pasado el mediodía.

Dejamos atrás la soleada California portada de revistas y seguimos hacia el norte atravesando el estado de Oregon. Estamos en el mismo país, pero cambiar de estado es como cruzar una frontera y muchos elementos se tornan nuevos en nuestro camino.

Oregon es un estado volcado completamente en la vida al aire libre por lo que cientos de camping, senderos o áreas de picnic dominan las inmediaciones de nuestro camino al norte. Son una provocación que cuesta dejar pasar y bebemos más café del que acostumbramos sentados sobre una mesa de madera encarada hacia el infinito océano Pacífico. Los bosques son verdes, completamente verdes, los ríos transparentes y los pequeños pueblos que vamos atravesando en el camino respetan la estética del oeste que tiempo atrás conocí en las películas que veía con mi padre dormidos en el sofá después de comer.

Me despierto con el sonido de la lluvia sobre la carpa, abro la cremallera y asomo mi cabeza para echar un mirada afuera. Es un día maravilloso le digo a Bea.

Me despierto con el sonido de la lluvia sobre la carpa, abro la cremallera y asomo mi cabeza para echar un mirada afuera. Es un día maravilloso le digo a Bea.

El faro de Heceta esta ubicado en uno de los lugares más privilegiados de la costa de Oregon.

El faro de Heceta esta ubicado en uno de los lugares más privilegiados de la costa de Oregon.

Atravesamos los bosques de redwoods más altos del mundo. Mojados, muy mojados.

Atravesamos los bosques de redwoods más altos del mundo. Mojados, muy mojados.

Los camping de Oregon tienen unas localizaciones verdaderamente expectaculares.

Los camping de Oregon tienen unas localizaciones verdaderamente expectaculares.

Un día comenzó a llover, y no paró hasta dos semanas después.

En la puerta de un supermercado me refugio de la lluvia con las bicicletas apoyadas sobre la pared mientras Bea compra lo necesario para los próximos días de travesía. No es fácil cocinar cuando el agua te está mojando hasta los huesos y dentro de nuestra casa de tela es muy peligroso hacerlo, por lo que la comida para estos días tendrá que consistir en una dieta a base de sobres precocinados rápidos de calentar y mucho pan con queso, crema de cacahuete o cualquier cosa que se nos ocurra ponerle encima.

Veo salir a Bea cargada de bolsas en ambas manos y una inmensa sonrisa a la que parece no importarle la lluvia. Hasta aquí todo esta normal, nada se sale de lo cotidiano todavía.

– No sabes lo que me acaba de pasar- me dice.

Una señora se acerco para hablar con ella mientras estaba pagando en la caja, y tras una breve conversación de la que Bea tan solo captó algunas palabras la mujer le dio un papel con una dirección.

– Creo que nos ha invitado a su casa- me dice mostrándome el papel. –que hacemos, ¿vamos?-

Asi que hacia allí nos dirigimos sin saber muy bien porqué, y es que viajando lo más importante es el instinto y los ojos de aquella señora parecían estar llenos de bondad. No fue necesario comprender sus palabras para saber que al llegar seríamos recibidos con un gran abrazo, una chimenea encendida y una cena caliente que aun puedo saborear.

Su historia es fascinante, su mirada brillante y sus palabras suaves. Dawn es ya parte de este viaje.

Su historia es fascinante, su mirada brillante y sus palabras suaves. Dawn es ya parte de este viaje.

George ha significado mucho para nosotros en tan solo dos días. es, simplemente, un hombre feliz.

George, el marido de Dawn, ha significado mucho para nosotros en tan solo dos días. es, simplemente, un hombre feliz.

Una gran ventana en el salón deja ver el lago que frente a la casa se alborota con la lluvia. Los patos vuelan al ras de la superficie y una nutria asoma la cabeza para conocer los nuevos visitantes. Mientras, nosotros nos sentamos a compartir historias, al calor del fuego, con los pies descalzos tapados por un cojín.

Dawn y George se convierten en nuestra familia por un fin de semana. Al día siguiente amanece un sol inmensamente redondo que colorea los paisajes aun húmedos de la noche anterior. No nos dejan irnos, quieren que nos quedemos un día más, y nosotros no sabemos decir que no.

–Ir a explorar y venir cuando queráis- nos dice George mientras ponemos la canoa en el agua. Explorar… que bonita palabra.

Es la primera vez que sentimos ser parte de la familia en este inmenso país. Mientras Bea y Dawn se dedican a plantar nuevas especies en el jardín yo voy ayudando a podar y quitar los tojos que han comenzado a invadir la ladera norte. El día pasa volando y cuando abrimos los ojos de nuevo ya es Lunes.

Estamos listos para salir a explorar el lago.

Estamos listos para salir a explorar el lago.

Dawn y Bea tienen una conexión muy especial, y solo se conocen desde hace algunas horas.

Dawn y Bea tienen una conexión muy especial, y solo se conocen desde hace algunas horas.

Nos despedimos ante al faro más occidental de América, el punto más al oeste de un continente inmenso que poco a poco voy descubriendo sobre mi bicicleta. Venteando con mi nariz al viento para llenarme de los olores que solo viajando puedo guardar en el frasco de la memoria. Avanzando con un rumbo, pero sin más destino que el propio mundo en el que ya me encuentro.

George nos quiere mostrar el faro más occidental de América antes de seguir nuestro camino. Cape Blanco.

George nos quiere mostrar el faro más occidental de América antes de seguir nuestro camino. Cape Blanco.

Pacífica Costa Oeste. California.

El viento me golpea por el oeste, una ráfaga continua que me hace pedalear más deprisa hacia el final del puente y huir al refugio de las colinas. Los coches a su vez pasan deprisa y el roce con el asfalto provoca un ruido ensordecedor en el ambiente. Quiero saborear este momento, pero el Golden Gate es mucho más bonito cuando lo ves, tumbado desde la hierva, imponente en el horizonte.

Dejar atrás este puente con más de 78 años de historia colgante me hace mirar optimista hacia delante, e incrédulo hacia atrás. ¡estoy cruzando el Golden Gate en bicicleta! Nunca imaginé cuando salía de la ciudad de Santiago de Chile dos años atrás que se pudiera llegar tan lejos con una bicicleta, y hoy, con más de 21.500 kilómetros rodados bajo mis ruedas y unos cientos más navegados por ríos y mares, estoy aquí, dándole la espalda a la ciudad de San Francisco.

A partir de aquí seguiremos la costa bañada por el océano Pacifico hacia el norte, un “subibaja” de curvas que recorren el relieve rocoso de puntuales puestas de sol.

La carretera corre en su mayor parte al lado del océano Pacífico.

La carretera corre en su mayor parte al lado del océano Pacífico.

Cormoranes

Cormoranes

La niebla nos acompaña cada mañana, y a veces se queda a pasar el día con nosotros. Pedaleamos entre las nubes por unos arcenes casi inexistentes, el corazón se nos queda en un puño con cada rugir de motor que escuchamos acercarse por nuestras espaldas.

A pesar de esto, es una ruta que poco a poco va siendo más transitada por ciclistas de todo el mundo que desde Vancouver hasta la frontera de México los más arriesgados, recorren la denominada “Pacific coast bike route”. La mayor parte de los viajeros que recorren la ruta lo hacen desde el norte hacia al sur, yendo de este modo casi en la totalidad del recorrido con el viento a su favor. Nosotros lo hacemos al revés.

Vamos atravesando nubes al ritmo de las cuestas.

Vamos atravesando nubes al ritmo de las cuestas.

a veces, nos queda energía para salir a explorar los alrededores de nuestro campamento.

a veces, nos queda energía para salir a explorar los alrededores de nuestro campamento.

cuanto más cuesta subir, más disfrutamos al bajar.

cuanto más cuesta subir, más disfrutamos al bajar.

Debían de creer que les traia el desayuno.

Debían de creer que les traia el desayuno.

Hoy hemos vendido varias postales asi que nos vamos  homenajear.

Hoy hemos vendido varias postales asi que nos vamos homenajear.

Cuando el sol nos acompaña el color verde predomina en el paisaje, las vacas pastan en las praderas y el monótono ritmo del mar se cuela continuo en nuestros oídos.

La humedad enfría el ambiente, moja nuestros sacos de dormir por las noches y embellece el paisaje pintando los arboles y vallas de musgo.

De pronto sin darnos cuenta nos introducimos de lleno en un frondoso bosque de inmensos Redwood. Estos arboles son los más altos del mundo llegando a medir por encima de los 100 metros de altura a lo largo de los miles de años que permanecen erguidos hacia el sol. Pedalear y dormir bajo sus imponentes troncos es una sensación maravillosa, y asi, a la sombra de estos gigantes avanzamos poco a poco en nuestro camino hacia el norte.

Tatacoa bajo los inmensos Rewood antes de montar el campamento.

Tatacoa bajo los inmensos Rewood antes de montar el campamento.

Lugares que un dia se quedaron congelados en el tiempo.

Lugares que un dia se quedaron congelados en el tiempo.

Campamento en el camping de Gualala.

Campamento en el camping de Gualala.

Estos árboles son increíbles.

Estos árboles son increíbles.

Más lugares que un día alguien decidió abandonar.

Más lugares que un día alguien decidió abandonar.

Nos salimos de la carretera para buscar un sitio donde dormir, y no puede ser mejor.

Nos salimos de la carretera para buscar un sitio donde dormir, y no puede ser mejor.

Con bastante frecuencia encontramos campings a lo largo de la ruta para descansar. Una parcela específica para caminantes y ciclistas está habilitada en los estatales por lo que el precio a pagar se reduce a 5 dolares en vez de los 25-30 que paga un campista normal. De todos modos nuestro presupuesto siempre evita añadirle gastos a la lista y son muchas las noches que buscamos un lugar escondido para poder descansar. Otras veces jugamos a la trampa; a la entrada de cada camping estatal hay un montoncito de sobres con un buzón a su lado. Aquí uno debe rellenar sus datos, depositar el dinero en el sobre e introducirlo en el buzón. Todo esto en mitad de un bosque donde parece no pasar nadie en días, por lo que a veces nos hacemos los despistados y ponemos nuestra casa de tela sin hacer mucho ruido. Normalmente no debe pasar nada, pero otras veces hemos tenido la mala suerte de encontrarnos con el ranger, al que ponemos nuestra mejor cara de tontos y pedimos disculpas por nuestra torpeza con el inglés.

Tim vive en su autocaravana con su esposa y su perro cuidando campings. Esta noche necesitaba recibir una llamada de Cuatro Radio y  se ofreció amablemente a prestarme su teléfono a las 00:30.

Tim vive en su autocaravana con su esposa y su perro cuidando campings. Esta noche necesitaba recibir una llamada de Cuatro Radio y se ofreció amablemente a prestarme su teléfono a las 00:30.

El camping de Gualala es un escondido rincón lleno de mágia para poner nuestra casa de tela.

El camping de Gualala es un escondido rincón lleno de mágia para poner nuestra casa de tela.

Norberto Olavarria es Ranger de California, y al ver su nombre despues de  30 minutos hablando no podia dejar de fotografiarle.

Norberto Olavarria es Ranger de California, y al ver su nombre despues de 30 minutos hablando no podia dejar de fotografiarle.

La cuesta ha sido larga, a si que espero a Bea para saborear la bajada juntos.

La cuesta ha sido larga, a si que espero a Bea para saborear la bajada juntos.

Hoy llevamos pedaleando más de 50 kilómetros de cuestas arriba y abajo y en el mapa que un viajero nos regaló de la ruta no aparece ningún camping a la vista. El sol se ha escondido tras unas espesas nubes que vienen desde el oeste amenazantes de lluvia pero con la cabeza erguida continuamos pedaleando contra el viento en busca de un lugar donde poder refugiarnos esta noche.

Hemos llegado a un pequeño pueblo por el que años atrás corría la línea férrea para llevar el queso de su fábrica al resto del país. En la calle principal, donde las vías del antiguo tren aun están a la vista, un parque nos parece un buen sitio para poder dormir. Como aun no ha oscurecido por completo decidimos cocinar las lentejas que por la mañana precavidamente habíamos puesto a remojar en una de las botellas de agua de la bicicleta, y asi montar la carpa con la completa oscuridad para ser lo más discretos posibles.

La humedad cae sobre nosotros empapando todo lo que encuentra a su paso y cuando por fín la luz es adecuada para poder comenzar a poner nuestro mini campamento, nuestro cuerpo recién cenado tiene pereza solo de pensar en tener que estar toda la noche pendiente de si la policía viene a echarnos o cualquier otro problema que pueda suceder en estas condiciones.

De pronto me doy cuenta de que hay una iglesia unos metros más al sur de la plaza, y en un intento de desesperación por dormir en un lugar tranquilo y seco encaminamos nuestras bicicletas hacia allí.

Las indicaciones que recibimos no parecen muy alagüeñas cuando, tras recibirnos en un maravilloso salón, nos dicen que podríamos dirigirnos unas 6 millas al sur en busca de un parque retirado de la civilización donde la policía no nos molestaría… -No, imposible, de noche no podemos llegar hasta allí, es muy peligroso, no tenemos luces en la bicicletas. Les digo mientras miro un mullido sofá de estos que tengo delante…

– ¿dos años dices que llevas viajando en tu bicicleta? ¿os gustaría venir a casa con nosotros? Me dice la mujer que tengo delante mientras su marido da un paso al frente para saludarnos con la mano.

Desde hace un tiempo atrás he tomado como rutina decir una frase cuando me ofrecen algo. ¡Ten cuidado con lo que me ofreces porque digo a todo que si!

Nicole y Ben nos reciben en su casa con la mejor sonrisa.

Nicole y Ben nos reciben en su casa con la mejor sonrisa.

PUEDES VER UN VIDEO DE ESTA HISTORIA PINCHANDO AQUI

Horizonte Norte. Recorriendo California.

Con rumbo norte, como no podría ser de otro modo, el documental Horizonte Norte sigue sumando luces mágicas que se almacenan en un disco duro. Imágenes que con mucho mimo y paciencia irán después tomando forma y convirtiéndose en una historia muy especial. Ya hemos compartido experiencias en Colombia, Panamá y ahora lo hacemos en California.

Como siempre la llegada de Álvaro es una revolución. Bueno, Álvaro es la revolución. Su inagotable energía nos contagia por unos días y al son de largas conversaciones vamos descubriendo los bosques en estos valles de California.

Los alrededores del lago Tahoe son tan perfectos que parecen pintados.

Los alrededores del lago Tahoe son tan perfectos que parecen pintados al gusto de cada uno.

Bea en el lago Tahoe. No te cansas de mirarlo.

Bea en el lago Tahoe. No te cansas de mirarlo.

Lago Tahoe

Las aguas del Lago Tahoe son completamente perfectas. Sus reflejos también.

Un pequeño lago, cerca del lago Tahoe, nos sorprende con las luces del atardecer.

Un pequeño lago, cerca del lago Tahoe, nos sorprende con las luces del atardecer.

Despertarse antes que el sol y preparar un café siempre es un regalo.

Despertarse antes que el sol y preparar un café siempre es un regalo.

Bea y Álvaro iluminados, en todos los sentidos, en el valle del Yosemite.

Bea y Álvaro iluminados, en todos los sentidos, en el valle del Yosemite.

Dos águilas nos acompañan al final del día. Foto de Bea.

Dos águilas nos acompañan al final del día. Foto de Bea.

Desde siempre comparto con Álvaro la pasión por los amaneceres y el café. Bea le va tomando el tranquillo.

Desde siempre comparto con Álvaro la pasión por los amaneceres y el café. Bea le va tomando el tranquillo.

Tenemos ganas de que nieve, es invierno y queremos pasear al silencio de los bosques nevados, lo deseamos con tanta intensidad que a la mañana siguiente me despierto con una extraña sensación, asomo la cabeza y veo la nieve caer sobre mi.

No supimos medir la intensidad de nuestros deseos y nevó hasta dejar todo completamente blanco. La nieve alcanzaba ya nuestras rodillas al caminar y la alegría se convirtió por algunos minutos en preocupación. Nos encontramos en el parque nacional de Kings Canyon y los Ranger que cuidan de esta basta extensión prácticamente virgen están atentos a nuestros movimientos, hasta el punto de mandarnos una quitanieves especialmente para nosotros y asi poder salir de las montañas otra vez.

Álvaro avanza por la carretera para encontrar el mejor punto de vista y apretar el Rec.

Álvaro avanza por la carretera para encontrar el mejor punto de vista y apretar el Rec.

¡Estoy grabando! grita Álvaro entre la nieve. ¡espera que te estoy sacando una foto! le grito yo desde lo lejos.

¡Estoy grabando! grita Álvaro entre la nieve. ¡espera que te estoy sacando una foto! le grito yo desde lo lejos.

Queríamos que nevara, y nevó.

Queríamos que nevara, y nevó.

Por la noche tuvimos una tregua con la nieve y las estrellas salieron a vigilar nuestros movimientos. Pero no debió de durar más que lo que tardamos en dormirnos y a la mañana siguiente el techo de nuestra carpa estaba justo encima de nuestra narices. El peso de la nieve había aplastado completamente la estructura pero sin llegar a romperla.

Por la noche salen las estrellas a saludarnos, pero pronto desapareceran.

Por la noche salen las estrellas a saludarnos, pero pronto desapareceran.

Buenos días desde Kings Canyon.

Buenos días desde Kings Canyon. 

Los días pasan rápido y paseando por las calles de San Francisco vamos grabando las ultimas imágenes antes de separarnos de nuevo. Es muy impactante para mi planear el siguiente encuentro, me doy de bruces con la realidad de un viaje que llega a una meta que un día creí infinita, inalcanzable y por lo tanto eterna en el tiempo. Pero no, hoy estamos hablando de encontrarnos en Alaska, comienza a hacerse una realidad casi palpable en las palabras que pronunciamos y me doy cuenta de que si, efectivamente, me estoy cruzando el gran continente americano en bicicleta.

Llegar a Yosemite.

Cuando decidí llegar a Alaska en bicicleta no tenía claro que realmente pudiera hacerlo, estaba lejos, muy lejos y muchos meses de frío, calor y montañas me esperaban por delante. Ahora miro casi convencido hacia el norte con la meta más cerca y no creo que exista nada que consiga pararme. Aquel día me imaginé cruzando muchos lugares que encontraría en el camino, y uno de ellos sin duda era el valle de Yosemite.

Tras escalar las montañas que separan la costa oeste de California del emblemático valle, nos dejamos caer por las laderas que nos llevan hasta lo más profundo del parque nacional Yosemite.

Entramos al valle de Yosemite por el mirador del túnel. Cuantas veces había soñado con ver a Tatacoa aqui puesta.

Entramos al valle de Yosemite por el mirador del túnel. Cuantas veces había soñado con ver a Tatacoa aquí puesta.

Tuve la ocasión de visitar este valle hace ya más de 5 años pero llegando en bicicleta siento que es la primera vez que veo estas inmensas paredes de granito. Los ríos bajan cristalinos entre las piedras y los arboles se estiran hacia el cielo con un grosor en sus troncos que no podemos evitar parar la bicicleta y darles un abrazo.

Queremos empaparnos de este lugar, conocerlo y recorrerlo al ritmo de nuestros pies, asi que dentro de las limitaciones que tiene visitarlo en temporada de invierno nos ponemos a ello.

Montamos nuestra casa de tela en el campo 4, un camping a los pies del Capitán rodeado de inmensos arboles y piedras color gris. Hacemos fuego, caminamos bajo los arboles, subimos a lo más alto, hacemos café, vamos a buscar leña, leemos… descansamos.

Nuestro campo base en el Campo 4

Nuestro campo base en el Campo 4

Los primeros rayos de sol atraviesan el  humo que tuesta nuestro pan por la mañana.

Los primeros rayos de sol atraviesan el humo que tuesta nuestro pan por la mañana.

Son muchos los animales que podemos ver por el valle atraídos por la comida.

Son muchos los animales que podemos ver por el valle atraídos por la comida.

Yosemite falls.

Yosemite falls.

Yosemite

Paseando por los bosques, camino a las cascadas.

Caminando entre los bosques la luz nos regala grandes momentos, y Bea sabe captarlños con la cámara. Foto: Beatriz Pardo.

Caminando entre los bosques la luz nos regala grandes momentos, y Bea sabe captarlos con la cámara. Foto: Beatriz Pardo.

Yosemite

Desde lo alto de las cascadas la vista del valle es realmente magnífica. Foto de Bea.

Dos cuervos tontean al atardecer sobre el valle de Yosemite.

Dos cuervos tontean al atardecer sobre el valle de Yosemite.

Volver al campamento es un verdadero espectáculo a cualquier hora del día.

Volver al campamento es un verdadero espectáculo a cualquier hora del día.

Tenemos la suerte de presenciar un momento mágico en estas históricas paredes de mas de 900 metros de verticalidad. Tommy Caldwell y Kevin Jorgeson están completando, tras 19 días de escalada continua, la vía de big Wall más difícil del mundo; y estamos aquí para verlo! Desde la base de la gran pared vemos sus tiendas de campaña colgando en lo alto. En la pradera del valle se amontonan los medios de comunicación para contarle al mundo lo que esta sucediendo, y a través de las cámaras, con un objetivo más pesado que todo lo que transporto yo en la bicicleta, podemos ver perfectamente como los escaladores realizan los últimos pasos en lo más alto de la pared. Un grito al unísono nos confirma que efectivamente lo han conseguido.

Paseando por la base del Capitán mientras  Tommy y Kevin realizaban sus últimos pasos en la pared.

Paseando por la base del Capitán mientras Tommy y Kevin realizaban sus últimos pasos en la pared.

Tommy Caldwel y Kevin Jorgeson atienden a la prensa tras 19 días de escalada.

Tommy Caldwel y Kevin Jorgeson atienden a la prensa tras 19 días de escalada.

Josh Lowell es el director de la película que se ha rodado con la escalada.  una logística y técnica digna de admirar.

Josh Lowell es el director de la película que se está rodado con la escalada. una logística y técnica digna de admirar.

Un problema con nuestra tarjeta de crédito nos hace salir huyendo del valle. Tras 5 días recorriendo sus rincones un intento de comprar una conexion de wifi en el pueblo nos bloquea las tarjetas a los dos. Tenemos 25 dólares en el bolsillo y más de 5 días pedaleando hacia San Francisco. Pasan 4 días hasta que conseguimos desbloquearlas, y cansados de comer pasta con aceite de oliva durante los días pasados nos metemos en la primera hamburguesería que vemos para llenar nuestros estómagos de comida basura.

El camino se hace dificil. Lejos de lo que habíamos pensado, pedalear por los Estados Unidos es más salvaje que muchos lugares por los que haya pasado. Comprar comida en un supermercado no es algo que se pueda hacer cada pocos kilómetros y dormir en muchas ocasiones llega a convertirse en un auténtico quebradero de cabeza. No se puede poner la tienda de campaña en cualquier lugar sin más y cuando preguntamos solemos obtener un no como respuesta.

Preguntamos en cuatro casas si podiamos montar nuestra casa de tela en el jardín, al final al quinto intento un hombre nos dice que si, Juan.

Preguntamos en cuatro casas si podiamos montar nuestra casa de tela en el jardín, al final al quinto intento un hombre mexicano nos dice que si, Juan.

Nos despertamos en casa de Juan tras una noche muy húmeda con una espesa niebla.

Nos despertamos en casa de Juan tras una noche muy húmeda con una espesa niebla.

Los Campings estan cerrados asi que con las bicis pasamos y es lo mismo que un camping abierto pero sin gente.

Los Campings estan cerrados pero con las bicis pasamos y es lo mismo que un camping abierto pero sin gente.

Entre montañas color verde y repentinas nieblas vamos llegando poco a poco a la bahía de San Francisco. Aqui nos esperan Barbara, Philipe y Amelie. Con las puertas de la casa y la nevera abiertas nos reciben al ritmo del queso y el vino que hay sobre la mesa. Barbara es amiga mía de la infancia, con quien acampada tras acampada aprendí a mancharme de hierva y bañarme desnudo en los ríos. No están los hermanos para completar el equipo, pero entre los dos nos abastecemos para recordar más de una anécdota de nuestros primeros 10 años de vida.

Barbara, Piliphe y Amelie nos reciben en su casa de Sunnyvale con la mayor de las sonrisas

Barbara, Piliphe y Amelie nos reciben en su casa de Sunnyvale con la mayor de las sonrisas.

Hemos llegado a otro de esos puntos claves del viaje en los que me imaginaba pasando algún día no muy lejano con mi bicicleta. Estamos frente al Golden Gate, a punto de cruzarlo, rumbo hacia el norte.

Golden Gate

Hemos llegado a San Francisco y a lo lejos vemos el Golden Gate, pero no lo cruzaremos hasta continuar nuestro camino al norte.

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