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Vamonos a Mexico, o al fin del mundo.

He hablado muchas veces de las personas que me encuentro en el camino.

Para mi viajar es conocer, compartir, y las personas que habitan los lugares que recorro son la esencia del paisaje. Gracias a ellos conozco las historias, y es que ellos son la historia. Porque un país son las personas que habitan en él, las personas que trabajan con sus manos y festejan las tradiciones; nada que ver tiene en todo esto el gobierno que puertas afuera le pone rostro a los colores de una bandera.

Pero también me encuentro con viajeros que como yo recorren el mundo a pie, en bicicleta, autostop, autobuses… mentes inquietas que desean sentir la tierra bajo sus pies. Estas relaciones son intensas. En apenas unas horas puedo depositar la confianza más absoluta sobre esa persona que acabo de conocer. Estoy sensible a cualquier hecho que acontece, mi corazón receptivo a la belleza más inapreciable, y mi persona, que es el la más auténtica que yo mismo haya podido conocer algún día, se entrega de lleno ante cualquier instinto. Y es que viajar en solitario te ofrece la oportunidad de florecer por dentro sin más contaminación que tus propios perjuicios. Es por esto que las relaciones con otros viajeros son completamente reales, y la fusión llega a ser en muchas ocasiones perenne en el tiempo

Asi un viaje se va llenando poco a poco de maravillosas despedidas, aunque no siempre es asi.

En la casa donde nos encontramos acogidos realizan un curso de cocina al que Be es invitada para preparar un plato español.

En la casa donde nos encontramos acogidos realizan un curso de cocina al que Be es invitada para preparar un plato español.

Un día conocí a Bea, 5 días antes de tener su vuelo de regreso a España, y entre volcanes y cafés al calor del fuego pasaron los días. Su avión se fué mientras nuestras cabezas, posadas sobre la hierva mirando al cielo, soñaban con infinitas carreteras que nos llevaban hacia el norte del mundo, y ahora, unas semanas después, os lo cuento todo desde México.

No hay más que desear hacer algo para que el mundo se ponga de tu parte.

Salimos a comprar algo de comer en una las numerosas tiendas que se extienden a lo largo de la calle y una bicicleta con el cartel de se vende estaba apoyada en la puerta de una casa. A tan solo dos casas de la que nos encontrábamos! Un señor la había traido de EEUU y quería deshacerse de ella. Por 250 dolares nos la llevamos y regresamos a casa con pan, verduras y una bicicleta que iba a dar la vuelta al mundo.

Dos días después estábamos pedaleando a favor del viento cuesta abajo rumbo a la costa Pacífica.

Al llegar a la frontera de Mexico siento un maravilloso hormigueo en el estomago. Me sigue maravillando aun a dia de hoy cada frontera que cruzo pedaleando, y ésta me produce una sensación agradable que es muy difícil de explicar.

Frontera de Guatemala con Mexico.

Frontera de Guatemala con Mexico. Instagram Photo.

Natividad nos ofrece su casa para pasar la noche de intensa lluvia. Amanece soleado.

Natividad nos ofrece su casa para pasar la noche de intensa lluvia en Mexico. Amanece soleado.

Hoy duermo frente a la iglesia de un pequeño pueblo, bajo un inmenso arbol.

Hoy dormimos frente a la iglesia de un pequeño pueblo, bajo un inmenso árbol.

Anita, Denis y Noé nos acogen en un su casa de Mapastepec a través de la comunidad de warmshower

Anita, Denis y Noé nos acogen en un su casa de Mapastepec a través de la comunidad de warmshower

La carretera es recta, sin cuestas, y un amplio arcén me permite viajar en paralelo con Bea. Podemos contarnos historias, escuchar juntos los podcast que nos descargamos con la señal wifi de la última gasolinera, o incluso pedalear en silencio. De repente una explosión interrumpe la calma. Mi rueda trasera se ha reventado quedando completamente inservible a pesar de mis numerosos intentos de hacer un apaño para seguir adelante…

Mi Schwalbe Marathon se revienta a los 2000 km de uso... no se que pensar.

Mi Schwalbe Marathon se revienta a los 2000 km de uso… Iphone photo.

Por suerte la rueda se me revienta frente a una parada de autobus y como ha salido el sol aprovechamos para poner la ropa a secar.

Por suerte la rueda se me revienta frente a una parada de autobus y como ha salido el sol aprovechamos para poner la ropa a secar.

La temporada de lluvias está llegando a su fin pero se despide por todo lo alto con dos semanas de intensa agua. Apenas sobrevive algo de ropa seca y es que a pesar de tener alforjas impermeables el calor que envuelve el ambiente produce una humedad que penetra por cualquier lugar. Los pies y las manos se me arrugan y por la mañana mi cuerpo se estremece cuando me pongo de nuevo la camisa mojada del día anterior.

La última lluvia se despide sobre mi espalda justo antes de llegar a los bomberos de Juchitan.

4 dias de lluvia intensa continua deja nuestra ropa completamente mojada.

4 dias de lluvia intensa continua deja nuestra ropa completamente mojada. En casa del warmshower Roro tratamos de secarla.

Roro ha tenido que irse a la escuela y es Lupita quien me sonrie frente a la camara con su hijo antes de despedirnos.

Roro ha tenido que irse a la escuela y es Lupita quien me sonrie frente a la camara con su hijo antes de despedirnos.

En los bomberos de Juchitan coincidimos con otros viajeros, tenemos vecinos.

En los bomberos de Juchitan coincidimos con otros viajeros, tenemos vecinos.

Karla y André son de Brasil y llevan 2 años dando un paseo por el mundo en sus bicis

Karla y André son de Brasil y llevan 2 años dando un paseo por el mundo en sus bicis

Un cruce hacia la derecha me lleva ahora por carreteras de montaña hacia el centro del país, dejo atrás la costa, el calor, la humedad… y me dirijo de lleno hacia las montañas. El paisaje va cambiando con el paso de las curvas y poco a poco los cactus comienzan a dominar el paisaje.

Buenos dias

Buenos dias

Pedaleando por las montañas del estado de Oaxaca.

Pedaleando por las montañas del estado de Oaxaca.

La cumbre del volcán. Guatemala.

Me despierto con los primeros rayos de sol que entran por la claraboya del techo de madera. Mi cuerpo, envuelto en el saco de dormir, se estira al tiempo que rota para posarse sobre la espalda. Abro los ojos despacio y con las manos bajo mi cabeza suspiro en silencio mirando hacia la luz. No se que día de la semana es, pero para mi es Domingo.

Bajo al sótano a por palos secos y enciendo el fuego en la cocina de leña para hacer café y tostar pan. Hace frío y estar junto al fuego me sienta bien.

Estoy en la casa de Carl, un Warmshower de origen estadounidense que vive en Guatemala desde hace más de 30 años. Su casa está a un kilómetro de aquí, pero esta cabaña de madera en la que me encuentro es un regalo que le brinda a los viajeros ciclistas que disfrutan de su hospitalidad en su paso por este montañoso país de Centroamérica.

Elisabeth y Juan me han ofrecido un lugar donde descansar y ahora, a primera hora del día, desayunamos.

Elisabeth y Juan me han ofrecido un lugar donde descansar y ahora, a primera hora del día, desayunamos.

Arboles inmensos a la vera del camino que me obligan a descansar un rato bajo sus ramas.

Arboles inmensos a la vera del camino que me obligan a descansar un rato bajo sus ramas.

La parte más cálida de Guatemala está en las personas que me encuentro en el camino y me abren su casa.

La parte más cálida de Guatemala está en las personas que me encuentro en el camino y me abren su casa.

Mi idea era descansar un día y seguir mi camino hacia el norte, pero no pude rechazar su oferta de escalar los volcanes de los alrededores y dormir rodeado de su más de 100 especies de árboles que tiene plantados en su jardín. Además no voy a estar solo, mañana llegan tres Palentinos que viajan por Guatemala y disfrutan tanto como yo subiéndose a lo más alto para mirar al horizonte.

Sigue siendo época lluviosa y el agua nunca falta a su cita de la tarde. Madrugamos mucho para poder subir los volcanes y a las 4 a.m ya estamos al pie del volcán y comenzamos la ascensión bajo la luz de nuestras linternas. Llegar al cráter con el cielo despejado, a mas de 4000 msnm, es un regalo con más de 10 volcanes en el horizonte para disfrutar.

Una familia baja del bosque con leña para su cocina.

Una familia baja del bosque con leña para su cocina.

Miro hacia el sur, donde días atrás pedaleaba por cuestas verticales que me hacían dar el máximo de mis posibilidades. Recuerdo como mirando hacia arriba veía lo alto de los volcanes como inalcanzables, y hoy, sin haber sido abatido por el cansancio sonrío mirando hacía abajo. Giro mi cabeza, y tornando mi mirada hacia el norte imagino mis próximos días en mi camino hacia Mexico.

Sobre la cumbre del volcán  Tajamulco, a 4220 msnm, me encuentro con ella, no recuerdo su nombre, pero a sus 15 años disfruta subiendo a la cumbre del volcán que descansa sobre su casa.

Sobre la cumbre del volcán Tajamulco, a 4220 msnm, me encuentro con ella, no recuerdo su nombre, pero a sus 15 años disfruta subiendo a la cumbre del volcán que descansa sobre su casa.

Fátima, Millán y Bea sobre la cumbre del volcán Santa María.

Fátima, Millán y Bea sobre la cumbre del volcán Santa María.

Guatemala-8

Volcán Santa María, Guatemala.

La familia Parada. El Salvador.

Cruzo temeroso y a la vez expectante la frontera de Nicaragua con Honduras. Estos últimos días la gente me ha estado advirtiendo de los peligros que ofrece este país… y es que si ves la noticias que emite la televisión yo también llegaría a creerlo.

Con todo lujo de detalles macabros la gente trataba de disuadirme en mi idea de atravesar los países de Honduras, El Salvador y Guatemala con mi bicicleta, llegando en algún momento a replantearme si debía o no hacerlo.

Finalmente pedaleo mis primeros metros por este nuevo país atento a todo lo que sucede a mi alrededor, y aferrado a mi bicicleta avanzo camino por el arcén de la carretera. Una sonrisa, un saludo alegre, un grito de animo, otra sonrisa, un bocinazo acompañado de una mano saliendo por la ventanilla… todas las sensaciones que voy encontrando en el camino van haciendo relajar mi cuerpo. Estoy cruzando Honduras por el sur y tan solo 140 km después ya he alcanzado la frontera con El Salvador.

Carretera del Litoral en El Salvador

Carretera del Litoral en El Salvador

Me siento muy tranquilo recorriendo esta carretera que bordea la costa. La gente alegre a mi paso me saluda en inglés gritando un –jai gringo- (lo escribo con “jota” porque la pronunciación con la que me lo dicen se parece más al alemán que al inglés) y en ocasiones paro a compartir con ellos un rato. Hablamos en español, como es normal, pero al despedirnos me dicen… -Thank you, bye!- es algo muy curioso, no acaban de creer que mi lengua materna sea el español e igualmente al despedirse lo hacen en inglés como para agradarme despidiéndose en mi idioma con las pocas palabras que saben.

Elisabeth me invita a probar sus maravillosas pupusas de frijol con queso.

Elisabeth me invita a probar sus maravillosas pupusas de frijol con queso.

Keily Verenice es la hija de Elisabeth.

Keily Verenice es la hija de Elisabeth.

José realizó un viaje en bicicleta desde Montreal hasta su natal Salvador donde ahora vive con su familia.

José realizó un viaje en bicicleta desde Montreal hasta su natal Salvador donde ahora vive con su familia.

El sol poco a poco va escondiéndose en el horizonte mientras mis ojos van atentos a cualquier detalle que pueda ofrecerme un lugar tranquilo donde poder descansar. Estoy a menos de 10 km de la ciudad de Zacatecoluca, por donde no quiero verme pedaleando a estas horas tan avanzadas del día.

De pronto un “hola” lejano hace girar mi cabeza hacia la izquierda encontrándome unas sonrisas esplendidas que agitan el brazo a modo de saludo. Devuelvo la sonrisa y el saludo mientras los arboles cortan la mirada y regreso mi vista al frente. 3, 2, 1… y aprieto mi frenos a fondo para detener a Tatacoa y darme la vuelta. -Este va a ser un buen lugar- me digo.

–Hola! Digo desde lejos mientras apoyo mi bicicleta sobre mi palo de madera. Una de las mujeres se acerca despacio hacia mi mientras le explico tranquilamente que estoy buscando un sitio donde pasar la noche.

15 minutos después estoy sentado entre ellas con una taza de café en la mano. Me preguntan un montón de cosas sobre mi viaje y yo poco a poco les hablo de mi, de mis hermanos, de mis padres, de mi entorno… a cada rato que pasa vamos disfrutando más de la conversación y comienzan a bromear conmigo. –aquí somos todas solteras- me dice una –mira aquí esta mi prima de 18 y mi tía de 22- me dice mientras señala a las abuelas de la familia que superan ya los 85 años.

Poco a poco empiezan a llegar el resto de los miembros, y cuando me quiero dar cuenta somos más de 35 personas riendo y compartiendo historias.

Observo como cada persona que llega va a saludar a la abuela Amanda, ella esta sentada en un rincón, sin apenas hablar, pero su presencia genera una atracción maravillosa.

Con el paso de las horas cada uno se va retirando a las casas que rodean la casa principal. Dentro del mismo terreno cada familia perteneciente a la familia tiene su pequeño hogar. Finalmente me quedo con Amanda sentado en el porche.

Amanda posa con parte de su familia detrás en su casa.

Amanda posa con parte de su familia detrás en su casa.

Descubro con cada palabra que pronuncia un pasado lleno de crueles historias marcadas firmemente por la guerra civil. Una opresión por parte del gobierno hacia el pueblo que llevo a los campesinos a levantarse en armas formando la guerrilla. En esta guerra Amanda perdió a tres de sus hijos además de otros familiares. Me cuenta como un día tuvo que salir de su casa corriendo porque la “brigada de la muerte” venia hacia allí. Ella consiguió salvarse por azares del destino pero sus familiares, animales y todo lo que tenia latidos en aquel hogar fue brutalmente asesinado, su casa quemada.

Me narra gran cantidad de historias que parecen ser casadas del guión de una película, pero que en sus ojos, y en la rabia con las que las cuenta, veo la absoluta sinceridad de todas sus palabras. Historias que forman parte de cualquier guerra, historias que hacen pensar en que prioridades tenemos como humanos en la vida para vernos embaucados en situaciones tan atroces como estas.

Hoy Amanda es cuidada cariñosamente por sus más de 90 nietos y bisnietos, y por toda su familia, entre ellos, están las tres nietas hijas de aquellos hijos suyos asesinados aquella horrible noche.

Me encanta la energía que desprende, y disfruto mucho escuchándola hablar.

Los niños juegan juntos a la pelota, parece el patio de un colegio, entre los primos son unos 12 los que comparten su día a día. Por una noche me hacen formar parte de esta maravillosa historia del ahora, me hacen sentir como en casa, y por la mañana, cuando después de acabar el desayuno que tan amablemente me han servido, me da una pena increíble despedirme. Han sido muchas las despedidas que he tenido a lo largo del viaje, y a pesar de ello nunca me he acostumbrado a ellas, pero hoy siento que es algo especial. Salgo pedaleando con un nudo en la garganta, no quiero avanzar… pedaleo despacio para sentir que no me alejo de aquel lugar. En realidad no estoy triste, si no todo lo contrario, hoy sigo mi camino un poquito más feliz.

Centro América. Sin prisa pero sin pausa.

Miro un mapa, no del país donde me encuentro, si no un mapa del mundo. Comienzo a contar con los dedos los meses que puedo tardar hasta Alaska y me doy cuenta de que los días se me están echando encima si quiero disfrutar del camino y llegar antes del próximo invierno a este remoto país del norte. Comienzo por tanto a avanzar por la carretera panamericana rumbo al norte, sin desviarme del camino principal y así poder progresar lo más rápido posible.

Las lluvias forman parte de mi día a día, un sol intenso cada mañana me hace recibir con especial alegría las intensas lluvias de la tarde. Las primeras gotas caen frías sobre mi espalda caliente, y poco a poco comienzo a estar completamente empapado, y más fresquito. No trato de protegerme poniéndome ropa, y por lo contrario pedaleo en bañador y sandalias. Cuando estoy completamente mojado ya no me importa la lluvia, solo cuando su intensidad es demasiado fuerte como para poder abrir los ojos o ser vivible para los camiones que tan cerca me adelantan, me refugio bajo cualquier techo que encuentro en el camino.

Una parada de autobús es mi refugio mientras espero a que se calme un poco la intensa lluvia.

Una parada de autobús es mi refugio mientras espero a que se calme un poco la intensa lluvia.

Kenia y Venice me dejan un lugar donde pasar la noche y protejerme de la lluvia.

Kenia y Venice me dejan un lugar donde pasar la noche y protejerme de la lluvia.

Alex y Katy me regalan un fuet "casa Tarradellas" para el camino. La familia de Katy vive en Madrid y conversamos todo lo que echa de menos alli.

Alex y Katy me regalan un fuet “Casa Tarradellas” para el camino. La familia de Katy vive en Madrid y conversamos todo lo que echa de menos en mi ciudad.

Sin apenas darme cuenta he cruzado la frontera con Costa Rica y la gente ya no me saluda con un simple hola, aquí la gente te recibe diciendo -¡Pura Vida!- bosques verdes llenos de vida abrigan la carretera que poco a poco me va llevando hacia en norte. Los techos de zinc oxidado conjuntan perfectamente con los colores gastados de las casas, formando parte de la magia del paisaje. Manadas de guacamayos rojos sobrevuelan por encima de mi y grandes iguanas de intenso color verde corren asustadas hacia los bosques a mi paso por la carretera.

Un alto en el camino para comer algo.

Un alto en el camino para comer algo.

El cuerpo de bomberos de Ciudad Neily me brinda un lugar para descansar. yo les cocino tortilla.

El cuerpo de bomberos de Ciudad Neily me brinda un lugar para descansar. yo les cocino tortilla.

Cocodrilos

Los ríos de Costa Rica estan llenos de vida.

En esta parte del camino por las Américas todos los viajeros pasamos por la misma carretera. Asi conozco a Antonio y Amanda en un breve teimpo compartido en el arcen de la Panamericana.

En esta parte del camino por las Américas todos los viajeros pasamos por la misma carretera. Asi conozco a Antonio y Amanda en un breve teimpo compartido en el arcen de la Panamericana. Cyclingelmundo.com es su web.

Leo

Llego a casa de Leo por casualidad y empapado llamo a su puerta. Según me ve antes de saludarmevme dice… ¿necesitas un lugar donde dormir no?

Paro en el camino para descansar, y me recuerdo a mi mismo que esto que sucede es solo ahora.

Paro en el camino para descansar, y me recuerdo a mi mismo que esto que sucede es solo ahora.

Aquí los países son pequeños y en apenas una semana más me encuentro cruzando la frontera con Nicaragua. Me dirijo hacia la isla de Ometepe, donde aparcando a Tatacoa por unos días, recorreré sus bosques y volcanes.

Ballardo es natural de Ometepe, y desde hace muchos años trabaja como guía subiendo al Volcán Madera y Concepción.

Ballardo es natural de Ometepe, y desde hace muchos años trabaja como guía subiendo al Volcán Madera y Concepción.

Los atardeceres en la isla de Ometepe son parte de la magia.

Los atardeceres en la isla de Ometepe son parte de la magia.

La niebla no me acompañó a disfrutar de las vistas del volván Madera, en cambio sentí que había llegado al mismo paraiso.

La niebla no me acompañó a disfrutar de las vistas del volván Madera, en cambio sentí que había llegado al mismo paraiso.

VIDEOS:

Pinchando en los siguentes links puedes ver algunos pequeños videos de este post: El Canal de Panamá y mucha lluvia // Ometepe, volcán Concepción.

Horizonte Norte en Panamá.

Las estrellas brillan sobre mi cabeza. Las puntas de mis pies miran al cielo, mis ojos también, y el agua, que me mece suave, cubre mis orejas sumergidas en un silencio absoluto. Floto en la oscuridad del mar Caribe frente al barco que por estos días se convirtió en mi casa. Su pequeña luz en el mástil baila al mismo ritmo que yo, en silencio.

Saboreo este momento mágico queriéndolo guardar en mis retinas para siempre, una foto que tomo con el corazón y que me guardo para mi egoístamente. Mañana levaremos ancla para poner rumbo a Portobelo.

Antes de embarcarme en el Windquest rumbo a Panamá le había dejado un mensaje a mi amigo Álvaro diciendo que llegaría a Portobelo, que me esperara allí, que yo llegaría en un barco con bandera de Canadá llamado Windquest.

Ya es el segundo encuentro para seguir rodando el documental Horizonte Norte que llevamos a cabo juntos desde hace mucho tiempo en nuestras cabezas, pero que desde hace algo más de dos meses a comenzado a ser una realidad.

Duermo profundo en el camarote de proa tras una noche de guardia nocturna que me toco realizar hasta las 3 de la madrugada, de pronto una voz con acento francés me despierta diciendo…- Juan tu amigo de la cámara está fuera preguntando por ti- es Nico, uno de los franceses que viene a bordo.

Álvaro y David se han montado en un bote para salir a mi encuentro, no tienen claro si llegaré hoy, pero ven aparecer un velero en el horizonte. Photo: David Oliete.

Álvaro y David se han montado en un bote para salir a mi encuentro, no tienen claro si llegaré hoy, pero ven aparecer un velero en el horizonte. Photo: David Oliete.

No se donde estoy, ni que hora es, pero salgo en seguida a cubierta expectante. Alvaro y David están en un bote al lado del Windquest con la cámara en la mano. Un encuentro mágico que se produce a la entrada de la bahía de Portobelo, como no podía ser de otro modo la lucecita roja de su cámara luce brillante esperando mi encuentro, y como si los días no hubieran pasado volvemos a compartir unos días juntos. Sonrío y les doy los buenos días.

Los próximos días comparto con ellos la experiencia de viajar, de trabajar realizando lo que más nos gusta hacer, contar historias a través de las imágenes que el camino nos pone delante, perseguir la luz perfecta que en este país cambia a cada rato.

Álvaro se ha traido un juguetito nuevo a la grabación.

Álvaro se ha traido un juguetito nuevo a la grabación.

Mi aislante de dormir es perfecto para usar de reflector en las entrevistas. Mientras lo guardo Alvaro me muestra el magnifico audio grabado. Photo: David Oliete.

Mi aislante de dormir es perfecto para usar de reflector en las entrevistas. Mientras lo guardo Alvaro me muestra el magnifico audio grabado. Photo: David Oliete.

David pasea por la playa de isla de Perro al final del día. San Blas, Panamá.

David pasea por la playa de isla de Perro al final del día. San Blas, Panamá.

Siempre nos despertamos al amanecer, persiguiendo esa mágica luz que nos hace sentir vivos, y Alvaro siempre lleva colgando sus dos cámaras alli donde va.

Siempre nos despertamos al amanecer, persiguiendo esa mágica luz que nos hace sentir vivos, y Alvaro siempre lleva colgando sus dos cámaras alli donde va.

Alvaro en las islas de San Blas.

Alvaro en las islas de San Blas.

Mis vecinos de carpa esta noche son todo un lujo.

Mis vecinos de carpa esta noche son todo un lujo.

Son diez días que pasan muy deprisa, y cuando me quiero dar cuenta nos estamos despidiendo a las 5 de la madrugada en la ciudad de Panamá.

El próximo encuentro aun no lo sabemos con exactitud, pero eso no nos importa, la esencia de nuestra historia se encontrará siempre en el camino.

 

 

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