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Un último baile. Anchorage.

Ayer REaprendía una gran lección que formaba parte de mi propio discurso pero que por instantes llegué a olvidar.

Escribía hablando en pasado de un viaje que daba ya por acabado, dandole solución a los hechos vividos y esperando que llegara el futuro. Pero olvidé que seguía viajando.

Me reencontré con unos viajeros que conocí en Nicaragua (te quiero hasta Alaska), cenamos juntos, compartimos historias y al salir a la calle el cielo se encendió para nosotros. Viví una de las cosas más bonitas que he visto en mi vida. De la nada aparecieron destellos verdes en el cielo que comenzaron a bailar, a variar su intensidad y su color. Al ritmo de una música silenciosa danzaron frente a nosotros durante horas. La chica de hostel que estaba con nosotros dijo que esto era algo inusual, que jamás habia visto algo asi… y es que el cielo salió a bailar para nosotros.

Aurora boreal desde la ciudad de Anchorage.

Aurora boreal desde la ciudad de Anchorage.

De izq a derch. Gabriel, Flor, Bea, Juan y KK.

De izq a derch. Gabriel, Flor, Bea, Juan y KK.

Esta aurora boreal salía justo encima de nuestra tienda de campaña en el jardín del Hostel...

Esta aurora boreal salía justo encima de nuestra tienda de campaña en el jardín del Hostel…

El final de un viaje. Alaska.

Estoy sentado frente a una mesa, bebiendo café y escuchando historias de personas que en el salón del hostel comparten la emoción de sus primeros días de viaje. Yo escribo, echando la mirada hacia atrás con mi cuaderno de notas en la mano para viajar con vosotros una vez más desde Alaska.

Un tren de carga frena con antelación para romper la inercia que lo mueve y entrar despacio a la última estación. Asi he llegado yo a Anchorage, con la fragilidad de una pesada nave de hierro que le chirrían las ruedas y resopla al viento. Despacio, para frenar poco a poco la enérgica pasión con la que mi bicicleta me llevaba hacia el final de un continente que nunca antes había creído poder alcanzar moviendo los pedales, y como si el mundo se hubiera encogido solo para mi, me doy de bruces con el océano Pacífico.

Es muy difícil para mi transmitir todo lo que estos días se ha pasado por mi cabeza, ahora, a escasos días de regresar, no puedo si no pensar en un futuro cercano. Son muchas las notas que encuentro garabateadas en mi cuaderno y que debo ordenar. Os transcribo ésta tal cual la encontré…

“Tumbado sobre mi aislante, envuelto con las plumas de mi saco y protegido por la tienda de campaña me encuentro frente a un tranquilo lago donde las montañas se dibujan nítidas sobre la superficie. Me he metido al agua, poco a poco atravesaba el espejo y rompía las montañas con mis piernas. El agua estaba fría pero no lo suficiente para detenerme. Cuando Alvaro me grita –quieto- se que tiene una imagen perfecta frente a su cámara desde la orilla. Las ondas del agua van desapareciendo y en cuestión de minutos me encuentro inmerso de lleno en medio del espejo. Frente a mi, las cumbres vestidas con la nieve fresca del dia anterior se rinden ante mi en el reflejo nítido del agua. Me abrazo, quieto, y me olvido del lente que me apunta por la espalda. Pasan los minutos y nadie habla, o yo no escucho nada. Estoy en Alaska”.

Foto de Bea.

Foto de Bea.

Comparto con vosotros las imágenes de estos últimos días, últimas fotografías de una historia que se extendió en el tiempo durante 2 años y medio, si, curiosamente hoy, justo hoy que me siento a compartir con vosotros estas ultimas letras, cumplo exactamente 2 años y medio de aventura.

22 de Febrero 2013- 22 de Agosto 2015

Gracias a vosotros, que habeis empujado mi bicicleta hasta el último dia y me habeis levantado con cada mensaje la mejor sonrisa cada mañana.

Jeffrey, a mi lado, nos invita a cenar y pasar la noche con su familia.

Jeffrey, a mi lado, nos invita a cenar y pasar la noche con su familia.

Tatacoa, mi fiel compañera de viaje desde Bogotá.

Tatacoa, mi fiel compañera de viaje desde Bogotá.

Sam y su mujer escuchan las canciones que su vecina les canta.

Sam y su mujer escuchan las canciones que su vecina les canta.

El glaciar Matanuska desde la carretera.

El glaciar Matanuska desde la carretera.

Poco a poco vamos dejando las montañas atrás.

Poco a poco vamos dejando atrás las montañas.

Alvaro a llegado a Alaska para terminar de grabar nuestro documental Horizonte Norte. A crecido el campamento.

Alvaro a llegado a Alaska para terminar de grabar nuestro documental Horizonte Norte. A crecido el campamento.

Campamento frente la laguna del Glaciar Worthington.

Campamento frente la laguna del Glaciar Worthington.

Bea frente al Glaciar Worthington

Bea frente al Glaciar Worthington

Alvaro frente a un inmeso valle.

Alvaro frente a un inmeso valle.

La niebla tiene un encanto muy particular cuando se trata de fotografiarla. No digo lo mismo cuando tengo que pedalear por la carretera.

La niebla tiene un encanto muy particular cuando se trata de fotografiarla. No digo lo mismo cuando tengo que pedalear por la carretera.

En este país ver alces es casi tan comun como ver caballos en otro paises. A pesar de ello son completamente salvajes.

En este país ver alces es casi tan comun como ver caballos en otro paises. A pesar de ello son completamente salvajes.

Bea y Alvaro montan la tienda de campaña frente a las inmensas montañas.

Bea y Alvaro montan la tienda de campaña frente a las inmensas montañas.

La ventana de nuestra casa siempre tiene vistas magníficas, hoy más.

La ventana de nuestra casa siempre tiene vistas magníficas, hoy más.

Bea siempre es las última en despertarse, pero con estas vistas quien quiere salir de la cama...

Bea siempre es las última en despertarse, pero con estas vistas quien quiere salir de la cama…

Que pequeños somos en estos valles de Alaska.

Que pequeños somos en estos valles de Alaska.

Somos un gran equipo, con ganas de contar una bonita historia.

Somos un gran equipo, con ganas de contar una bonita historia.

Como no voy a sonreir cuando hacemos una entrevista si esto es lo que veo...

Como no voy a sonreir cuando hacemos una entrevista si esto es lo que veo…

… No me despido de vosotros todavía, no podria hacerlo. Seguiremos viajando juntos…

La última frontera, Alaska.

Cruzo el río Yukón en un pequeño ferry que el gobierno ofrece gratuito durante los meses de verano en los que su caudal no está congelado . Desde la otra orilla, dejando atrás Dawson City, se alza hacia las montañas el camino que nos llevará hasta nuestra última frontera del continente americano, la Top of the world highway.

Poco más de 100km nos separan de la línea con Alaska y nuestro exceso de confianza, o quizá nuestra excitación por alcanzar la última frontera, nos hace no poner atención en lo que tenemos por delante las siguientes jornadas.

Calculamos no más de dos días de viaje hasta allí. Estamos optimistas, fuertes y motivados, asi que cargamos las bicicletas de agua y comida y dejamos atrás la ciudad protagonista y testigo de la fiebre del oro a finales del siglo XIX.

El camino de tierra sube desde la orilla del Yukón casi en línea recta hasta lo alto de las montañas durante más de 14 km. Las intensas lluvias de los días anteriores han convertido el camino en un barrizal y nuestras bicicletas, pesadas y patosas, se pegan al terreno haciendo del ascenso algo penoso.

La situación nos pilla desprevenidos ya que los últimos días remando en la canoa y otros tantos descansando en la ciudad no han sido un buen ejercicio de calentamiento para enfrentarlo, y nuestra mente, la herramienta más importante, se sentía ya victoriosa ante esta hazaña a punto de culminar.

Tatatoca se queda pequeña ante estos paisajes de infinitos horizontes montañosos.

Tatatoca se queda pequeña ante estos paisajes de infinitos horizontes montañosos.

Los frecuentes incendios del verano dan paso a estos maravillosos paisajes en los que la fireweed (hierva del fuego) es la primera en crecer.

Los frecuentes incendios del verano dan paso a estos maravillosos paisajes en los que la fireweed (hierva del fuego) es la primera en crecer.

Las nubes, pesadas y oscuras, surcan el cielo atormentándonos a una velocidad asombrosa y descargando intensas lluvias repentinas sobre nosotros. Nos obliga a agachar las cabezas humillados, mirando hacia nuestras ruedas hundidas en el barro mientras las gotas escurren por nuestros chubasqueros.

Tres horas nos lleva alcanzar la cumbre. Sonreímos al ver los valles a nuestro alrededor y, satisfechos por el esfuerzo, paramos a comer bajo un pequeño techo que encontramos en el lado izquierdo del camino. Estamos cansados, pero contentos al imaginar que desde aquí ya solo nos quedará llanear por las montañas, e incluso bajar, hasta la frontera con Alaska. Así que sacamos nuestros sacos de dormir, y mientras la lluvia se estrella contra el techo de aluminio, dormimos una siesta.

Valles, muchos valles.

Valles, muchos valles.

Top of the world highway.

Top of the world highway.

Esto no ha hecho más que comenzar. Las montañas no se acaban nunca frente a nosotros y el camino, que parece bromear con nosotros a un juego que solo le divierte a él, nos lleva arriba y abajo a través de empinadas pendientes. El viento nos golpea fuerte por el lado izquierdo, no se si es el norte, el sur, el este u oeste, aquí el sol se mueve despacio por lo alto del cielo la mayor parte del día y mi orientación no sabe hacia donde mira. La pendiente cada vez se hace más fuerte hasta el punto de parecer una auténtica artimaña de la naturaleza que nos pone a prueba antes de poder gritarle al cielo que alcanzamos la frontera.

Bea esta teniendo problemas con su rodilla desde hace algunos kilómetros y apenas puede hacer esfuerzo sobre la bicicleta, así que en algunos tramos ha de bajarse y caminar cuesta arriba empujando a su recién bautizada “Menijils”. El horizonte comienza a dibujarse curvo bajo las nubes en lo alto – esta vez tiene que ser la última montaña- me digo mientras el viento silva en mis oídos.

Y desde la redondeada cima, efectivamente, hemos alcanzado la última cumbre. Al menos de Canadá.

Bea está teniendo problemas con su rodilla y las cuestas más pesadas debe subirlas empujando la bicicleta.

Bea está teniendo problemas con su rodilla y las cuestas más pesadas debe subirlas empujando la bicicleta.

La frontera con Alaska asoma finalmente tras la cumbre de una montaña.

La frontera con Alaska asoma finalmente tras la cumbre de una montaña.

Sin apenas darme cuenta estoy pasando la frontera con la que tanto tiempo soñé los dos últimos años de mi vida, estoy entrando en Alaska.

Llegué a imaginar en algún momento del viaje que esto sería el máximo éxtasis del periplo, que un inmenso tsunami emocional me invadiría al cruzar la línea imaginaria que cruza estas montañas en las que me encuentro ahora, y en cambio, contrariamente, confirmo mientras me dejo caer hacia los valles con Tatacoa, que la recompensa del viaje la he ido recogiendo en el trayecto.

Alaska era la dirección, no el destino.

Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, Mexico, EEUU, Canadá… Todos y cada uno de ellos han sido mi destino durante estos 29 meses. Cada día, sobre mi bicicleta Makalu primero, y sobre mi actual Tatacoa, llegaba a nuevos destinos que el camino me ofrecía. En realidad he tenido más de 900 diferentes viajes en este largo camino por las américas. Más de 900 días viajando en una bicicleta.

Eduardo, Gustavo, Inés, Julio, Carlos, André, Juana, Eli, Maria Fernanda, Marcelino, Federico, Guillermo, Mariel, Mariana, Pascual, Gunnar, Dwaine… Cada uno de ellos, por nombrar solo una venteaba parte del total, han sido la verdadera recompensa del trayecto. Sonrisas que, no en vano, se cruzaron en mi camino. Un álbum de enseñanzas y recuerdos que me han hecho crecer, observar y compartir.

Pocas veces se me ocurre sacarme una foto delante de un cartel, pero en esta ocasión no he podido evitarlo!

Pocas veces se me ocurre sacarme una foto delante de un cartel, pero en esta ocasión no he podido evitarlo!

Sorprendentemente para mi aun hay muchas personas que viven de buscar oro en los ríos. En esta foto tan solo juegan a encontrarlo a modo de atracción turística.

Sorprendentemente para mi aun hay muchas personas que viven de buscar oro en los ríos. 

Chicken es una pequeña poblacion de antiguos mineros. No tienen ninguna tienda para comprar comida pero en su café nos invitan a un grandioso plato de jugosa carne a la brasa y pasteles! Thank you Curly!!

Chicken es una pequeña poblacion de antiguos mineros. No tienen ninguna tienda para comprar comida pero en su café nos invitan a un grandioso plato de jugosa carne a la brasa y pasteles! Thank you Curly!!

Al cruzar la frontera no se ha terminado aun el periplo final. Las montañas continúan durante 200 km más, y sin comida y mucho cansancio avanzamos lentos y reflexivos hacia la ciudad más próxima.

Abro los ojos dentro de la carpa a las 8:50 de la mañana y el sol ya brilla intenso afuera. Asomo la cabeza abriendo un poco la cremallera de la puerta y veo una manada de Caribus pastando a escasos metros de nuestra tienda. Hincho mis pulmones con el aire frío que baja directo de las montañas, sonrío y le grito al viento -¡Buenos días Alaska!-

Territorio del Yukón. Río abajo.

Me encuentro sentado en la sala de informática del Dawson College, hoy está cerrado, pero mi anfitriona en esta pequeña ciudad me ha dado las llaves para colarme y poder trabajar. Kathryn celebra hoy el segundo cumpleaños de su hijo Jack y la casa no iba a estar para sentarse a escribir en una mesa.

Han pasado días o incluso semanas, no estoy seguro de cuando viajábamos juntos por última vez y mi corazón se llenaba mientras tanto de experiencias y emociones que no tenían tiempo de salir. Pero recorrer el inmenso territorio del Yukon es una experiencia salvajemente gigante que requiere de tiempo para llegar de un lugar a otro, y también de una pausa para recapitular todo lo que ha sucedido mirando hacia atrás.

Atravesando la Cassiar Highway nos cruzamos con la Alaska Highway que nos condujo hacia el oeste al encuentro de la ciudad de Whitehorse.

Despedimos el día frente al lago Squanga, en el Yukon.

Despedimos el día frente al lago Squanga, en el Yukon.

Algunos dias de descanso en Whitehorse los aprovechamos para estirar un poco el cuerpo escalando. Garden Rock, Whitehorse.

Algunos dias de descanso en Whitehorse los aprovechamos para estirar un poco el cuerpo escalando. Garden Rock, Whitehorse.

Despues de unas horas de caminata alcanzamos la primera vista del Samuel Glaciar.

Después de unas horas de caminata alcanzamos la primera vista del Samuel Glaciar.

Explorar lugares poco transitados tiene un encanto particular, pero en muchas ocasiones no existe un camino a seguir y llegar hasta la lengua del glaciar es un auténtico laberinto.

Explorar lugares poco transitados tiene un encanto particular, pero en muchas ocasiones no existe un camino a seguir y llegar hasta la lengua del glaciar es un auténtico laberinto.

Nuestros anfitriones de Warmshower Alain y Martin  son los mejores guias de la zona, sin duda.

Nuestros anfitriones de Warmshower Alain y Martin son los mejores guias de la zona, sin duda.

Hoy nuestro jardin tiene unas vistas de lujo frente al Samuel Glaciar.

Hoy nuestro jardin tiene unas vistas de lujo frente al Samuel Glaciar.

En el corazón del glaciar.

En el corazón del glaciar.

Alain es nuestro anfitrion de Warmshower en Whitehorse y nos hace estar como en casa, en un glaciar o bebiendo vino en su sofa.

Alain es nuestro anfitrion de Warmshower en Whitehorse y nos hace estar como en casa, en un glaciar o bebiendo vino en su sofa.

Estoy completamente enamorado de este lugar, hace tiempo que no sentía mi corazón latir con tanta fuerza como lo hace cuando se llena con el viento que atraviesa los valles del Yukón. Un retorno al instinto más salvaje que brota desde los cimientos de mi ser, una danza con la naturaleza al ritmo de la lluvia y el sol. Olor a tierra mojada, resina y humo.

Dudamos durante varios días sobre nuestra ruta después de la ciudad de Whitehorse. Al final, la idea más emocionante para ambos se torna factible de hacer, nos vamos en canoa a través del río Yukón hasta la ciudad de Dawson. No desde Whitehorse, si no desde la ciudad de Carmacks, a dos días y medio pedaleando.

Remaremos corriente abajo durante 8 días 402 km. Un río por donde miles de personas navegaban en precarias barcas hechas de troncos en busca del preciado oro del rio Klondike entre los años 1897 y 1899.

Nuestra canoa es grande, y va cargada hasta los topes

Nuestra canoa es grande, y va cargada hasta los topes

Parada en una isla del río Yukon.

Parada en una isla del río Yukon.

Vista de los rápidos de Five Fingers desde lo alto, el mayor problema que nos encontraremos a lo largo de nuestro recorrido.

Vista de los rápidos de Five Fingers desde lo alto, el mayor problema que nos encontraremos a lo largo de nuestro recorrido.

Campamento junto a la orilla.

Campamento junto a la orilla.

Nunca antes hemos hecho algo parecido. El rio baja con mucho agua y nuestra canoa de algo mas de 6 metros va cargada hasta los límites con las bicicletas y todas nuestras cosas. Nada mas salir, a cuatro horas río abajo, nos encontraremos con nuestra primera barrera a superar, los rápidos de Five Fingers. No nos queda más remedio que tomarle el tranquillo a nuestra embarcación en estas primeras horas, pero el fuerte viento y la corriente no hacen más que asustarnos y demostrarnos que esto no es un juego y debemos tomárnoslo en serio.

No voy a explayarme en el desarrollo de esta aventura con palabras, quiero que esta vez viajemos por el río Yukon con las fotografías que difícilmente desde la canoa pude ir tomando.

Necesitamos estirar las piernas asi que nos subimos, como siempre, a lo mas alto para mirar.

Necesitamos estirar las piernas asi que nos subimos, como siempre, a lo mas alto para mirar.

Reportando agua fresca en los arroyos que desembocan en el Yukon.

Reportando agua fresca en los arroyos que desembocan en el Yukon.

Los artardeceres duran horas y horas y al final nunca se hace de noche...

Los artardeceres duran horas y horas y al final nunca se hace de noche…

Un Alce nos mira desde la orilla mientras sus crias se mantienen bajo la hierba.

Un Alce nos mira desde la orilla mientras sus crias se mantienen bajo la hierba.

El rio en esta parte aun baja limpio y utilizamos sus aguas para cocinar y beber.

El rio en esta parte aun baja limpio y utilizamos sus aguas para cocinar y beber.

El Gold rush ha dejado mucho restos a lo largo del rio Yukon, las cabañas son algunos de los restos que se mantienen para uso de los viajeros en  la actualidad.

El Gold rush ha dejado muchos restos a lo largo del rio Yukon, las cabañas son algunos de los restos que se mantienen para uso de los viajeros en la actualidad.

Un aguila calva pesca en el rio Yukon sobre nuestras cabezas.

Un aguila calva pesca en el rio Yukon sobre nuestras cabezas.

El rio Yukon.

El rio Yukon.

Avituallamiento de agua en un pequeño arrollo.

Avituallamiento de agua en un pequeño arrollo.

Nos encontramos a Oliviere en el camino, y juntos nos dejamos llevar un rato por la corriente.

Nos encontramos a Oliviere en el camino, y juntos nos dejamos llevar un rato por la corriente.

Acabar el dia con esta vista es algo que voy a echar de menos, seguro.

Acabar el dia con esta vista es algo que voy a echar de menos, seguro.

Ultima noche en

Ultima noche en “el rio de la luz” como Javier Reverte tituló a su libro

Ahora desde Dawson City me encuentro a 100 km de la última frontera. Alaska se esconde tras las montañas que tengo delante y la carretera de tierra que sale desde el otro lado del río nos llevará directamente hacia allí. No estoy triste, expectante quizá, no por lo que encontraré al otro lado de las montañas, sino por vivir la emoción de finalizar un sueño que comenzó hace ya 2 años y medio. Alaska se ha convertido en un símbolo para mi, la última frontera de un camino que me ha enseñado a sonreir de una forma diferente, un recorrido hacia una de las partes más salvajes del planeta y un camino hacia lo más primario de mi ser. Pronto regresaré a España, con muchas ganas de comenzar nuevas ideas, con ganas de emprender nuevos caminos, y es que la aventura continua, y continuará.

PUEDES VER EL VIDEO DE ESTA AVENTURA PINCHANDO AQUI

24 horas.

A las 20:30 nos desviamos por un camino de tierra que salía a la derecha de la Cassiar Highway. El French Creek, paralelo a nuestra izquierda, fluía en nuestro favor abriéndose paso por el valle con amplios meandros. Avanzamos despacio, hablando con voz alta y haciendo sonar el timbre de la bicicleta no sea que algún oso hambriento anduviera pescando por la orilla a estas horas. 300 metros más adelante el río Dease nos dejaba sin lugar para seguir y el camino finalizaba en un pequeño claro del bosque.

El sol aun se mantenía alto, escondido entre las nubes que de cuando en cuando hacían una intensa descarga de agua, y hasta las 23:30 no se perdería aun tras las boscosas montañas del noroeste.

Nos ponemos manos a la obra con el campamento. Bea se dedica a recoger y partir leña con el pequeño hacha que desde hace unas semanas viaja con nosotros y mientras yo escojo una buena cucharilla para ir a buscar la cena al río.

Lanzo una, dos, tres veces… y nada. Pero no me doy por vencido y pruebo con otro tipo de cucharilla.

– ¡¡Bea!! ¡He visto como venia una trucha detrás de la cucharilla pero no ha llegado a morderla!- le grito desde la orilla del río.

Dejando el hacha en el tronco que hacía unos segundo trataba de partir con esmero, salió corriendo a mi encuentro.

– ¡Déjame probar, nunca he pescado una trucha!- Me dice entusiasmada.

Un intento, dos… – ¡¡Ala ala he pescado algo!!-

Es la primera trucha que pesca en su vida, pero no la última, 2 minutos después pescó otro hermoso Grayling.

Después de pescar 2 cada uno encontramos que eran suficientes truchas para llenar nuestros estómagos en la cena, dejamos la pesca y nos dedicamos a encender el fuego. A ratos caía algún breve chaparrón al que no dábamos mucha importancia.

Sentados sobre un tronco secamos nuestras ropas al fuego, cocinamos las 4 truchas y bebemos té.

Una a una vamos asando las truchas al fuego.

Una a una vamos asando las truchas al fuego.

Aqui duermo hoy.

Hoy duermo aqui.

El sol golpea la carpa por el lado donde reposa mi cabeza. Me giro para ver la hora, son la 4:30 am. Estiro mi brazo para alcanzar cualquier prenda que esté a mano y tapándome la cara sigo durmiendo. Por lo menos hace buen día me digo…

Me despierto con el olor a humo de la noche anterior en mi ropa, el aroma a café flota denso por el aire como una nube y las cortezas de pino se mezclan con la intensa fragancia de la tierra mojada. Ojalá todas las mañanas de mi vida olieran así.

Bea cumple sus 8000 km pedaleando justo en el momento que regresamos al arcén, a veces imaginario, de la Cassiar highway 37. Un poco más tarde, yo cumpliré 25.000 km.

Pasamos ríos, bordeamos lagos, nos dejamos caer por los valles o ascendemos pequeños collados en busca de nuevos bosques.

Soy partidario de que la esencia de viajar reside en el concepto individual y no en el medio de transporte, pero cuando te dejas caer por la ladera de una montaña directo al espejo de un solitario lago azul turquesa y sueltas las manos del manillar de tu bicicleta para sentir como el aire acaricia tu cuerpo mientras la sombra de un águila calva se dibuja junto a la mía en el asfalto … crees que no puede existir nada mejor en este mundo.

Good Hope Lake. Podría ser el caribe si el agua no estuviera más cerca de los cero grados que de los 10

Good Hope Lake. Podría ser el caribe si el agua no estuviera más cerca de los cero grados que de los 10

Lagunas, bosques y montañas como capa superior. Dentro osos, lobos, alces, ciervos, castores y millones de pájaros entre otros habitan estas tierras.

Lagunas, bosques y montañas como capa superior. Dentro osos, lobos, alces, ciervos, castores y millones de pájaros entre otros habitan estas tierras.

Pues mas o menos asi me sentía cuando al final de la cuesta que bajaba se levantaba una subida de 400 metros hacia el cielo. Progresivamente fui cambiando las velocidades de Tatacoa a una marcha más suave y con la cabeza agachada me adaptaba poco a poco al nuevo ritmo que la carretera me imponía. Solo mi respiración continua le ponía una banda sonora a lo que estaba a punto de suceder.

Levanté mi cabeza para mirar a lo alto de la cuesta y mis ojos, en vez de encontrar la línea del horizonte, se cruzaron con los de un gran oso negro que a 5 metros de mi me miraba sin parpadear.

Todos los osos negros que hasta ahora hemos encontrado en el camino tienen una mirada bonachona, incluso tontorrona a nuestro paso. Mientras comen a un lado del camino nos miran al pasar sin el más mínimo gesto agresivo en sus ojos, pero no era éste el caso.

Desde el lado derecho de la carretera me mantenía la mirada desafiante. Mis ojos se quedaron atrapados con los suyos observando con verdadero pavor ese inmenso animal negro de grandes dientes y garras. De pronto avanzó hacia mi dos o tres pasos en señal de provocación. Mi corazón se puso a latir fuertemente en la garganta mientras mi cerebro mantenía el cuerpo rígido y estable como si nada estuviera pasando.

Sin levantar la voz pero con absoluta contundencia pronuncie el nombre de Bea, que venia algunos metros detrás de mí, para avisarla. Cuando giré mi cabeza al tiempo que decía por segunda vez su nombre, vi como ya se había dado la vuelta y a toda velocidad se dejaba caer de nuevo cuesta abajo. Yo no podía darme la vuelta, ya era demasiado tarde, mi bicicleta demasiado pesada para hacerlo rápido y cualquier movimiento brusco podría provocar el ataque de nuestro contrincante. Asi que sin quitarle la mirada continué pedaleando cuesta arriba, a 5 km por hora, agarrando el manillar con mi mano derecha mientras con la izquierda abría el mosquetón de seguridad, quitaba el seguro del gatillo y dejaba mi spray anti osos listo para disparar. En cuestión de 3 segundos había conseguido hacer todo esto… si me lo propongo ahora estoy seguro de que acabaría cayéndome al suelo.

Cuando me encontraba a unos 10 metros por encima del animal paré mi bicicleta. Un coche se acercaba y quería ver si se asustaba para reunirme con Bea otra vez, que ya se había subido la cuesta por la que unos minutos antes bajábamos a toda velocidad. Efectivamente retrocedió unos pasos con el estruendo del vehículo y aproveché para retroceder yo también al encuentro de Bea.

Desde lo lejos vimos como cruzaba la carretera y se perdía en el frondoso bosque del lado opuesto. Al parecer simplemente nos habíamos puesto en su camino.

Los osos viven en un lugar sumamente bonito.

Los osos viven en un lugar sumamente bonito.

Seguimos pedaleando con la excitación de lo vivido, la sensación de haber pertenecido por unos escasos minutos a la extrema vida salvaje donde todo se rige a cada instante en el afán de la supervivencia.

Cruzando el Blue River un pequeño camino sale por la derecha de la carretera en dirección a la orilla del caudaloso río. Nos desviamos, apoyamos las bicicletas sobre sus palos, preparamos un fuego y nos ponemos a cocinar.

De pronto un ruido extraño llama mi atención. Miro a Bea. – A debido ser el río- me dice tranquila… y de pronto aparece un inmenso alce caminando por el río a 6 metros de nosotros. Nos mira, sin dejar de caminar, y sigue su camino como intentando disimular. Nos quedamos en shock, mirando fijamente al río y viendo como el inmenso animal desaparece entre los arbustos que tapan la rivera del río. Agarro mi cámara, Bea el Spray anti osos , y salimos corriendo para verlo. Dos crías lo van siguiendo!!

Las nubes terminan por ganarle la batalla al sol y el día se torna lluvioso para la tarde. Pensamos que sería un nuevo chaparrón vespertino, pero no, lloverá hasta el día siguiente.

Buscamos la frondosidad de un bosque para resguardarnos, encendemos fuego, nos sentamos sobre un tronco y secamos nuestras ropas.Son las 20:30 y estamos justo en la frontera con el Yukon.

Una mamá alce cruza el río con sus dos crías frente a nosotros.

Una mamá alce cruza el río con sus dos crías frente a nosotros.

Los arboles son nuestro abrigo para la lluvia, el fuego calor para secar nuestros huesos y los ríos y lagos la despensa donde pescamos la cena. Nuestro instinto florece como el musgo de los bosques, con dirección al norte.

Los arboles son nuestro abrigo para la lluvia, el fuego calor para secar nuestros huesos y los ríos y lagos la despensa donde pescamos la cena. Nuestro instinto florece como el musgo de los bosques, con dirección al norte.

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