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Horizonte Norte en Panamá.

Las estrellas brillan sobre mi cabeza. Las puntas de mis pies miran al cielo, mis ojos también, y el agua, que me mece suave, cubre mis orejas sumergidas en un silencio absoluto. Floto en la oscuridad del mar Caribe frente al barco que por estos días se convirtió en mi casa. Su pequeña luz en el mástil baila al mismo ritmo que yo, en silencio.

Saboreo este momento mágico queriéndolo guardar en mis retinas para siempre, una foto que tomo con el corazón y que me guardo para mi egoístamente. Mañana levaremos ancla para poner rumbo a Portobelo.

Antes de embarcarme en el Windquest rumbo a Panamá le había dejado un mensaje a mi amigo Álvaro diciendo que llegaría a Portobelo, que me esperara allí, que yo llegaría en un barco con bandera de Canadá llamado Windquest.

Ya es el segundo encuentro para seguir rodando el documental Horizonte Norte que llevamos a cabo juntos desde hace mucho tiempo en nuestras cabezas, pero que desde hace algo más de dos meses a comenzado a ser una realidad.

Duermo profundo en el camarote de proa tras una noche de guardia nocturna que me toco realizar hasta las 3 de la madrugada, de pronto una voz con acento francés me despierta diciendo…- Juan tu amigo de la cámara está fuera preguntando por ti- es Nico, uno de los franceses que viene a bordo.

Álvaro y David se han montado en un bote para salir a mi encuentro, no tienen claro si llegaré hoy, pero ven aparecer un velero en el horizonte. Photo: David Oliete.

Álvaro y David se han montado en un bote para salir a mi encuentro, no tienen claro si llegaré hoy, pero ven aparecer un velero en el horizonte. Photo: David Oliete.

No se donde estoy, ni que hora es, pero salgo en seguida a cubierta expectante. Alvaro y David están en un bote al lado del Windquest con la cámara en la mano. Un encuentro mágico que se produce a la entrada de la bahía de Portobelo, como no podía ser de otro modo la lucecita roja de su cámara luce brillante esperando mi encuentro, y como si los días no hubieran pasado volvemos a compartir unos días juntos. Sonrío y les doy los buenos días.

Los próximos días comparto con ellos la experiencia de viajar, de trabajar realizando lo que más nos gusta hacer, contar historias a través de las imágenes que el camino nos pone delante, perseguir la luz perfecta que en este país cambia a cada rato.

Álvaro se ha traido un juguetito nuevo a la grabación.

Álvaro se ha traido un juguetito nuevo a la grabación.

Mi aislante de dormir es perfecto para usar de reflector en las entrevistas. Mientras lo guardo Alvaro me muestra el magnifico audio grabado. Photo: David Oliete.

Mi aislante de dormir es perfecto para usar de reflector en las entrevistas. Mientras lo guardo Alvaro me muestra el magnifico audio grabado. Photo: David Oliete.

David pasea por la playa de isla de Perro al final del día. San Blas, Panamá.

David pasea por la playa de isla de Perro al final del día. San Blas, Panamá.

Siempre nos despertamos al amanecer, persiguiendo esa mágica luz que nos hace sentir vivos, y Alvaro siempre lleva colgando sus dos cámaras alli donde va.

Siempre nos despertamos al amanecer, persiguiendo esa mágica luz que nos hace sentir vivos, y Alvaro siempre lleva colgando sus dos cámaras alli donde va.

Alvaro en las islas de San Blas.

Alvaro en las islas de San Blas.

Mis vecinos de carpa esta noche son todo un lujo.

Mis vecinos de carpa esta noche son todo un lujo.

Son diez días que pasan muy deprisa, y cuando me quiero dar cuenta nos estamos despidiendo a las 5 de la madrugada en la ciudad de Panamá.

El próximo encuentro aun no lo sabemos con exactitud, pero eso no nos importa, la esencia de nuestra historia se encontrará siempre en el camino.

 

 

Mar Caribe, hacia un nuevo continente.

Histórica. Una puerta con el resto del mundo durante siglos que hoy conserva parte de su arquitectura colonial por sus estrechas calles empedradas. Balcones construidos en madera y fachadas de colores vivos que dan luz y alegría. En el interior de las casas los patios están custodiados por altas palmeras que sobresalen por encima de los tejados… la brisa del caribe, siempre presente, penetra en los gruesos muros que protegen la ciudadela y silva entre los cañones que se asoman hacia el mar.

Son todos los ingredientes para haberse convertido en un auténtico oasis turístico dentro de la costa caribeña de Colombia.

Existen dos “Cartagenas” más, que junto con ésta, la más conocida, conforman la totalidad de Cartagena de Indias en este siglo en el que vivimos. Todo un contraste de barrios, clases sociales y seguridad dentro de la misma ciudad.

Desde aquí solo tengo dos opciones para cruzar a Panamá, por mar o por aire. El estrecho de Darien corta las Américas en dos sin dejar posibilidad de cruzar sus espesas selvas por tierra. Decido viajar por mar, asi que me dirijo al puerto para encontrar un barco y navegar por el Caribe hasta la costa Panameña.

Después de tres días plantado delante del náutico hablando con todos los capitanes que voy encontrando en el camino, conozco a Glenn.

Glenn es nuestro capitán, y hoy prepara langostas para nosotros.

Glenn es nuestro capitán, y hoy prepara langostas para nosotros.

A sus cincuenta y muchos años de edad dejó su trabajo en Canada como doctor Otorrino para viajar a favor del viento. Compró su ultimo velero en Bocas del Toro, y desde hace algunos años es dueño del Windquest, un barco del año 74 con 14 metros de eslora. Su interés no reside en ganar dinero llevándome en su travesía, por lo que solo tengo que cubrir los gastos de permisos, gasoil y comida. Estoy a bordo del Windquest.

Un problema con algunos papeles hace que el zarpe se retrase una semana de lo previsto, y durante los siguientes días vivo con Glenn y Eva disfrutando de la vista de Cartagena desde el mar.

Eva es una joven Colombiana de isla Fuerte que se cruzó con Glenn cuando visitaba su isla. Su risa es contagiosa, su personalidad inquieta, y desde entonces viajan juntos.

Eva nació en isla fuerte, una pequeña isla en el norte de colombia.

Eva nació en isla fuerte, una pequeña isla en el norte de colombia.

Vivir en un barco, que bonita idea.

Vivir en un barco, que bonita idea.

A lo largo de los días, mientras íbamos y veníamos de coger agua para llenar los depósitos de nuestra casa flotante o elegíamos algo rico para cocinar en el supermercado, fuimos encontrando más viajeros que querían cruzar como yo hasta Panamá. Guiados por sus sonrisas aceptamos subirlos a bordo y disfrutar de su compañía durante la travesia.

Nico, Arthur, Alice, Manon, Ezequiel, Eva, Glenn y yo. Ya estamos listos, y zarpamos rumbo Panamá.

La solicitud de zarpe no es fácil conseguir y finalmente lo hacemos a las 14:00. El atardecer nos acompaña mientras aun seguimos dejando atrás la bahía de Cartagena. Estamos con ganas de navegar, el mar esta calmado, el cielo precioso, nuestras energías más positivas que nunca.

Terminar el día asi, no se olvida nunca.

Terminar el día asi, no se olvida nunca.

Las olas se van levantando poco a poco justo cuando salimos a mar abierto, el sol ya se ha escondido y los últimos rayos de luz se van despidiendo entre los primeros bandazos del barco.

Nico y Arthur son dos jóvenes franceses de 23 y 21 años respectivamente que vienen de un pequeño pueblo cercano a los Alpes. Viajan con una mochila enorme a sus espaldas recorriendo algunos lugares de Sudamérica. Viajaron en furgoneta por el norte de Chile, y ahora abandonan Colombia para viajar a Costa Rica.

Ezequiel es un argentino con corazón de oro que comenzó hace más de un año su viaje con mochila. A sus 28 años ya ha recorrido todos los rincones de Sudamérica financiándose gracias a su creatividad. Malabares, espectáculos de payaso, artesanía… no hay nada que le haga mirar atrás y continua avanzando en su viaje hacia Mexico. Desde Quito, Ecuador, cambio sus botas por los pedales y ahora viaja en una bicicleta construida por el mismo.

Manon y Alice tienen 23 años. Son dos chicas de la capital Francesa que poco tienen que ver el perfil parisino. Viajan por algunas semanas con sus mochilas a la espalda antes de regresar a sus estudios con la cabeza puesta en el siguiente viaje. Su buena energía es una maravillosa compañía a bordo.

Hoy el mar esta como un plato y nos toca encender el motor.

Hoy el mar esta como un plato y nos toca encender el motor.

Bueno pues el barco comenzaba a moverse os estaba contando… y siguió moviéndose. Sin darnos cuenta la noche estaba completamente negra, más negra que nunca, y el viento parecía esta enfadado con nosotros, o quizá solo quería saludarnos, pero las olas se levantaban chocando contra el Windquest fuertemente. Nos zarandeamos de un lado a otro mientras avanzamos lentamente en la oscuridad. De pronto Glenn me grita unas ordenes que no soy capaz de comprender a la primera, pero me hace el gesto con su brazo de que mueva la manivela que recoge la vela, asi que allí me lanzo, a darle vueltas con todas mis fuerzas a la manivela mientras Glenn suelta lentamente la cuerda que tensa la vela.

(Hablo en términos completamente caseros porque no tengo ni idea de los nombres técnicos, y asi lo entendemos todos)

Las olas me mojan entero mientras agarrándome con mi mano izquierda y haciendo fuerza con las rodillas puestas en uno de los asientos, recojo la vela que parece infinita. El viento la mueve en todas direcciones como queriéndola arrancar, me duele el hombro… pero sigo hasta el final. Miro a Glenn y me sonríe por mi buen trabajo, mientras una ola me lanza contra la rueda de timón.

Escuchar el sonido del barco romper contra el mar es una banda sonora que no quieres dejar de escuchar nunca.

Escuchar el sonido del barco romper contra el mar es una banda sonora que no quieres dejar de escuchar nunca.

Ezequiel y Nico no soportan más el mareo y agarrados como pueden a lo primero que pillan asoman sus cabezas por la borda. Alice, aun no se de que modo, prepara sándwich de aguacate en la cocina mientras el barco llegaba a más de 35 grados de inclinación con cada bandazo.

Las sonrisas de unas horas antes se convierten en concentración absoluta por sobrevivir al malestar y al sueño que poco a poco comienza a adueñarse de nosotros.

Una mágica luz que solo el mar puede ofrecer al amanecer, nos despierta con la calma de un mar suave. El olor a café invade el interior del barco y poco a poco nos vamos reuniendo todos en la cubierta. Los ojos cansados miran al horizonte entre reflexivos y somnolientos, Glenn sigue al timón con una taza de café recién hecho en la mano.

Arthur en la proa de Windquest.

Arthur en la proa de Windquest.

El día pasa tranquilo mientras navegamos hacia isla Fuerte, donde soltaremos ancla para disfrutar con la familia de Eva.

Nos acercamos a la costa esquivando los arrecifes que protegen la isla. Una lancha se acerca a nosotros para guiarnos hacia la costa. – ¡Mira es Eva!- grita un de ellos cuando la vé. Todos se conocen, la isla tiene escasos 2 kilometros de largo y ordenadamente se distribuyen las casas de las aproximadamente 2500 personas que habitan en ella. La familia de Eva nos recibe en su casa con un abundante almuerzo a base de pescado, patacones y arroz que devoramos gustosos tras haber recorrido la isla en busca del árbol que camina y la cueva del pirata Morgan.

Nico y yo vigilamos desde la proa el fondo mientras n os acercamos a la costa.

Nico y yo vigilamos desde la proa el fondo mientras n os acercamos a la costa.

Alzamos velas y volvemos a navegar. Esta vez ya hemos aprendido la lección y antes de llegar a mar abierto ya hemos dejado preparada una olla de arroz y otra de espaguetis para no pasar hambre por mucho que se mueva el barco.

El tiempo pasa lento, los dias pasan rápido.

El tiempo pasa lento, los dias pasan rápido.

Los días a bordo pasan despacio, y a la vez volando. Conversamos, leemos, nos tiramos cubos de agua por la cabeza, cocinamos, freímos a Glenn a preguntas sobre navegación…y de pronto se escucha en la cubierta – ¡¡Delfines!! ¡¡hay delfines!!- todos salimos a ver a nuestros visitantes que nadan a toda velocidad en la proa del Windquest. Saltan, se cruzan entre ellos, van de lado a lado, nos muestran su blanca panza… y de pronto saltan 6 a la vez frente a nosotros. Golpeamos el casco del barco para saludarlos, estamos extasiados y gritamos juntos entre risas y “ohh” que lanzamos al unisono. – that´s a good signal- grita Glenn desde la rueda de timón. Pasamos más de 40 minutos atravesando juntos el mar caribe, tras la excitación, nos sentamos con los pies colgando hacia el agua y tranquilos disfrutamos mirando danzar a nuestros amigos en el agua.

¡delfines! ¡hay delfines!

¡delfines! ¡hay delfines!

Nos sentamos en la cubierta a disfrutar de los delfines saltar frente a nosotros.

Nos sentamos en la cubierta a disfrutar de los delfines saltar frente a nosotros.

Las primeras islas del archipiélago de San Blas comienzan a verse en el horizonte. Sus palmeras se perfilan con el cielo y su arena brilla con el sol que cae completamente cenital. El color del agua es azul oscuro debido a los más de 60 metros de profundidad que aun tenemos bajo nuestros pies, pero cuando la panza del barco golpea la superficie del mar se distingue en el agua que salta los matices de un color celeste oscuro atravesados por la luz del sol. Junto a las islas, donde el color se convierte en algo completamente mágico, los corales se dejan ver a 20 metros de profundidad en un agua cristalina de un color turquesa.

Los Guna Yala navegan sobre canoas talladas de una sola pieza de arbol y con dos velas.

Los Guna Yala navegan sobre canoas talladas de una sola pieza de arbol y con dos velas.

Nuestra isla para hoy es esta.

Nuestra isla para hoy es esta.

Poco a poco vamos sorteando las rocas y arrecifes para ir navegando entre las 365 islas que componen este archipiélago paradisiaco. Solo 80 de ellas están habitadas por los indígenas que viven en esta parte del planeta desde hace muchos cientos de años atrás, los Guna. (En muchos lugares lo veréis escrito como Kuna, pero como en su lengua no se pronuncia la “k” se ha derivado a Guna, a pesar de que se siga pronunciando como kuna.)

Las embarcaciones de los Guna Yala son canoas talladas en madera de una sola pieza e impulsadas por una vela.

Las embarcaciones de los Guna Yala son canoas talladas en madera de una sola pieza e impulsadas por una vela.

Los niños siempre son los primeros en darme la bienvenida.

Los niños siempre son los primeros en darme la bienvenida.

Yanet tiene 4 años y vive en una de las islas habitadas de San Blas.

Yanet tiene 4 años y vive en una de las islas habitadas de San Blas.

Los niños siempre son los primeros en darme la bienvenida.

Los niños siempre son los primeros en darme la bienvenida.

Por fin se escucha el sonido del ancla golpear el agua, y en cuestión de segundos ya estamos saltando al mar. Nadamos hasta una isla desierta que esta a unos 200 metros. El mar ha ido depositando gran cantidad de plásticos en su costa, pero no hay mal que por bien no venga, cogemos unas sandalias de cada pie que encontramos por ahí y ya podemos caminar tranquilos por sus rocas. Inmensas caracolas pueden encontrarse por todos los rincones, cocos, fosiles de coral… dar la vuelta completa a la isla no me lleva más de 10 minutos paseando.

Una vez que el ancla se agarra al fondo ya podemos saltar al agua

Una vez que el ancla se agarra al fondo ya podemos saltar al agua

Hemos echado el ancla, es tiempo de baño.

Hemos echado el ancla, es tiempo de baño.

El agua es tan transparente que dan ganas de beberla

El agua es tan transparente que dan ganas de beberla

Una caracola fosilizada a las rocas

Una caracola fosilizada a las rocas

Esta será nuestra isla para hoy. San Blas.

Esta será nuestra isla para hoy. San Blas.

Mientras abro un coco con mi navaja en la cubierta del Windquest, Glenn comienza a hablar de repente… “Mirar a vuestro alrededor, hay personas que gastan toda su vida trabajando estresados en una oficina para poder disfrutar de un momento asi 15 días al año. Yo me di cuenta tarde de que la vida se puede vivir de un modo diferente, de que se puede disfrutar, y os miro a vosotros, jóvenes que sabeis sonreírle a la vida, y soy feliz de estar aquí con vosotros y compartirlo…” nos miramos entre nosotros con una sonrisa pero sin saber que decir, mientras Glenn en silencio se levanta, se acerca a la orilla de la cubierta y sin dudar un instante salta al agua. Explotamos en aplausos, risas y alabanzas por el momento que acabábamos de vivir, una lección de vida que salió de su corazón de un modo espontaneo, lo sintió desde lo más profundo y lo compartimos con él saltando al agua del caribe frente a una isla desierta que en ese mismo instante nos pertenecía.

"Hay personas que gastan toda su vida trabajando estresados en una oficina para poder disfrutar de 15 dias aqui, donde estais vosotros ahora, yo me di cuenta tarde de que la vida es diferente y se puede vivir como tu quieres, pero soy feliz de estar aqui ahora, con jovenes como vosotros que le sonrien a la vida..." Estas palabras las dijo Glenn, nuestro capitan de 57 años, antes de tirarse al agua desde su velero de un salto. A continuacion saltamos todos los que estabamos a bordo. Islas de San Blas, Kuna Yala, Panama.

Islas de San Blas, Kuna Yala, Panama.

DISFRUTA EL VIDEO DE ESTA AVENTURA PINCHANDO AQUI: VIDEO

Desierto del viento, tierra de wayuus y sol.

Me encuentro en la Guajira, una gran península desierta al norte de Colombia que colinda al este con Venezuela. La etnia Wayuu habita estas tierras dominadas por el viento y la arena desde hace cientos de años. El agua dulce es prácticamente inexistente y el horizonte se pierde en el infinito tras un cielo siempre azul.

Me he propuesto llegar al Cabo de la vela, un pequeño pueblo a orillas del mar caribe que vive del poco turismo que lo visita. Para llegar se debe atravesar un basto desierto dominado por fuertes rachas de viento.

Tomo la decisión de llegar costeando por donde en mi mapa salen algunos pueblos y regresar por una carretera de tierra que atraviesa en línea recta la planicie y que es la vía común para los coches. 80 km me separan de mi pequeño paraíso.

Leticia pertenece a la etnia Wayuu, y mientras teje una mochila espera a algun coche que la lleve al Pilón de Azucar para vender sus artesanias.

Leticia pertenece a la etnia Wayuu. Su cara esta pintada con un hongo que la protege del sol.

En el pueblo de Manaure me abastezco de comida como para tres días, pensando asi en no comprar nada en el Cabo de la Vela donde será más caro. Llevo 5 litros de agua repartidos en botellas, me han dicho que el agua escasea pero que podre conseguir en algunos de los pueblos del camino y no quiero cargar mas la bicicleta.

El camino por donde abandono el pueblo es pequeño, con muchas variantes que me hacen despistar fácilmente. A ratos la arena es tanta que no soy capaz ni de empujar mi bicicleta y la levanto todo lo que puedo para tratar de avanzar… a las dos horas había avanzado menos de 10km, me doy cuenta de que no voy a llegar hoy al Cabo, quizá tampoco mañana. Por un momento pienso en regresar, me quedan 70km para llegar y ya me he bebido la mitad del agua. El sol cae a plomo sobre mi sombrero, la arena quema mucho, y las ruedas se reblandecen… pincho, parcheo y al cabo de un rato otro parche se vuelve a derretir… desmonto la rueda, como arena que el viento levanta contra mi, arreglo el pinchazo poniendo mi oído para escuchar la salida de aire y sigo optimista algunos metros.

Intento buscar el camino que menos arena tiene, pero se convierte en un laberinto.

Intento buscar el camino que menos arena tiene, pero se convierte en un laberinto.

Solo me he encontrado dos personas en el camino y tan solo me han pedido dinero en un castellano que se entendia menos que los gestos que me hacían con la mano. A decir verdad estoy un poco asustado, el lugar es increíble pero me ha pillado por sorpresa, atravieso un desierto enorme del cual no conozco nada, mi única guía es el mar que por fin he vuelto a encontrar, pero apenas tengo agua y sin agua no hay comida para cocinar.

Al fondo veo unos tejados, debe de ser un pueblo asi que me acerco para poder descansar allí y con suerte conseguir algo de agua. Solo un hombre vive aquí, Benito. Su oficio de buzo le ha ido dejando medio sordo por lo que en contraste con el silencio que nos rodea, hablamos a gritos. La iglesia abandonada, barcos hundidos en la arena golpeados por las olas, viejas redes de pesca… es un paisaje bello pero desolador, aun se respira la energía que un dia hubo aquí.

Benito vive solo en el pueblo de Auyama.

Benito vive solo en el pueblo de Auyama.

Playa de Auyama donde los barcos estropeados o abandonados se dejan morir sobre la arena.

Playa de Auyama donde los barcos estropeados o abandonados se dejan morir sobre la arena.

Detalle en un rincón de la playa.

Detalle en un rincón de la playa.

En seguida me doy cuenta de que en esta parte del planeta lo que ofrezcas te lo van a aceptar, no hay de nada asi que todo es bienvenido. De este modo soy yo el que saco mi comida de las alforjas para compartir con Benito. Él, como todo el mundo en mi viaje, alucina con la cocina que transporto, se queda anonadado mirándola como quien mira una hoguera, y a gritos me pregunta todo lo que se le ocurre… que bien me vendría para ir a pescar en el barco y hacerme un tinto me dice… me despisto un momento y me pide hasta la bici!

Y es que realmente aquí no hay nada, es una tierra que no se puede cultivar, tan solo las cabras resisten esta austeridad y tienen una dependencia absoluta del mar y del pueblo mas cercano, Uribia o Manaure.

Sumerjo la cabeza en el mar con el sol desapareciendo tras el horizonte y me tumbo en la hamaca. Saboreo la sal en mis labios y la brisa de la tarde, sonrío. Me doy cuenta de donde estoy, feliz, de haber seguido adelante y no haberme rendido. Cierro los ojos y duermo… me despierto a media noche con la luna creando sombras en los relieves del desierto, la estrellas que sobreviven a su intensidad lucen brillantes como siempre. Quiero quedarme con los ojos abiertos pero cuando los vuelvo a abrir el sol ya esta asomando delante de mi… la hamaca de balancea con el vaivén del viento y me siento más vivo que nunca, – buenos días- me digo a mi mismo.

Una de las artesanias de los wayuus son la fabricación de sandalias que adaptan al mundo occidental a su modo.

Una de las artesanias de los wayuus son la fabricación de sandalias que adaptan al mundo occidental a su modo.

Tengo esperanzas de poder llegar hoy al Cabo de la Vela y salgo con una sonrisa pedaleando por el camino de arena que me lleva a lo largo de la costa hacia el norte, a ratos la tierra es dura, otros la arena me hace empujar y levantar la bicicleta con todas mis fuerzas. Pincho, una y otra vez hasta que finalmente me quedo sin parches ni pegamento… estoy en mitad de la nada y no se me ocurre como arregalar la rueda… sigo adelante con la rueda trasera pinchada, voy despacio pero mas rápido que caminando y recorro los 10km que me llevan a casa de un señor en menos de dos horas… aquí casi todos se mueven en bici de casa en casa asi que todos tienes parches.

Sexto pinchazo del día y ya no me quedan parches ni pegamento.

Sexto pinchazo del día y ya no me quedan parches ni pegamento.

Finalmente el sol se esta apagando en el mar y aun sigo pedaleando…al fondo, sobre el horizonte veo unas antenas que imagino pertenecen a el Cabo de la Vela pero no me da tiempo a llegar con luz y no me gusta llegar de noche a los sitios en bici asi que en una casa que veo al borde del mar paro a descansar. Me dejan taparme con su casa del fuerte viento que sopla hacia el mar y allí, en la orilla del mar caribe me tumbo sobre la arena mirando las estrellas, solo se escuchan las pequeñas olas romper contra la orilla y en cuestión de segundos estoy soñando…

Atardece en la Guajira, sobre el mar Caribe.

Atardece en la Guajira, sobre el mar Caribe.

Me despierto a las 5:15, justo antes de la salida del sol…Alex, la persona que me dejo el lugar para dormir, esta empujando el barco hacia el mar con dos personas más. Yo les miro desde la orilla, junto al silencio de la mañana, y justo cuando me ve y levanta su brazo para despedirse el sol ilumina su rostro que veo lucir con una sonrisa. No grita ni dice nada, pero su dedo pulgar en alto me esta diciendo – ¡buen viaje amigo!

Llego al cabo de la Vela con las primeras luces del día. Los comerciantes tiran cubos de agua de mar en el suelo para evitar que durante el dia se levante la arena con el viento, otros la barren con rastrillos. A mi paso todos se voltean a mirarme, y asombrados me levantan una mano o la cabeza a modo de saludo. Socorro esta barriendo su terraza y me siento con ella ha hablar un rato, ella pone el agua dulce, yo el café y compartimos un tinto.

Jugar con la pelota en la playa siempre termina con un bañoen el mar al final del día.

Jugar con la pelota en la playa siempre termina con un baño en el mar al final del día.

Mi casa en el Cabo de la Vela. No necesito más.

Mi casa en el Cabo de la Vela. No necesito más.

 

Puedes ver un pequeño VIDEO de esta aventura por la Guajira pinchando aqui 

 

Vuelve la magia

Comienzo a poner las alforjas sobre los lomos de Tatacoa mientras la calle alborotada de coches me hace estar más acelerado de lo normal . Estoy en el centro de Bogotá, y hoy dejo atrás esta inmensa ciudad para dirigirme hacia norte, al encuentro con el mar Caribe.

He pasado aquí más días de lo que esperaba, la visita de Álvaro para rodar el documental de “Horizonte Norte” y el trámite de la visa americana me han tenido disfrutando de esta ciudad en lo que pensaba iba a ser una caótica estadía.

David me ofreció su casa con las llaves en mi mano, un antiguo compañero de trabajo al que hacía muchos años que no veía pero que me abrió los brazos con todas las atenciones necesarias para que cualquiera se sienta como en casa en una capital loca como esta. Desde su azotea se no se respira aire puro, pero se siente la brisa correr por los tejados mientras el sol te calienta elrostro.

David Meilan es un viejo amigo de España afincado en Bogotá

David Meilan es un viejo amigo de España afincado en Bogotá

Otro eslabón fundamental en esta cadena de comodidad ha sido Diego, quien viviendo en Soacha, a las afueras de Bogotá, me atendió tanto a mi llegada como a mi salida de la gran ciudad. Es, sin duda, la mejor compañía para pedalear por las calles de la capital colombiana y un magnífico anfitrión.

Diego Medina vive en Soacha y disfruto de su hospitalidad en esta ciudad.

Diego Medina vive en Soacha y disfruto de su hospitalidad en esta ciudad.

Luisa, Andrea, Diego, July, Fernando… también gracias a ellos me he podido encontrar como si de mi ciudad se tratase.

Y es que si algo resalto de Colombia, por encima de todo, es que las personas son lo más hospitalario que he encontrado en el camino. Siento rabia por la imagen que existe de puertas a fuera, es cierto que se vivieron tiempos muy complicados aquí, pero como digo siempre, los países no son la política que ejercen cuatro gatos, la esencia de los países, más allá de sus paisajes también, se encuentra en las personas que habitan en ellos.

Gerardo Flores me encuentra pedaleando en la carretera y me acompaña unos cuantos kilómetros para conversar.

Gerardo Flores me encuentra pedaleando en la carretera y me acompaña unos cuantos kilómetros para conversar.

Mientras reparto toda la carga por las alforjas de Tatacoa un hombre se acerca a mi para preguntarme a donde me dirijo con una bicicleta tan cargada. Y esto para que sirve, como duermes, donde comes…todas esas preguntas que comienzo a responder mecánicamente cuando me encuentro pedaleando, pero que hoy me agrada contestar, hoy estoy reanudando el viaje y estas preguntas me hacen recordar que no hay miedo en dejar atrás la comodidad que me ofrecieron aqui. De pronto desaparece, cruza la calle y se mete en la tienda donde trabaja que esta al frente. Cuando regresa me dice sonriente –Toma, he visto que no tienes una luz en tu bicicleta- Regresa la magia de viaje, aun no he dado la primera pedalada para abandonar esta ciudad y ya siento despertar en las personas su auténtica esencia.

Salir de Bogota, a pesar de la no fluidez del tráfico, es siempre tarea mas o menos agradable ya que se encuentra a 2600msnm y prácticamente a todas las direcciones donde te dirijas tienes de bajar. Asi que, a pesar de que hoy llueve, salgo rumbo al norte con ganas de volver a la carretera. Estoy empapado, y hace un poco de frío, pero se que unos pocos kilómetros después me enfrentaré al calor de los valles y saboreo esta brisa contra mi cuerpo mojado con el mejor de los escalofríos.

Cuando he dejado el bullicio de la ciudad a mis espaldas y los pueblos comienzan a separarse por algunos kilómetros de campos llenos de vacas, paro a beber un tinto (café solo) con un par de panes para recomponerme un poco. No tengo monedas sueltas para pagar, solo un billete de 10.000 pesos (5 dolares) y la señora tras buscar en su bolsillo por un rato me dice –no te preocupes, ya me lo pagarás a la vuelta- -pero cuando regrese los intereses van a ser mas caros que lo que le debo por el café- le respondo bromeando… se ríe mientras me levanta la mano despidiéndose de mi. Su marido, que esta asando carne en el fuego, también se gira y me desea buen viaje.

Diego me hace mil preguntas por minuto mientras cocino en el jardín de su casa.

Diego me hace mil preguntas por minuto mientras cocino en el jardín de su casa.

Me siento como comenzando un nuevo viaje. Pedaleo con muchas ganas sobre mi nueva compañera de viaje, que sobre el asfalto vuela alcanzando velocidades que me hacen tener más ganas de seguir adelante. Hago muchos más kilómetros por día de los que podía hacer antes a lomos de mi Makalu, el grosor de estas ruedas me ayudan a ello y me siento a gusto. Pero a ratos pienso en Makalu y me pregunto como estará ahora, se quedó en Fusagasugá, en casa de Giovany, una gran persona que me acogió en su casa y que sé, con seguridad, que cuidará de ella y se la hará disfrutar también a quien más la necesite.

Juan administra con su esposa un hospedaje y restaurante, a pesar de ello me dejan un lugar para poner mi casa de tela y me sirven un hermoso plato de sopa.

Juan administra con su esposa un hospedaje y restaurante, a pesar de ello me reciben con un zumo frio en la mano y me prestan un lugar donde poner mi casa de tela sirviendome un hermoso plato de sopa para cenar.

Después de disfrutar de una larga bajada la temperatura poco a poco va ascendiendo a una media de 45 grados. El calor del sol golpea mi espalda y cabeza mientras que el asfalto lo hace rebotar contra mi cara. Llevo en la cabeza un pañuelo enrollado a modo de turbante para protegerme pero no me hace sombra en la cara, y la crema que me unto se me derrite con el sudor….voy empapado, pedalear con esta temperatura se me hace casi insufrible. Al pasar pon un pueblo veo muchos sombreros colgando de un puesto, pregunto su precio, me lo pienso…pero es el presupuesto mío de dos o tres días, y decido seguir así, con mi turbante.

Esta mañana necesito trabajar un poco desde mi oficina.

Esta mañana necesito trabajar un poco desde mi oficina.

Un grupo de niños se lanza al agua desde lo alto de un puente.

Un grupo de niños se lanza al agua desde lo alto de un puente.

Las carreteras se hacen cada día más rectas y largas, los pueblos cada vez distan a más distancia entre sí, los árboles a cada kilómetro son más pequeños, y las sombras a cada metro tienen menos superficie. Poco a poco voy acercándome a la guajira, punto mas al norte de Colombia que hace frontera por el este con Venezuela y que corona el punto más al norte del continente sudamericano en Punta Gallinas.

William vende sandias en un cruce de carretera. Su sonrisa es contagiosa. Bebiendo café al amanecer.

William vende sandias en un cruce de carretera. Su sonrisa es contagiosa. Bebiendo café al amanecer.

Militares custodian  esta parte del recorrido con puestos de control cada pocos kilómetros. Años atrás esta fue una zona de fuerte afluencia de guerrilla y paramilitares y a día de hoy esta altamente custodiada para su control. Al pasar por delante de un militar que se encuentra con su fusil bajo una sombra y vestido como si en el polo norte estuviera, me levanta la mano haciéndome la señal de parar. Freno, le miro, sonrio y le doy las buenas tardes. Dudo de cual serán sus intenciones en un primer momento… se acerca a mi y me dice – ¿no se cansa con todo ese peso y este sol? ¿de donde viene? Comienza a hacerme esa lista de preguntas que por arte de magia es exactamente la misma en todas las personas que me encuentro en el camino, está aburridísimo y quiere matar el rato hablando conmigo. De pronto, mientras estoy contándole que un día pedalee por las playas de Brasil, bajo la mirada al suelo y veo un sombrero de paja en perfecto estado tirado en la cuneta… dudo que sea del militar pero de igual modo corto mi historia sobre mis desventuras en bicicleta y  le pregunto… ¿ese sombrero es suyo?

Ato mi turbante en la parte trasera de la bicicleta y continuo pedalenado bajo el sol, a la sombra de mi nuevo sombrero de paja.

Pedaleando a mas de 54 grados y encontrarse este rincón no tiene precio.

Pedaleando a mas de 54 grados y encontrarse este rincón no tiene precio.

 

 

Un pequeño video de algunas partes del post aqui 

Comienza Horizonte Norte

Después de largas conversaciones de skype en las que acabábamos soñando despiertos y concretando pocas cosas, mi amigo Álvaro se presentó de repente en Bogotá con una mochila llena de cámaras y lentes.

Comenzaba por fin la grabación del documental Horizonte Norte, un registro audiovisual que narrará mi viaje hacia Alaska desde la especial mirada de Alvaro. Un viaje a través de las tres Américas que compartiremos juntos en diferentes puntos del planeta para sentir junto a vosotros la esencia de viajar.

Buscamos siempre la mejor luz para salir con nuestras cámaras a fotografiar y grabar...eso no lo podemos evitar.

Buscamos siempre la mejor luz para salir con nuestras cámaras a fotografiar y grabar…eso no lo podemos evitar.

Desierto de Tatacoa

Alvaro no para quieto ni un instante, y allá donde mires le veras saltando con dos camaras en la mano

Bajo las paredes de roca en Suesca hacemos un alto para disfrutar de un tinto (café) recién hecho.

Bajo las paredes de roca en Suesca hacemos un alto para disfrutar de un tinto (café) recién hecho.

Por fin compartimos una noche bajo las estrella. Desierto de la Tatacoa, Colombia.

Por fin compartimos una noche bajo las estrella. Desierto de la Tatacoa, Colombia.

 

Eduardo Cardenas pasa todas las tardes con sus amigos sentados en los bancos de las calles del Cocuy.

Eduardo Cardenas pasa todas las tardes con sus amigos sentado en los bancos de las calles del Cocuy.

Disfrutamos de las historias de los cuentan  habitantes de Cocuy con dos camaras en la mano y ellos tan felices.

Disfrutamos de las historias que nos cuentan los habitantes de Cocuy con dos camaras en la mano y ellos tan felices.

Han sido solo 12 días en los que hemos aprovechado hasta el último instante juntos. Compartiendo un modo de vida que a los dos nos atrapa por igual, y mientras perseguimos las mejores luces que pintan los rostros y paisajes de Colombia cerramos los ojos y respiramos el aire que nos rodea, porque ante todo, nuestra pasión es viajar.

Buscando la luz en el Parque Natural del Cocuy

Buscando la luz en el Parque Natural del Cocuy

nuestro campo base en el parque nacional del Cocuy esta instalado.

Nuestro campo base en el parque nacional del Cocuy esta instalado.

Ascendiendo hacia los glaciares de las montañas que se encuentran a los 5000 msnm

Ascendiendo hacia los glaciares de las montañas que se encuentran a los 5000 msnm

Alvaro grabando en el corazón del glaciar.

Alvaro grabando en el corazón del glaciar.

Nos hacemos pequeños en estos paisaje salvajes de montaña.

Nos hacemos pequeños en estos paisaje salvajes de montaña.

Ya sabeis que toda la información de este documental la podeis encontrar en www.horizontenorte.es

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