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La última frontera, Alaska.

Cruzo el río Yukón en un pequeño ferry que el gobierno ofrece gratuito durante los meses de verano en los que su caudal no está congelado . Desde la otra orilla, dejando atrás Dawson City, se alza hacia las montañas el camino que nos llevará hasta nuestra última frontera del continente americano, la Top of the world highway.

Poco más de 100km nos separan de la línea con Alaska y nuestro exceso de confianza, o quizá nuestra excitación por alcanzar la última frontera, nos hace no poner atención en lo que tenemos por delante las siguientes jornadas.

Calculamos no más de dos días de viaje hasta allí. Estamos optimistas, fuertes y motivados, asi que cargamos las bicicletas de agua y comida y dejamos atrás la ciudad protagonista y testigo de la fiebre del oro a finales del siglo XIX.

El camino de tierra sube desde la orilla del Yukón casi en línea recta hasta lo alto de las montañas durante más de 14 km. Las intensas lluvias de los días anteriores han convertido el camino en un barrizal y nuestras bicicletas, pesadas y patosas, se pegan al terreno haciendo del ascenso algo penoso.

La situación nos pilla desprevenidos ya que los últimos días remando en la canoa y otros tantos descansando en la ciudad no han sido un buen ejercicio de calentamiento para enfrentarlo, y nuestra mente, la herramienta más importante, se sentía ya victoriosa ante esta hazaña a punto de culminar.

Tatatoca se queda pequeña ante estos paisajes de infinitos horizontes montañosos.

Tatatoca se queda pequeña ante estos paisajes de infinitos horizontes montañosos.

Los frecuentes incendios del verano dan paso a estos maravillosos paisajes en los que la fireweed (hierva del fuego) es la primera en crecer.

Los frecuentes incendios del verano dan paso a estos maravillosos paisajes en los que la fireweed (hierva del fuego) es la primera en crecer.

Las nubes, pesadas y oscuras, surcan el cielo atormentándonos a una velocidad asombrosa y descargando intensas lluvias repentinas sobre nosotros. Nos obliga a agachar las cabezas humillados, mirando hacia nuestras ruedas hundidas en el barro mientras las gotas escurren por nuestros chubasqueros.

Tres horas nos lleva alcanzar la cumbre. Sonreímos al ver los valles a nuestro alrededor y, satisfechos por el esfuerzo, paramos a comer bajo un pequeño techo que encontramos en el lado izquierdo del camino. Estamos cansados, pero contentos al imaginar que desde aquí ya solo nos quedará llanear por las montañas, e incluso bajar, hasta la frontera con Alaska. Así que sacamos nuestros sacos de dormir, y mientras la lluvia se estrella contra el techo de aluminio, dormimos una siesta.

Valles, muchos valles.

Valles, muchos valles.

Top of the world highway.

Top of the world highway.

Esto no ha hecho más que comenzar. Las montañas no se acaban nunca frente a nosotros y el camino, que parece bromear con nosotros a un juego que solo le divierte a él, nos lleva arriba y abajo a través de empinadas pendientes. El viento nos golpea fuerte por el lado izquierdo, no se si es el norte, el sur, el este u oeste, aquí el sol se mueve despacio por lo alto del cielo la mayor parte del día y mi orientación no sabe hacia donde mira. La pendiente cada vez se hace más fuerte hasta el punto de parecer una auténtica artimaña de la naturaleza que nos pone a prueba antes de poder gritarle al cielo que alcanzamos la frontera.

Bea esta teniendo problemas con su rodilla desde hace algunos kilómetros y apenas puede hacer esfuerzo sobre la bicicleta, así que en algunos tramos ha de bajarse y caminar cuesta arriba empujando a su recién bautizada “Menijils”. El horizonte comienza a dibujarse curvo bajo las nubes en lo alto – esta vez tiene que ser la última montaña- me digo mientras el viento silva en mis oídos.

Y desde la redondeada cima, efectivamente, hemos alcanzado la última cumbre. Al menos de Canadá.

Bea está teniendo problemas con su rodilla y las cuestas más pesadas debe subirlas empujando la bicicleta.

Bea está teniendo problemas con su rodilla y las cuestas más pesadas debe subirlas empujando la bicicleta.

La frontera con Alaska asoma finalmente tras la cumbre de una montaña.

La frontera con Alaska asoma finalmente tras la cumbre de una montaña.

Sin apenas darme cuenta estoy pasando la frontera con la que tanto tiempo soñé los dos últimos años de mi vida, estoy entrando en Alaska.

Llegué a imaginar en algún momento del viaje que esto sería el máximo éxtasis del periplo, que un inmenso tsunami emocional me invadiría al cruzar la línea imaginaria que cruza estas montañas en las que me encuentro ahora, y en cambio, contrariamente, confirmo mientras me dejo caer hacia los valles con Tatacoa, que la recompensa del viaje la he ido recogiendo en el trayecto.

Alaska era la dirección, no el destino.

Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, Mexico, EEUU, Canadá… Todos y cada uno de ellos han sido mi destino durante estos 29 meses. Cada día, sobre mi bicicleta Makalu primero, y sobre mi actual Tatacoa, llegaba a nuevos destinos que el camino me ofrecía. En realidad he tenido más de 900 diferentes viajes en este largo camino por las américas. Más de 900 días viajando en una bicicleta.

Eduardo, Gustavo, Inés, Julio, Carlos, André, Juana, Eli, Maria Fernanda, Marcelino, Federico, Guillermo, Mariel, Mariana, Pascual, Gunnar, Dwaine… Cada uno de ellos, por nombrar solo una venteaba parte del total, han sido la verdadera recompensa del trayecto. Sonrisas que, no en vano, se cruzaron en mi camino. Un álbum de enseñanzas y recuerdos que me han hecho crecer, observar y compartir.

Pocas veces se me ocurre sacarme una foto delante de un cartel, pero en esta ocasión no he podido evitarlo!

Pocas veces se me ocurre sacarme una foto delante de un cartel, pero en esta ocasión no he podido evitarlo!

Sorprendentemente para mi aun hay muchas personas que viven de buscar oro en los ríos. En esta foto tan solo juegan a encontrarlo a modo de atracción turística.

Sorprendentemente para mi aun hay muchas personas que viven de buscar oro en los ríos. 

Chicken es una pequeña poblacion de antiguos mineros. No tienen ninguna tienda para comprar comida pero en su café nos invitan a un grandioso plato de jugosa carne a la brasa y pasteles! Thank you Curly!!

Chicken es una pequeña poblacion de antiguos mineros. No tienen ninguna tienda para comprar comida pero en su café nos invitan a un grandioso plato de jugosa carne a la brasa y pasteles! Thank you Curly!!

Al cruzar la frontera no se ha terminado aun el periplo final. Las montañas continúan durante 200 km más, y sin comida y mucho cansancio avanzamos lentos y reflexivos hacia la ciudad más próxima.

Abro los ojos dentro de la carpa a las 8:50 de la mañana y el sol ya brilla intenso afuera. Asomo la cabeza abriendo un poco la cremallera de la puerta y veo una manada de Caribus pastando a escasos metros de nuestra tienda. Hincho mis pulmones con el aire frío que baja directo de las montañas, sonrío y le grito al viento -¡Buenos días Alaska!-

Territorio del Yukón. Río abajo.

Me encuentro sentado en la sala de informática del Dawson College, hoy está cerrado, pero mi anfitriona en esta pequeña ciudad me ha dado las llaves para colarme y poder trabajar. Kathryn celebra hoy el segundo cumpleaños de su hijo Jack y la casa no iba a estar para sentarse a escribir en una mesa.

Han pasado días o incluso semanas, no estoy seguro de cuando viajábamos juntos por última vez y mi corazón se llenaba mientras tanto de experiencias y emociones que no tenían tiempo de salir. Pero recorrer el inmenso territorio del Yukon es una experiencia salvajemente gigante que requiere de tiempo para llegar de un lugar a otro, y también de una pausa para recapitular todo lo que ha sucedido mirando hacia atrás.

Atravesando la Cassiar Highway nos cruzamos con la Alaska Highway que nos condujo hacia el oeste al encuentro de la ciudad de Whitehorse.

Despedimos el día frente al lago Squanga, en el Yukon.

Despedimos el día frente al lago Squanga, en el Yukon.

Algunos dias de descanso en Whitehorse los aprovechamos para estirar un poco el cuerpo escalando. Garden Rock, Whitehorse.

Algunos dias de descanso en Whitehorse los aprovechamos para estirar un poco el cuerpo escalando. Garden Rock, Whitehorse.

Despues de unas horas de caminata alcanzamos la primera vista del Samuel Glaciar.

Después de unas horas de caminata alcanzamos la primera vista del Samuel Glaciar.

Explorar lugares poco transitados tiene un encanto particular, pero en muchas ocasiones no existe un camino a seguir y llegar hasta la lengua del glaciar es un auténtico laberinto.

Explorar lugares poco transitados tiene un encanto particular, pero en muchas ocasiones no existe un camino a seguir y llegar hasta la lengua del glaciar es un auténtico laberinto.

Nuestros anfitriones de Warmshower Alain y Martin  son los mejores guias de la zona, sin duda.

Nuestros anfitriones de Warmshower Alain y Martin son los mejores guias de la zona, sin duda.

Hoy nuestro jardin tiene unas vistas de lujo frente al Samuel Glaciar.

Hoy nuestro jardin tiene unas vistas de lujo frente al Samuel Glaciar.

En el corazón del glaciar.

En el corazón del glaciar.

Alain es nuestro anfitrion de Warmshower en Whitehorse y nos hace estar como en casa, en un glaciar o bebiendo vino en su sofa.

Alain es nuestro anfitrion de Warmshower en Whitehorse y nos hace estar como en casa, en un glaciar o bebiendo vino en su sofa.

Estoy completamente enamorado de este lugar, hace tiempo que no sentía mi corazón latir con tanta fuerza como lo hace cuando se llena con el viento que atraviesa los valles del Yukón. Un retorno al instinto más salvaje que brota desde los cimientos de mi ser, una danza con la naturaleza al ritmo de la lluvia y el sol. Olor a tierra mojada, resina y humo.

Dudamos durante varios días sobre nuestra ruta después de la ciudad de Whitehorse. Al final, la idea más emocionante para ambos se torna factible de hacer, nos vamos en canoa a través del río Yukón hasta la ciudad de Dawson. No desde Whitehorse, si no desde la ciudad de Carmacks, a dos días y medio pedaleando.

Remaremos corriente abajo durante 8 días 402 km. Un río por donde miles de personas navegaban en precarias barcas hechas de troncos en busca del preciado oro del rio Klondike entre los años 1897 y 1899.

Nuestra canoa es grande, y va cargada hasta los topes

Nuestra canoa es grande, y va cargada hasta los topes

Parada en una isla del río Yukon.

Parada en una isla del río Yukon.

Vista de los rápidos de Five Fingers desde lo alto, el mayor problema que nos encontraremos a lo largo de nuestro recorrido.

Vista de los rápidos de Five Fingers desde lo alto, el mayor problema que nos encontraremos a lo largo de nuestro recorrido.

Campamento junto a la orilla.

Campamento junto a la orilla.

Nunca antes hemos hecho algo parecido. El rio baja con mucho agua y nuestra canoa de algo mas de 6 metros va cargada hasta los límites con las bicicletas y todas nuestras cosas. Nada mas salir, a cuatro horas río abajo, nos encontraremos con nuestra primera barrera a superar, los rápidos de Five Fingers. No nos queda más remedio que tomarle el tranquillo a nuestra embarcación en estas primeras horas, pero el fuerte viento y la corriente no hacen más que asustarnos y demostrarnos que esto no es un juego y debemos tomárnoslo en serio.

No voy a explayarme en el desarrollo de esta aventura con palabras, quiero que esta vez viajemos por el río Yukon con las fotografías que difícilmente desde la canoa pude ir tomando.

Necesitamos estirar las piernas asi que nos subimos, como siempre, a lo mas alto para mirar.

Necesitamos estirar las piernas asi que nos subimos, como siempre, a lo mas alto para mirar.

Reportando agua fresca en los arroyos que desembocan en el Yukon.

Reportando agua fresca en los arroyos que desembocan en el Yukon.

Los artardeceres duran horas y horas y al final nunca se hace de noche...

Los artardeceres duran horas y horas y al final nunca se hace de noche…

Un Alce nos mira desde la orilla mientras sus crias se mantienen bajo la hierba.

Un Alce nos mira desde la orilla mientras sus crias se mantienen bajo la hierba.

El rio en esta parte aun baja limpio y utilizamos sus aguas para cocinar y beber.

El rio en esta parte aun baja limpio y utilizamos sus aguas para cocinar y beber.

El Gold rush ha dejado mucho restos a lo largo del rio Yukon, las cabañas son algunos de los restos que se mantienen para uso de los viajeros en  la actualidad.

El Gold rush ha dejado muchos restos a lo largo del rio Yukon, las cabañas son algunos de los restos que se mantienen para uso de los viajeros en la actualidad.

Un aguila calva pesca en el rio Yukon sobre nuestras cabezas.

Un aguila calva pesca en el rio Yukon sobre nuestras cabezas.

El rio Yukon.

El rio Yukon.

Avituallamiento de agua en un pequeño arrollo.

Avituallamiento de agua en un pequeño arrollo.

Nos encontramos a Oliviere en el camino, y juntos nos dejamos llevar un rato por la corriente.

Nos encontramos a Oliviere en el camino, y juntos nos dejamos llevar un rato por la corriente.

Acabar el dia con esta vista es algo que voy a echar de menos, seguro.

Acabar el dia con esta vista es algo que voy a echar de menos, seguro.

Ultima noche en

Ultima noche en “el rio de la luz” como Javier Reverte tituló a su libro

Ahora desde Dawson City me encuentro a 100 km de la última frontera. Alaska se esconde tras las montañas que tengo delante y la carretera de tierra que sale desde el otro lado del río nos llevará directamente hacia allí. No estoy triste, expectante quizá, no por lo que encontraré al otro lado de las montañas, sino por vivir la emoción de finalizar un sueño que comenzó hace ya 2 años y medio. Alaska se ha convertido en un símbolo para mi, la última frontera de un camino que me ha enseñado a sonreir de una forma diferente, un recorrido hacia una de las partes más salvajes del planeta y un camino hacia lo más primario de mi ser. Pronto regresaré a España, con muchas ganas de comenzar nuevas ideas, con ganas de emprender nuevos caminos, y es que la aventura continua, y continuará.

PUEDES VER EL VIDEO DE ESTA AVENTURA PINCHANDO AQUI

24 horas.

A las 20:30 nos desviamos por un camino de tierra que salía a la derecha de la Cassiar Highway. El French Creek, paralelo a nuestra izquierda, fluía en nuestro favor abriéndose paso por el valle con amplios meandros. Avanzamos despacio, hablando con voz alta y haciendo sonar el timbre de la bicicleta no sea que algún oso hambriento anduviera pescando por la orilla a estas horas. 300 metros más adelante el río Dease nos dejaba sin lugar para seguir y el camino finalizaba en un pequeño claro del bosque.

El sol aun se mantenía alto, escondido entre las nubes que de cuando en cuando hacían una intensa descarga de agua, y hasta las 23:30 no se perdería aun tras las boscosas montañas del noroeste.

Nos ponemos manos a la obra con el campamento. Bea se dedica a recoger y partir leña con el pequeño hacha que desde hace unas semanas viaja con nosotros y mientras yo escojo una buena cucharilla para ir a buscar la cena al río.

Lanzo una, dos, tres veces… y nada. Pero no me doy por vencido y pruebo con otro tipo de cucharilla.

– ¡¡Bea!! ¡He visto como venia una trucha detrás de la cucharilla pero no ha llegado a morderla!- le grito desde la orilla del río.

Dejando el hacha en el tronco que hacía unos segundo trataba de partir con esmero, salió corriendo a mi encuentro.

– ¡Déjame probar, nunca he pescado una trucha!- Me dice entusiasmada.

Un intento, dos… – ¡¡Ala ala he pescado algo!!-

Es la primera trucha que pesca en su vida, pero no la última, 2 minutos después pescó otro hermoso Grayling.

Después de pescar 2 cada uno encontramos que eran suficientes truchas para llenar nuestros estómagos en la cena, dejamos la pesca y nos dedicamos a encender el fuego. A ratos caía algún breve chaparrón al que no dábamos mucha importancia.

Sentados sobre un tronco secamos nuestras ropas al fuego, cocinamos las 4 truchas y bebemos té.

Una a una vamos asando las truchas al fuego.

Una a una vamos asando las truchas al fuego.

Aqui duermo hoy.

Hoy duermo aqui.

El sol golpea la carpa por el lado donde reposa mi cabeza. Me giro para ver la hora, son la 4:30 am. Estiro mi brazo para alcanzar cualquier prenda que esté a mano y tapándome la cara sigo durmiendo. Por lo menos hace buen día me digo…

Me despierto con el olor a humo de la noche anterior en mi ropa, el aroma a café flota denso por el aire como una nube y las cortezas de pino se mezclan con la intensa fragancia de la tierra mojada. Ojalá todas las mañanas de mi vida olieran así.

Bea cumple sus 8000 km pedaleando justo en el momento que regresamos al arcén, a veces imaginario, de la Cassiar highway 37. Un poco más tarde, yo cumpliré 25.000 km.

Pasamos ríos, bordeamos lagos, nos dejamos caer por los valles o ascendemos pequeños collados en busca de nuevos bosques.

Soy partidario de que la esencia de viajar reside en el concepto individual y no en el medio de transporte, pero cuando te dejas caer por la ladera de una montaña directo al espejo de un solitario lago azul turquesa y sueltas las manos del manillar de tu bicicleta para sentir como el aire acaricia tu cuerpo mientras la sombra de un águila calva se dibuja junto a la mía en el asfalto … crees que no puede existir nada mejor en este mundo.

Good Hope Lake. Podría ser el caribe si el agua no estuviera más cerca de los cero grados que de los 10

Good Hope Lake. Podría ser el caribe si el agua no estuviera más cerca de los cero grados que de los 10

Lagunas, bosques y montañas como capa superior. Dentro osos, lobos, alces, ciervos, castores y millones de pájaros entre otros habitan estas tierras.

Lagunas, bosques y montañas como capa superior. Dentro osos, lobos, alces, ciervos, castores y millones de pájaros entre otros habitan estas tierras.

Pues mas o menos asi me sentía cuando al final de la cuesta que bajaba se levantaba una subida de 400 metros hacia el cielo. Progresivamente fui cambiando las velocidades de Tatacoa a una marcha más suave y con la cabeza agachada me adaptaba poco a poco al nuevo ritmo que la carretera me imponía. Solo mi respiración continua le ponía una banda sonora a lo que estaba a punto de suceder.

Levanté mi cabeza para mirar a lo alto de la cuesta y mis ojos, en vez de encontrar la línea del horizonte, se cruzaron con los de un gran oso negro que a 5 metros de mi me miraba sin parpadear.

Todos los osos negros que hasta ahora hemos encontrado en el camino tienen una mirada bonachona, incluso tontorrona a nuestro paso. Mientras comen a un lado del camino nos miran al pasar sin el más mínimo gesto agresivo en sus ojos, pero no era éste el caso.

Desde el lado derecho de la carretera me mantenía la mirada desafiante. Mis ojos se quedaron atrapados con los suyos observando con verdadero pavor ese inmenso animal negro de grandes dientes y garras. De pronto avanzó hacia mi dos o tres pasos en señal de provocación. Mi corazón se puso a latir fuertemente en la garganta mientras mi cerebro mantenía el cuerpo rígido y estable como si nada estuviera pasando.

Sin levantar la voz pero con absoluta contundencia pronuncie el nombre de Bea, que venia algunos metros detrás de mí, para avisarla. Cuando giré mi cabeza al tiempo que decía por segunda vez su nombre, vi como ya se había dado la vuelta y a toda velocidad se dejaba caer de nuevo cuesta abajo. Yo no podía darme la vuelta, ya era demasiado tarde, mi bicicleta demasiado pesada para hacerlo rápido y cualquier movimiento brusco podría provocar el ataque de nuestro contrincante. Asi que sin quitarle la mirada continué pedaleando cuesta arriba, a 5 km por hora, agarrando el manillar con mi mano derecha mientras con la izquierda abría el mosquetón de seguridad, quitaba el seguro del gatillo y dejaba mi spray anti osos listo para disparar. En cuestión de 3 segundos había conseguido hacer todo esto… si me lo propongo ahora estoy seguro de que acabaría cayéndome al suelo.

Cuando me encontraba a unos 10 metros por encima del animal paré mi bicicleta. Un coche se acercaba y quería ver si se asustaba para reunirme con Bea otra vez, que ya se había subido la cuesta por la que unos minutos antes bajábamos a toda velocidad. Efectivamente retrocedió unos pasos con el estruendo del vehículo y aproveché para retroceder yo también al encuentro de Bea.

Desde lo lejos vimos como cruzaba la carretera y se perdía en el frondoso bosque del lado opuesto. Al parecer simplemente nos habíamos puesto en su camino.

Los osos viven en un lugar sumamente bonito.

Los osos viven en un lugar sumamente bonito.

Seguimos pedaleando con la excitación de lo vivido, la sensación de haber pertenecido por unos escasos minutos a la extrema vida salvaje donde todo se rige a cada instante en el afán de la supervivencia.

Cruzando el Blue River un pequeño camino sale por la derecha de la carretera en dirección a la orilla del caudaloso río. Nos desviamos, apoyamos las bicicletas sobre sus palos, preparamos un fuego y nos ponemos a cocinar.

De pronto un ruido extraño llama mi atención. Miro a Bea. – A debido ser el río- me dice tranquila… y de pronto aparece un inmenso alce caminando por el río a 6 metros de nosotros. Nos mira, sin dejar de caminar, y sigue su camino como intentando disimular. Nos quedamos en shock, mirando fijamente al río y viendo como el inmenso animal desaparece entre los arbustos que tapan la rivera del río. Agarro mi cámara, Bea el Spray anti osos , y salimos corriendo para verlo. Dos crías lo van siguiendo!!

Las nubes terminan por ganarle la batalla al sol y el día se torna lluvioso para la tarde. Pensamos que sería un nuevo chaparrón vespertino, pero no, lloverá hasta el día siguiente.

Buscamos la frondosidad de un bosque para resguardarnos, encendemos fuego, nos sentamos sobre un tronco y secamos nuestras ropas.Son las 20:30 y estamos justo en la frontera con el Yukon.

Una mamá alce cruza el río con sus dos crías frente a nosotros.

Una mamá alce cruza el río con sus dos crías frente a nosotros.

Los arboles son nuestro abrigo para la lluvia, el fuego calor para secar nuestros huesos y los ríos y lagos la despensa donde pescamos la cena. Nuestro instinto florece como el musgo de los bosques, con dirección al norte.

Los arboles son nuestro abrigo para la lluvia, el fuego calor para secar nuestros huesos y los ríos y lagos la despensa donde pescamos la cena. Nuestro instinto florece como el musgo de los bosques, con dirección al norte.

British Columbia. Tierras maravillosamente salvajes.

No voy a extenderme en la redacción de este post, son tantas las sensaciones y tan breve el tiempo del que dispongo que vamos a viajar a través de las fotografías.

Me encuentro sentado al calor de cuatro paredes que me resguardan del viento que con su fuerza hace crujir los arboles afuera.

El dueño, asombrado con nuestro viaje, nos cedió a un precio simbólico una de las habitaciones de su motel tras haberse asegurado que habíamos llenado nuestros estómagos con una buena hamburguesa. Llegamos hasta aquí tras 8 días sin parar de pedalear entre valles de tupidos bosques donde habitan más osos que personas. También lobos. Un encuentro con la vida salvaje que me desnuda frente a la naturaleza más absoluta.

Convertimos este camping de la ciudad de Terrace en nuestro hogar durante tres días en los que aprovechamos para editar videos, escribir, descansar, lavar la ropa, comer pancakes... La siguiente parada en nuestro camino esta a 468 km. donde me encuentro ahora.

Convertimos este camping de la ciudad de Terrace en nuestro hogar durante tres días en los que aprovechamos para editar videos, escribir, descansar, lavar la ropa, comer pancakes…
La siguiente parada en nuestro camino esta a 468 km. donde me encuentro ahora.

El paisaje se torna por completo, y es que atravesamos los restos de lava que en los años 70´hizo explosión en estos valles.

El paisaje se torna por completo, y es que atravesamos los restos de lava que en los años 70´hizo explosión en estos valles.

Hacemos fuego alli donde nos instalamos, y es que es la mejor forma de evitar ser comido por los mosquitos, y de ahuyentar a los animales!

Hacemos fuego alli donde nos instalamos, y es que es la mejor forma de evitar ser comido por los mosquitos, y de ahuyentar a los animales!

Sentados frente al fuego miramos el Lava Lake mientras las voces de los nativos Nisga´a se elevaban desde el bosque.

Sentados frente al fuego miramos el Lava Lake mientras las voces de los nativos Nisga´a se elevaban desde el bosque.

Alaska está cerca, muy cerca. Pedaleo entre osos negros y lobos salvajes por valles infinitos que parecen no acabar nunca. A veces llueve, pero cuando estas mojado no sientes la lluvia. Lava Lake. British Columbia.

Alaska está cerca, muy cerca. Pedaleo entre osos negros y lobos salvajes por valles infinitos que parecen no acabar nunca. A veces llueve, pero cuando estas mojado no sientes la lluvia. Lava Lake. British Columbia.

Aiiii mi querida Tatacoa que tan suave me llevas por el mundo sentado sobre tu lomo.

Aiiii mi querida Tatacoa que tan suave me llevas por el mundo sentado sobre tu lomo.

Huellas de Osos, muchas huellas de osos y cacas nos recuerdan que aqui no mandamos nosotros.

Huellas de Osos, muchas huellas de osos y cacas nos recuerdan que aqui no mandamos nosotros.

Montar el campamento con esta luz es un auténtico regalo.

Montar el campamento con esta luz es un auténtico regalo.

Llegamos a un campamento de leñadores en busca de comida. No hay nada más que polvo por sus calles y viejas máquinas aparcadas. Cuando nos ibamos desilusionados hacia la carretera nuevamente un último intento de descubrir a alguien nos llevó hasta Ron, una de las 4 personas que lo habitan. Justamente era su cumpleaños eses día y con el estómago lleno de costillas, pollo, ensaladas, chocolate, y cerveza dormimos esa noche sobre una cama.

Llegamos a un campamento de leñadores en busca de comida. No hay nada más que polvo por sus calles y viejas máquinas aparcadas. Cuando nos ibamos desilusionados hacia la carretera nuevamente un último intento de descubrir a alguien nos llevó hasta Ron, una de las 4 personas que lo habitan. Justamente era su cumpleaños eses día y con el estómago lleno de costillas, pollo, ensaladas, chocolate, y cerveza dormimos esa noche sobre una cama.

Ron y Emilie quieren enseñarnos el valle desde lo alto antes del atardecer. Por ahí abajo venimos pedaleando!

Ron y Emilie quieren enseñarnos el valle desde lo alto antes del atardecer. Por ahí abajo venimos pedaleando!

Ese valle que surca las montañas tras el lago lleva directamente a la frontera de Alaska... pero aun no es el momento de cruzarla, debemos de explorar mucho todavía por estas tierras.

Ese valle que surca las montañas tras el lago lleva directamente a la frontera de Alaska… pero aun no es el momento de cruzarla, debemos de explorar mucho todavía por estas tierras.

Pedaleamos por el paraiso.

Pedaleamos por el paraiso.

Han sido muchos los osos que hemos visto en el camino pero pocos los fotografiados. Hemos de tener cuidado de no acercarnos mucho y cuando de pronto los sorprendemos al borde de la carretera comiendo a menos de tres metros de nosotros no debemos por ningún motivo. Pero este estaba lejos, y para alcanzarnos tenia cuesta arriba asi que paramos a disfrutar de sus pausados movimientos.

Han sido muchos los osos que hemos visto en el camino pero pocos los fotografiados. Hemos de tener cuidado de no acercarnos mucho y cuando de pronto los sorprendemos al borde de la carretera comiendo a menos de tres metros de nosotros no debemos parar por ningún motivo. Pero este estaba lejos, y para alcanzarnos tenia cuesta arriba asi que paramos a disfrutar de sus pausados movimientos.

Sol y lluvia, juntas, porque aquí convive toda la naturaleza al mismo tiempo.

Sol y lluvia, juntas, porque aquí convive toda la naturaleza al mismo tiempo.

En buen camino. British Columbia.

Llegar a una ciudad me descoloca, suele ser difícil entrar, moverte por sus calles un caos y la multitud se mueve a un ritmo que para mi no es familiar en absoluto. Existen reglas no escritas que todos, menos los foráneos con el pelo revuelto y la cara curtida por el paso de los días, conocen. Nos adentramos tímidos, con los ojos bien abiertos para tratar de no romper la cadena que engrana la fluidez de una ciudad. Pero hoy estamos de suerte, entrar en la capital de Canadá es un agradable paseo entre ciclo vías perfectamente señalizadas y comunicadas entre sí. Además, gracias a las redes sociales hemos conseguido un rumbo fijo, vamos a la casa de Oswaldo donde nos recibirá con su pareja Raquel y su agradable compañero Edwin.

Oswaldo dejo Mexico DF para vivir en Vancouver hace muchos años. Hoy nos abre las puertas de su casa.

Oswaldo dejo Mexico DF para vivir en Vancouver hace muchos años. Hoy nos abre las puertas de su casa.

Aprovechamos estos días para poner a punto nuestras bicicletas antes de dejar atrás las comodidades de las urbes y adentrarnos en los territorios más salvajes de Canadá. Cruzamos el estrecho de Georgia hacia el oeste para alcanzar, en menos de dos horas de navegación, la ciudad de Nanaimo. Nos encontramos en una inmensa isla con una extensión de norte a sur de más de 300km, repletos de bosques, ríos y montañas que alcanzan los 2.195 metros de altura. Es una de las mayores reservas de osos negros salvajes que existen.

Nos acercamos a lo salvaje pedaleando por la isla de Vancouver

Nos acercamos a lo salvaje pedaleando por la isla de Vancouver

Caminamos por caminos que se desvían de la carretera entre bosques.

Caminamos por caminos que se desvían de la carretera entre bosques.

Ron y Georgia nos ven delante de su casa tomando cafe y salen a compartir con nosotros. Unos minutos después estamos en su casa.

Ron y Georgia nos ven delante de su casa tomando cafe y salen a compartir con nosotros. Unos minutos después estamos en su casa.

Salimos a recoger unos espárragos trigueros que crecen en el campo cercano a casa de Ron.

Salimos a recoger unos espárragos trigueros que crecen en el campo cercano a casa de Ron.

Remamos al atardecer, por aguas Pacíficas, con los kayak de Ron y Georgia.

Salimos a remar al atardecer con los kayak de Ron y Georgia.

Según nos acercamos hacia la parte más septentrional del islote la naturaleza comienza a dominar los paisajes. Contrariamente evitamos el silencio.

Silbamos, hablamos alto, cantamos, damos palmas… sabemos que es la única forma de establecer una buena relación con los osos, yo te aviso tu te alejas, ese es el pacto. Asi que cuando sentimos que el silencio del bosque nos rodea comenzamos a cantar la primera canción que se nos viene a la cabeza… aunque sea un villancico.

Hemos terminado de montar nuestra casa de tela cerca de un pequeño rio y recogiendo un poco de leña seca hacemos un fuego lo suficientemente grande como para calentarnos. Paseamos por el río, por los bosques de alrededor, y de repente, sobre una pequeña playa formada en una curva del río, vemos una inmensa huella de oso. Seguramente pertenece a algún ejemplar de tamaño normal, pero a mi me parece enorme, hundida en la arena, perfectamente dibujada la almohadilla y las zarpas.

Nos introducimos desnudos en el rio un instante antes de que el sol se pierda tras los abetos, y vestidos con ropa seca cocinamos una copiosa cena al arrimo del fuego.

Este camino nos lleva a un buen lugar para dormir.

Este camino nos lleva a un buen lugar para dormir.

Buscamos osos todo el rato, y hacemos ruido para espantarlos tambien... que contradición.

Buscamos osos todo el rato, y hacemos ruido para espantarlos tambien… que contradición.

Danny tiene 20 años y viaja en solitario por su país , Canada. Sueña con viajar a muchos sitios, y una noche junto al fuego con ella nos enseña muchas cosas. Su bici es la gemela pequeña de Tatacoa!

Danny tiene 20 años y viaja en solitario por su país , Canada. Sueña con viajar a muchos sitios, y una noche junto al fuego con ella nos enseña muchas cosas. Su bici es la gemela pequeña de Tatacoa!

 

Hemos llegado a Port Hardy un miércoles a medio día. Sabemos que el ferry no sale hasta el sábado pero queríamos llegar antes y probar conseguir otro tipo de barco que nos ahorrara tener que viajar con el resto de turistas en la gran nave de hierro.

El puerto no es lo que esperábamos en un principio cuando soñamos en conocer a alguna pareja viajera que navegara a bordo de un maravilloso velero con rumbo norte. A cambio, un montón de viejos barcos pesqueros invadían el puerto con oxidadas cubiertas repletas de cuerdas y extraños aparatos.

Solo cuatro veleros vimos amarrados, solo uno con rumbo norte y nuestra oferta, o mas bien propuesta, fue rechazada acusando a su velero de pequeño para viajar con nuestras inseparables bicicletas a bordo.

 

Finalmente, resignados, nos dirigimos la mañana del Sábado hacia el puerto donde zarpa el ferry con rumbo a Prince Ruper.

Los ríos bajan enormes por el deshielo de la primera.

Los ríos bajan enormes por el deshielo de la primera.

Siempre encontramos un pequeño lugar para instalar nuestra casa.

Siempre encontramos un pequeño lugar para instalar nuestra casa.

 

Es un día completo de Navegación entre los canales que atraviesan salvajes islas repletas de árboles. En las cumbres más altas la nieve aun aguanta los soleados días de primavera. Una nueva etapa comienza en este trayecto, me enfrento al norte, a los poco habitados territorios donde un día miles de personas llegaron el busca del preciado oro

 

Viajar significa trasladarse, moverse de un lugar a otro, pero eso lo dice un diccionario. Hay otro significado para los que alguna vez en su vida han sentido la esencia de viajar. Un tiempo de exploración para cada uno que te lleva a lo más profundo de tu ser. Un recorrido por lugares remotos para encontrar la esencia que nos hace ser. Nuestros receptores emocionales se sensibilizan y viajan a su propio ritmo. Los paisajes son la escusa para la meditación individual, las personas del camino parte del proceso. Solo cuando has viajado comprendes que viajar no es ni mucho menos moverse por el mapa, deberíamos encontrar un término más acorde, más concreto para comprender que esa palabra con un abanico tan grande de significados nos molesta a los adictos de la experiencia cuando es pronunciada en vano.

 

Este ferry tiene diversos tipos de viajeros. Se los distingue por la mirada, por la forma de dar los buenos días, porque los ves sobre todo en la parte alta de la embarcación. Donde el aire corre libre con aromas a bosque y mar, donde el sol calienta las caras de los que cerramos los ojos para multiplicar la sensibilidad de los cuatro sentidos restantes. El paisaje es bastante parecido a lo largo del recorrido pero aun así lo oteamos con ansias de percibir el más mínimo cambio a nuestro alrededor.

En cambio en otros rostros ves la espera en el proceso de llegar al punto B, matando el tiempo con películas o durmiendo el máximo de horas posible para hacer del trayecto algo más corto. De A a B es un punto de transición, sin más importancia que la rapidez en el desarrollo. Yo sueño con caminar por cada una de las islas que vamos dejando atrás.

–Aquí pondría una cabaña, parece un buen lugar- me digo observando un valle que surca con agua dulce las montañas arboladas.

Tengo la sensación de ser otra persona ahora, no mejor ni peor, simplemente más yo. He superado diferentes etapas durante el recorrido, y dentro de lo que podría llamarse “el gran viaje” he tenido diversos viajes a lo largo de estos dos años y tres meses recorriendo el continente americano. ¿Por qué? No lo sé, quizá la mejor respuesta sea decir simplemente, ¿por qué no?

Mucho antes de visitar este país cerraba los ojos y veía esto.

Mucho antes de visitar este país cerraba los ojos y veía esto.

Abro los ojos antes del amanecer, salgo de la carpa y veo el lago como un plato y las montañas... las montañas son siempre preciosas.

Abro los ojos antes del amanecer, salgo de la carpa y veo el lago como un plato y las montañas… las montañas son siempre preciosas.

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