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Desierto del viento, tierra de wayuus y sol.

Me encuentro en la Guajira, una gran península desierta al norte de Colombia que colinda al este con Venezuela. La etnia Wayuu habita estas tierras dominadas por el viento y la arena desde hace cientos de años. El agua dulce es prácticamente inexistente y el horizonte se pierde en el infinito tras un cielo siempre azul.

Me he propuesto llegar al Cabo de la vela, un pequeño pueblo a orillas del mar caribe que vive del poco turismo que lo visita. Para llegar se debe atravesar un basto desierto dominado por fuertes rachas de viento.

Tomo la decisión de llegar costeando por donde en mi mapa salen algunos pueblos y regresar por una carretera de tierra que atraviesa en línea recta la planicie y que es la vía común para los coches. 80 km me separan de mi pequeño paraíso.

Leticia pertenece a la etnia Wayuu, y mientras teje una mochila espera a algun coche que la lleve al Pilón de Azucar para vender sus artesanias.

Leticia pertenece a la etnia Wayuu. Su cara esta pintada con un hongo que la protege del sol.

En el pueblo de Manaure me abastezco de comida como para tres días, pensando asi en no comprar nada en el Cabo de la Vela donde será más caro. Llevo 5 litros de agua repartidos en botellas, me han dicho que el agua escasea pero que podre conseguir en algunos de los pueblos del camino y no quiero cargar mas la bicicleta.

El camino por donde abandono el pueblo es pequeño, con muchas variantes que me hacen despistar fácilmente. A ratos la arena es tanta que no soy capaz ni de empujar mi bicicleta y la levanto todo lo que puedo para tratar de avanzar… a las dos horas había avanzado menos de 10km, me doy cuenta de que no voy a llegar hoy al Cabo, quizá tampoco mañana. Por un momento pienso en regresar, me quedan 70km para llegar y ya me he bebido la mitad del agua. El sol cae a plomo sobre mi sombrero, la arena quema mucho, y las ruedas se reblandecen… pincho, parcheo y al cabo de un rato otro parche se vuelve a derretir… desmonto la rueda, como arena que el viento levanta contra mi, arreglo el pinchazo poniendo mi oído para escuchar la salida de aire y sigo optimista algunos metros.

Intento buscar el camino que menos arena tiene, pero se convierte en un laberinto.

Intento buscar el camino que menos arena tiene, pero se convierte en un laberinto.

Solo me he encontrado dos personas en el camino y tan solo me han pedido dinero en un castellano que se entendia menos que los gestos que me hacían con la mano. A decir verdad estoy un poco asustado, el lugar es increíble pero me ha pillado por sorpresa, atravieso un desierto enorme del cual no conozco nada, mi única guía es el mar que por fin he vuelto a encontrar, pero apenas tengo agua y sin agua no hay comida para cocinar.

Al fondo veo unos tejados, debe de ser un pueblo asi que me acerco para poder descansar allí y con suerte conseguir algo de agua. Solo un hombre vive aquí, Benito. Su oficio de buzo le ha ido dejando medio sordo por lo que en contraste con el silencio que nos rodea, hablamos a gritos. La iglesia abandonada, barcos hundidos en la arena golpeados por las olas, viejas redes de pesca… es un paisaje bello pero desolador, aun se respira la energía que un dia hubo aquí.

Benito vive solo en el pueblo de Auyama.

Benito vive solo en el pueblo de Auyama.

Playa de Auyama donde los barcos estropeados o abandonados se dejan morir sobre la arena.

Playa de Auyama donde los barcos estropeados o abandonados se dejan morir sobre la arena.

Detalle en un rincón de la playa.

Detalle en un rincón de la playa.

En seguida me doy cuenta de que en esta parte del planeta lo que ofrezcas te lo van a aceptar, no hay de nada asi que todo es bienvenido. De este modo soy yo el que saco mi comida de las alforjas para compartir con Benito. Él, como todo el mundo en mi viaje, alucina con la cocina que transporto, se queda anonadado mirándola como quien mira una hoguera, y a gritos me pregunta todo lo que se le ocurre… que bien me vendría para ir a pescar en el barco y hacerme un tinto me dice… me despisto un momento y me pide hasta la bici!

Y es que realmente aquí no hay nada, es una tierra que no se puede cultivar, tan solo las cabras resisten esta austeridad y tienen una dependencia absoluta del mar y del pueblo mas cercano, Uribia o Manaure.

Sumerjo la cabeza en el mar con el sol desapareciendo tras el horizonte y me tumbo en la hamaca. Saboreo la sal en mis labios y la brisa de la tarde, sonrío. Me doy cuenta de donde estoy, feliz, de haber seguido adelante y no haberme rendido. Cierro los ojos y duermo… me despierto a media noche con la luna creando sombras en los relieves del desierto, la estrellas que sobreviven a su intensidad lucen brillantes como siempre. Quiero quedarme con los ojos abiertos pero cuando los vuelvo a abrir el sol ya esta asomando delante de mi… la hamaca de balancea con el vaivén del viento y me siento más vivo que nunca, – buenos días- me digo a mi mismo.

Una de las artesanias de los wayuus son la fabricación de sandalias que adaptan al mundo occidental a su modo.

Una de las artesanias de los wayuus son la fabricación de sandalias que adaptan al mundo occidental a su modo.

Tengo esperanzas de poder llegar hoy al Cabo de la Vela y salgo con una sonrisa pedaleando por el camino de arena que me lleva a lo largo de la costa hacia el norte, a ratos la tierra es dura, otros la arena me hace empujar y levantar la bicicleta con todas mis fuerzas. Pincho, una y otra vez hasta que finalmente me quedo sin parches ni pegamento… estoy en mitad de la nada y no se me ocurre como arregalar la rueda… sigo adelante con la rueda trasera pinchada, voy despacio pero mas rápido que caminando y recorro los 10km que me llevan a casa de un señor en menos de dos horas… aquí casi todos se mueven en bici de casa en casa asi que todos tienes parches.

Sexto pinchazo del día y ya no me quedan parches ni pegamento.

Sexto pinchazo del día y ya no me quedan parches ni pegamento.

Finalmente el sol se esta apagando en el mar y aun sigo pedaleando…al fondo, sobre el horizonte veo unas antenas que imagino pertenecen a el Cabo de la Vela pero no me da tiempo a llegar con luz y no me gusta llegar de noche a los sitios en bici asi que en una casa que veo al borde del mar paro a descansar. Me dejan taparme con su casa del fuerte viento que sopla hacia el mar y allí, en la orilla del mar caribe me tumbo sobre la arena mirando las estrellas, solo se escuchan las pequeñas olas romper contra la orilla y en cuestión de segundos estoy soñando…

Atardece en la Guajira, sobre el mar Caribe.

Atardece en la Guajira, sobre el mar Caribe.

Me despierto a las 5:15, justo antes de la salida del sol…Alex, la persona que me dejo el lugar para dormir, esta empujando el barco hacia el mar con dos personas más. Yo les miro desde la orilla, junto al silencio de la mañana, y justo cuando me ve y levanta su brazo para despedirse el sol ilumina su rostro que veo lucir con una sonrisa. No grita ni dice nada, pero su dedo pulgar en alto me esta diciendo – ¡buen viaje amigo!

Llego al cabo de la Vela con las primeras luces del día. Los comerciantes tiran cubos de agua de mar en el suelo para evitar que durante el dia se levante la arena con el viento, otros la barren con rastrillos. A mi paso todos se voltean a mirarme, y asombrados me levantan una mano o la cabeza a modo de saludo. Socorro esta barriendo su terraza y me siento con ella ha hablar un rato, ella pone el agua dulce, yo el café y compartimos un tinto.

Jugar con la pelota en la playa siempre termina con un bañoen el mar al final del día.

Jugar con la pelota en la playa siempre termina con un baño en el mar al final del día.

Mi casa en el Cabo de la Vela. No necesito más.

Mi casa en el Cabo de la Vela. No necesito más.

 

Puedes ver un pequeño VIDEO de esta aventura por la Guajira pinchando aqui 

 

Vuelve la magia

Comienzo a poner las alforjas sobre los lomos de Tatacoa mientras la calle alborotada de coches me hace estar más acelerado de lo normal . Estoy en el centro de Bogotá, y hoy dejo atrás esta inmensa ciudad para dirigirme hacia norte, al encuentro con el mar Caribe.

He pasado aquí más días de lo que esperaba, la visita de Álvaro para rodar el documental de “Horizonte Norte” y el trámite de la visa americana me han tenido disfrutando de esta ciudad en lo que pensaba iba a ser una caótica estadía.

David me ofreció su casa con las llaves en mi mano, un antiguo compañero de trabajo al que hacía muchos años que no veía pero que me abrió los brazos con todas las atenciones necesarias para que cualquiera se sienta como en casa en una capital loca como esta. Desde su azotea se no se respira aire puro, pero se siente la brisa correr por los tejados mientras el sol te calienta elrostro.

David Meilan es un viejo amigo de España afincado en Bogotá

David Meilan es un viejo amigo de España afincado en Bogotá

Otro eslabón fundamental en esta cadena de comodidad ha sido Diego, quien viviendo en Soacha, a las afueras de Bogotá, me atendió tanto a mi llegada como a mi salida de la gran ciudad. Es, sin duda, la mejor compañía para pedalear por las calles de la capital colombiana y un magnífico anfitrión.

Diego Medina vive en Soacha y disfruto de su hospitalidad en esta ciudad.

Diego Medina vive en Soacha y disfruto de su hospitalidad en esta ciudad.

Luisa, Andrea, Diego, July, Fernando… también gracias a ellos me he podido encontrar como si de mi ciudad se tratase.

Y es que si algo resalto de Colombia, por encima de todo, es que las personas son lo más hospitalario que he encontrado en el camino. Siento rabia por la imagen que existe de puertas a fuera, es cierto que se vivieron tiempos muy complicados aquí, pero como digo siempre, los países no son la política que ejercen cuatro gatos, la esencia de los países, más allá de sus paisajes también, se encuentra en las personas que habitan en ellos.

Gerardo Flores me encuentra pedaleando en la carretera y me acompaña unos cuantos kilómetros para conversar.

Gerardo Flores me encuentra pedaleando en la carretera y me acompaña unos cuantos kilómetros para conversar.

Mientras reparto toda la carga por las alforjas de Tatacoa un hombre se acerca a mi para preguntarme a donde me dirijo con una bicicleta tan cargada. Y esto para que sirve, como duermes, donde comes…todas esas preguntas que comienzo a responder mecánicamente cuando me encuentro pedaleando, pero que hoy me agrada contestar, hoy estoy reanudando el viaje y estas preguntas me hacen recordar que no hay miedo en dejar atrás la comodidad que me ofrecieron aqui. De pronto desaparece, cruza la calle y se mete en la tienda donde trabaja que esta al frente. Cuando regresa me dice sonriente –Toma, he visto que no tienes una luz en tu bicicleta- Regresa la magia de viaje, aun no he dado la primera pedalada para abandonar esta ciudad y ya siento despertar en las personas su auténtica esencia.

Salir de Bogota, a pesar de la no fluidez del tráfico, es siempre tarea mas o menos agradable ya que se encuentra a 2600msnm y prácticamente a todas las direcciones donde te dirijas tienes de bajar. Asi que, a pesar de que hoy llueve, salgo rumbo al norte con ganas de volver a la carretera. Estoy empapado, y hace un poco de frío, pero se que unos pocos kilómetros después me enfrentaré al calor de los valles y saboreo esta brisa contra mi cuerpo mojado con el mejor de los escalofríos.

Cuando he dejado el bullicio de la ciudad a mis espaldas y los pueblos comienzan a separarse por algunos kilómetros de campos llenos de vacas, paro a beber un tinto (café solo) con un par de panes para recomponerme un poco. No tengo monedas sueltas para pagar, solo un billete de 10.000 pesos (5 dolares) y la señora tras buscar en su bolsillo por un rato me dice –no te preocupes, ya me lo pagarás a la vuelta- -pero cuando regrese los intereses van a ser mas caros que lo que le debo por el café- le respondo bromeando… se ríe mientras me levanta la mano despidiéndose de mi. Su marido, que esta asando carne en el fuego, también se gira y me desea buen viaje.

Diego me hace mil preguntas por minuto mientras cocino en el jardín de su casa.

Diego me hace mil preguntas por minuto mientras cocino en el jardín de su casa.

Me siento como comenzando un nuevo viaje. Pedaleo con muchas ganas sobre mi nueva compañera de viaje, que sobre el asfalto vuela alcanzando velocidades que me hacen tener más ganas de seguir adelante. Hago muchos más kilómetros por día de los que podía hacer antes a lomos de mi Makalu, el grosor de estas ruedas me ayudan a ello y me siento a gusto. Pero a ratos pienso en Makalu y me pregunto como estará ahora, se quedó en Fusagasugá, en casa de Giovany, una gran persona que me acogió en su casa y que sé, con seguridad, que cuidará de ella y se la hará disfrutar también a quien más la necesite.

Juan administra con su esposa un hospedaje y restaurante, a pesar de ello me dejan un lugar para poner mi casa de tela y me sirven un hermoso plato de sopa.

Juan administra con su esposa un hospedaje y restaurante, a pesar de ello me reciben con un zumo frio en la mano y me prestan un lugar donde poner mi casa de tela sirviendome un hermoso plato de sopa para cenar.

Después de disfrutar de una larga bajada la temperatura poco a poco va ascendiendo a una media de 45 grados. El calor del sol golpea mi espalda y cabeza mientras que el asfalto lo hace rebotar contra mi cara. Llevo en la cabeza un pañuelo enrollado a modo de turbante para protegerme pero no me hace sombra en la cara, y la crema que me unto se me derrite con el sudor….voy empapado, pedalear con esta temperatura se me hace casi insufrible. Al pasar pon un pueblo veo muchos sombreros colgando de un puesto, pregunto su precio, me lo pienso…pero es el presupuesto mío de dos o tres días, y decido seguir así, con mi turbante.

Esta mañana necesito trabajar un poco desde mi oficina.

Esta mañana necesito trabajar un poco desde mi oficina.

Un grupo de niños se lanza al agua desde lo alto de un puente.

Un grupo de niños se lanza al agua desde lo alto de un puente.

Las carreteras se hacen cada día más rectas y largas, los pueblos cada vez distan a más distancia entre sí, los árboles a cada kilómetro son más pequeños, y las sombras a cada metro tienen menos superficie. Poco a poco voy acercándome a la guajira, punto mas al norte de Colombia que hace frontera por el este con Venezuela y que corona el punto más al norte del continente sudamericano en Punta Gallinas.

William vende sandias en un cruce de carretera. Su sonrisa es contagiosa. Bebiendo café al amanecer.

William vende sandias en un cruce de carretera. Su sonrisa es contagiosa. Bebiendo café al amanecer.

Militares custodian  esta parte del recorrido con puestos de control cada pocos kilómetros. Años atrás esta fue una zona de fuerte afluencia de guerrilla y paramilitares y a día de hoy esta altamente custodiada para su control. Al pasar por delante de un militar que se encuentra con su fusil bajo una sombra y vestido como si en el polo norte estuviera, me levanta la mano haciéndome la señal de parar. Freno, le miro, sonrio y le doy las buenas tardes. Dudo de cual serán sus intenciones en un primer momento… se acerca a mi y me dice – ¿no se cansa con todo ese peso y este sol? ¿de donde viene? Comienza a hacerme esa lista de preguntas que por arte de magia es exactamente la misma en todas las personas que me encuentro en el camino, está aburridísimo y quiere matar el rato hablando conmigo. De pronto, mientras estoy contándole que un día pedalee por las playas de Brasil, bajo la mirada al suelo y veo un sombrero de paja en perfecto estado tirado en la cuneta… dudo que sea del militar pero de igual modo corto mi historia sobre mis desventuras en bicicleta y  le pregunto… ¿ese sombrero es suyo?

Ato mi turbante en la parte trasera de la bicicleta y continuo pedalenado bajo el sol, a la sombra de mi nuevo sombrero de paja.

Pedaleando a mas de 54 grados y encontrarse este rincón no tiene precio.

Pedaleando a mas de 54 grados y encontrarse este rincón no tiene precio.

 

 

Un pequeño video de algunas partes del post aqui 

Comienza Horizonte Norte

Después de largas conversaciones de skype en las que acabábamos soñando despiertos y concretando pocas cosas, mi amigo Álvaro se presentó de repente en Bogotá con una mochila llena de cámaras y lentes.

Comenzaba por fin la grabación del documental Horizonte Norte, un registro audiovisual que narrará mi viaje hacia Alaska desde la especial mirada de Alvaro. Un viaje a través de las tres Américas que compartiremos juntos en diferentes puntos del planeta para sentir junto a vosotros la esencia de viajar.

Buscamos siempre la mejor luz para salir con nuestras cámaras a fotografiar y grabar...eso no lo podemos evitar.

Buscamos siempre la mejor luz para salir con nuestras cámaras a fotografiar y grabar…eso no lo podemos evitar.

Desierto de Tatacoa

Alvaro no para quieto ni un instante, y allá donde mires le veras saltando con dos camaras en la mano

Bajo las paredes de roca en Suesca hacemos un alto para disfrutar de un tinto (café) recién hecho.

Bajo las paredes de roca en Suesca hacemos un alto para disfrutar de un tinto (café) recién hecho.

Por fin compartimos una noche bajo las estrella. Desierto de la Tatacoa, Colombia.

Por fin compartimos una noche bajo las estrella. Desierto de la Tatacoa, Colombia.

 

Eduardo Cardenas pasa todas las tardes con sus amigos sentados en los bancos de las calles del Cocuy.

Eduardo Cardenas pasa todas las tardes con sus amigos sentado en los bancos de las calles del Cocuy.

Disfrutamos de las historias de los cuentan  habitantes de Cocuy con dos camaras en la mano y ellos tan felices.

Disfrutamos de las historias que nos cuentan los habitantes de Cocuy con dos camaras en la mano y ellos tan felices.

Han sido solo 12 días en los que hemos aprovechado hasta el último instante juntos. Compartiendo un modo de vida que a los dos nos atrapa por igual, y mientras perseguimos las mejores luces que pintan los rostros y paisajes de Colombia cerramos los ojos y respiramos el aire que nos rodea, porque ante todo, nuestra pasión es viajar.

Buscando la luz en el Parque Natural del Cocuy

Buscando la luz en el Parque Natural del Cocuy

nuestro campo base en el parque nacional del Cocuy esta instalado.

Nuestro campo base en el parque nacional del Cocuy esta instalado.

Ascendiendo hacia los glaciares de las montañas que se encuentran a los 5000 msnm

Ascendiendo hacia los glaciares de las montañas que se encuentran a los 5000 msnm

Alvaro grabando en el corazón del glaciar.

Alvaro grabando en el corazón del glaciar.

Nos hacemos pequeños en estos paisaje salvajes de montaña.

Nos hacemos pequeños en estos paisaje salvajes de montaña.

Ya sabeis que toda la información de este documental la podeis encontrar en www.horizontenorte.es

Cientos de kilómetros, millones de sonrisas.

No me siento capaz de transmitiros cada una de las historias que he vivido en estos últimos meses, y no puedo elegir entre unas y otras, porque las guardo con tanto cariño dentro de mi que sería como tener que elegir entre un hijo u otro. Asi que hoy vamos a viajar en imágenes, desde el Amazonas hasta Colombia vamos a navegar y pedalear todos esos kilometros que no hemos podido compartir antes debido a que no tenia herramienta de trabajo.

Os presento a todas estas personas que me dedicaron su mejor sonrisa en el camino, a todos estos rincones del planeta que me llenaron de felicidad.

Amazonas, Perú.

No podía dejar el Amazonas sin darme un baño en sus aguas, a pesar de todos los avisos de peligros, me sumergí en sus aguas con delfines rosas a escasos metros.

No podía dejar el Amazonas sin darme un baño en sus aguas, a pesar de todos los avisos de peligros, me sumergí en sus aguas con delfines rosas a escasos metros.

En Nauta, pueblo ubicado en la union de los ríos Marañon y Ucayali, lugar donde nace el Amazonas, nos damos un baño con barro. Perú.

Christian. En Nauta, pueblo ubicado en la union de los ríos Marañon y Ucayali, lugar donde nace el Amazonas, nos damos un baño con barro. Perú.

Luis viaja conmigo en el barco carguero que nos lleva a Pantoja a través del río Napo. En cada parada salimos a pasear y conocer las comunidades de las orillas del río. El se bajará antes, en una casa en medio de la selva, donde su familia lo espera.

Luis Papa viaja conmigo en el barco carguero que nos lleva a Pantoja a través del río Napo. En cada parada salimos a pasear y conocer las comunidades de las orillas del río. El se bajará antes, en una casa en medio de la selva, donde su familia lo espera.

No tengo su nombre. Un habitante de una comunidad a orillas del rio Napo en donde se descargaron cientos de sacos de cemento y a los que ayudaban niños, mujeres y hombres de todas las edades.

No tengo su nombre. Un habitante de una comunidad a orillas del rio Napo en donde se descargaron cientos de sacos de cemento y a los que ayudaban niños, mujeres y hombres de todas las edades.

Uno de los miembros de la tripulación descansa al lado del ruidoso motor de la nave que nos lleva. Todas las noches han de hacer turnos para alumbrar el río y no chocar con las islas de arena que se forman y evitar ser asaltados.

Uno de los miembros de la tripulación descansa al lado del ruidoso motor de la nave que nos lleva. Todas las noches han de hacer turnos para alumbrar el río y no chocar con las islas de arena que se forman y evitar ser asaltados.

Ecuador:

 

Se levanta todas las mañanas al amanecer para ordeñas las vacas, su preferida se llama Sum.

Se levanta todas las mañanas al amanecer para ordeñas las vacas, su preferida se llama Sum.

Les pedí poner mi carpoa en su jardin, y terminamos compartiendo historias en la cocina de la casa.

Les pedí poner mi carpoa en su jardin, y terminamos compartiendo historias en la cocina de la casa.

Tras haber disfrutado del calor de la familia y del fuego me voy a mi casa de tela que he puesto en su jardín.

Tras haber disfrutado del calor de la familia y del fuego me voy a mi casa de tela que he puesto en su jardín.

Antonio y Manuel me dan el alto en el camino para conversar conmigo. Hablamos de mi viaje, de como a cambiado su aldea, de como llegaron hasta aqui, de sus mujeres, hijo...después seguí mi camino.

Antonio y Manuel me dan el alto en el camino para conversar conmigo. Hablamos de mi viaje, de como a cambiado su aldea, de como llegaron hasta aqui, de sus mujeres, hijo…después seguí mi camino.

Despues de todo un dia subiendo una montaña con la bicicleta cargada hasta los topes, cualquier detalle del camino te levanta una inmensa sonrisa.

Despues de todo un dia subiendo una montaña con la bicicleta cargada hasta los topes, cualquier detalle del camino te levanta una inmensa sonrisa.

Marta me ofreció una habitación del hostal que administra para pasar la noche, me preparo comida para llevarme al dia siguiente y me regalo un gotto de lana recien tejido por ella para no pasar frio en las montañas. Nunca olvidaré su sonrisa.

Marta me ofreció una habitación del hostal que administra para pasar la noche, me preparo comida para llevarme al dia siguiente y me regalo un gotto de lana recien tejido por ella para no pasar frio en las montañas. Nunca olvidaré su sonrisa.

Conoci a Eriberto Perez en una gasolinera preguntando como seguir mi camino hacia la Reserva de el Angel. Tras indicarme me da unos aguacates y chirimoyas para el camino. Al dia siguiente me lo encuentro en los caminos de la montaña y para su coche para darme mas aguacates. El se dirije a una pequeña aldea en las montañas para llevar alimentos y repartirlos entre sus habitantes de avanzada edad. Son aguacate que me sobran de la huerta y los reparto siempre me dice...

Conoci a Eriberto Perez en una gasolinera preguntando como seguir mi camino hacia la Reserva de el Angel. Tras indicarme me da unos aguacates y chirimoyas para el camino. Al dia siguiente me lo encuentro en los caminos de la montaña y para su coche para darme mas aguacates. El se dirije a una pequeña aldea en las montañas para llevar alimentos y repartirlos entre sus habitantes de avanzada edad. Son aguacate que me sobran de la huerta y los reparto siempre me dice…

Diusfrutando de la soledad mas absoluta en la Reserva de El Angel.

Dejo mi bicicleta en una pequeña cabaña que me ha dejado el guarda al irse a su casa a descansar, y salgo a camina. Disfruto de la soledad mas absoluta en la Reserva de El Angel.

Me despido de Ecuador desde lo más alto, en la Reserva Natural de El Angel.

Me despido de Ecuador desde lo más alto, en la Reserva Natural de El Angel.

 

Colombia:

La familia Aguillon Chindoy me acoge en un casa con los brazos abiertos. Como uno mas de la familia vivo con ellos unos dias en el pueblo de Sibundoy.

La familia Aguillon Chindoy me acoge en un casa con los brazos abiertos. Como uno mas de la familia vivo con ellos unos dias en el pueblo de Sibundoy.

Levantarse a las 5 de la mañana ordeñar las vacas es algo que me parece maravilloso a mi, que lo hago hoy como algo excepcional, a Chepe en cambio le parece algo normal y lo hace de forma mecánica. Pero ir en su vieja moto entre campos llenos de vacas al amanecer es un regalo de la vida para mi.

Levantarse a las 5 de la mañana ordeñar las vacas es algo que me parece maravilloso a mi, que lo hago hoy como algo excepcional, a Chepe en cambio le parece algo normal y lo hace de forma mecánica. Pero ir en su vieja moto entre campos llenos de vacas al amanecer es un regalo de la vida para mi.

Me decian todo el rato que tuviera cuidado en Colombia, y que evitara a personas como esta... el mundo esta loco, nos encanta generalizar y poner etiquetas, pero cada uno tiene una historia, una vida independiente a las catástrofes que nos rodean, ya sean fisicas o ideologicas. Poet sueña con viajar, recorrer el mundo y sonreirle a la vida, pero le toco hacer el servicio militar y de momento ha de estar uniformado. Tiene la sonrisa más bonita y sincera que habia visto en mucho tiempo.

Me decian todo el rato que tuviera cuidado en Colombia, y que evitara a personas como esta… el mundo esta loco, nos encanta generalizar y poner etiquetas, pero cada uno tiene una historia, una vida independiente a las catástrofes que nos rodean, ya sean fisicas o ideologicas.
Poet sueña con viajar, recorrer el mundo y sonreirle a la vida, pero le toco hacer el servicio militar y de momento ha de estar uniformado. Tiene la sonrisa más bonita y sincera que habia visto en mucho tiempo.

Wilson y su familia me acogen en su casa de Mocoa. Es hijo de Chepe, la familia que me acogió en el pueblo de Sibundoy.

Wilson y su familia me acogen en su casa de Mocoa. Es hijo de Chepe, la familia que me acogió en el pueblo de Sibundoy.

Toribia prepara las mejores arepas de la historia Colombiana. Llego hace 45 años con su marido a este pueblo de San Juan construyendo la carretera que ahora pasa por delante de su casa, y aqui decidieron quedarse. Ya tenia muchos hijos para seguir moviendose.

Toribia prepara las mejores arepas de la historia Colombiana. Llego hace 45 años con su marido a este pueblo de San Juan construyendo la carretera que ahora pasa por delante de su casa, y aqui decidieron quedarse. Ya tenia muchos hijos para seguir moviendose.

Despues de un largo dia de pedaleo bajo un sol abrasador, llego al desierto de la Tatacoa y encuentro un lugar perfecto para descansar.

Despues de un largo dia de pedaleo bajo un sol abrasador, llego al desierto de la Tatacoa y encuentro un lugar perfecto para descansar.

Despues de un largo dia de pedaleo bajo un sol abrasador, llego al desierto de la Tatacoa y encuentro un lugar perfecto para descansar. Uno de esos momentos en los que la soledad te sonrie y a la vez deseas compartir con un montón  de gente más...

Despues de un largo dia de pedaleo bajo un sol abrasador, llego al desierto de la Tatacoa y encuentro un lugar perfecto para descansar. Uno de esos momentos en los que la soledad te sonrie y a la vez deseas compartir con un montón de gente más…

Una noche de esas indescriptibles en el desierto de la Tatacoa. "La soledad solo te pesa cuando no estas acostumbrado a tratar con ella"

Una noche de esas indescriptibles en el desierto de la Tatacoa. “La soledad solo te pesa cuando no estas acostumbrado a tratar con ella”

Paseando en el desierto de la Tatacoa por su parte más oriental.

Paseando en el desierto de la Tatacoa por su parte más oriental.

David es el capitan del cuerpo de bomberos de Melgar, lleva desde los años 50 en el cuerpo. Me trata con una amabilidad natural que me hace sentir como en mi hogar.

David es el capitan del cuerpo de bomberos de Melgar, lleva desde los años 50 en el cuerpo. Me trata con una amabilidad natural que me hace sentir como en mi hogar.

En Bosa, Bogotá, realizan un proyecto maravilloso con los colegios. Un grupo de jóvenes acompañan a los niños de la casa a la escuela y viceversa en bicicleta. Tuve la oportunidad de compartir con ellos la experiencia de viajar y contestar todas sus dudas.

En Bosa, Bogotá, realizan un proyecto maravilloso con los colegios. Un grupo de jóvenes acompañan a los niños de la casa a la escuela y viceversa en bicicleta. Tuve la oportunidad de compartir con ellos la experiencia de viajar y contestar todas sus dudas.

Diego y Natalia me acompañan en bicicleta a mi entrada a la capital Colombiana. Terminamos la jornada con unas deliciosas cervezas frias al calor del fuego en un bar del barrio de la Candelaria.

Diego y Natalia me acompañan en bicicleta a mi entrada a la capital Colombiana. Terminamos la jornada con unas deliciosas cervezas frias al calor del fuego en un bar del barrio de la Candelaria.

Os echaba de menos

Lo primero es pediros disculpas por todos estos días en los que no he podido compartir con todos vosotros la magnifica experiencia de viajar por los rincones de este maravilloso continente. Han sido un monton de personas y lugares las que me han levantado la sonrisa durante todas estas semanas en las que he viajado mas solo que nunca por no poder vivir con vosotros mi dia a dia, pero donde me he sentido más abrigado que nunca por todas las personas que me han tendido la mano a lo largo de estos últimos kilómetros.

Me estoy poniendo al dia con todas las fotografías que tengo guardadas y con todos los pensamientos que he ido coleccionando. Poco a poco os lo ire contando.

De momento os dejo este pequeño fragmento de felicidad que vivi en un lugar muy especial de Ecuador, el parque natural de El Angel, justo antes de la frontera con Colombia.

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