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Horizonte Norte

Los sueños se mezclan, se unen y fluyen a un mismo son.

En el post del otro día la palabra “sorpresa” era un link para descubrirla…como veo que no quedaba muy claro y muchos me habeis escrito para preguntarme acerca de que se trataba, escribo este post para dejarlo todo bien aclarao y explicado.


Os presento algo nuevo que ronda por los corazones de mi amigo Álvaro Sanz y yo desde hace algún tiempo. Un proyecto audiovisual, paralelo por completo a Fisterra Bicicleta, en el que todos podemos, de un modo u otro, formar parte y ser complices. Una pieza audiovisual que bajo la mirada de un gran contador de historias como lo es Álvaro, viajaremos de la mano hasta Alaska.

Su nombre es Horizonte Norte, y en Mayo comenzamos su grabación en Colombia.

Teneis toda la información aqui www.horizontenorte.es

El viaje continua

Han Sido 8 días navegando por el Río Napo para llegar hasta donde me encuentro en este instante. 8 noches durmiendo sobre los ladrillos, el cemento, bajo la lluvia o en una hamaca, en el mejor de los casos, de un barco carguero. Comida de rancho a base de pan duro y agua con sabor a algo. 8 días entre la selva amazónica parando para entregar la carga en las diferentes comunidades de la ribera del Napo, 7 noches para llegar a Ecuador.

El día antes de salir de Iquitos fui asaltado por unos hombres, yo volvia a mi hospedaje en motokar por la noche, como habia hecho casi a lo largo del mes que llevaba en esta ciudad. Iba relajado, pensando en lo que podría comer al llegar pues estaba hambriento. Cuando el conductor paró frente a la puerta de o que era mi casa, dos motokar se pararon delante. Cuatro  hombres se bajaron rapidamente, dos por un lado y dos de frente mi… el resto fue muy rápido, la moraleja fue que se llevaron el bolso que llevaba colgado de mi hombro, el asa se rompio, y en cuestion de segundos vi desaparecer sus motokar en la esquina. Entre las cosas mas valiosas que se llevaron estan mi diario del viaje (con todos los datos las las personas que conoci en el camino, sentimientos guardados, direcciones…) y mi ordenador.

Es por esto que os escribo desde un ciber, sin poder analizar y trabajar mis fotos,con un cronometro que me indica los dolares que estoy gastando a cada minuto… Voy a estar un tiempo desconectado, sin poder responder mensajes y sobre todo sin poder compartir con vosotros mi viaje, es como viajar solo por un tiempo de repente… no han pasado ni dos semanas desde que paso todo esto y ya tengo un monton de fotos deseando mostraros, pero hay algo que me alegra de todo esto, me he comprado un cuaderno, y estoy aprendiendo a escribi en papel de nuevo.

 

Pero no van a ser todo malas noticias, estos dias, mientras yo surcaba las últimas corrientes del río Napo para cruzar la frontera, sale a luz un nuevo proyecto que me siento más que orgulloso de presentaros.

Nos os cuento nada más, es una sorpresa

365 días bajo las estrellas. El Amazonas.

Navego por el río Amazonas, un ancho caudal de aguas marrones que zigzaguean a lo largo de cientos de kilómetros bastas extensiones de bosques. Solo el motor del barco mancha la serenidad que ofrece este aire, y en ocasiones, apenas es apreciable. La inmensa mole de hierro en la que viajo fluye a favor de la corriente y apenas necesita tracción para descender río abajo hasta la ciudad de Iquitos.

Podría ser un día más del viaje, otro día en el que mis pulmones se llenan de un aire diferente al de ayer, pero en realidad hoy sonrío por algo más que ver a las inmensas bandadas de garzas blancas volar sobre mi, hoy hago memoria mientras veo el horizonte cambiar, hoy, cumplo mi primer año realizando el sueño de viajar.

Me tumbo en lo más alto, donde las luces de la nave no son visibles y la oscuridad  deja ver las estrellas. Han sido 365 noches bajo un mismo techo pero sobre un suelo siempre distinto. Montañas, bosques, lagos, casas abandonadas, escuelas, gasolineras, policía, glaciares, bomberos, plazas, hogares, garajes, peajes e incluso un gallinero o un antiguo almacén de cebollas. Siempre he encontrado un hogar en el camino para descansar. Y hoy, navegando por la selva, cumplo mi primer año.

Durante estos días seguiré mi camino en un barco carguero, ya no existen más carreteras por donde pedalear, y es que la selva es tierra salvaje y uno se traslada por el río.

Tres días de navegación entre carga de todo tipo por el río Ucayali me llevan al encuentro del río Marañón, punto donde oficialmente nace el río Amazonas.

"No maneje Borracho" me deja más tranquilo...

“No maneje Borracho” me deja más tranquilo…

Bajada de troncos por el río Ucayali

Bajada de troncos por el río Ucayali

Un enredo de hamacas cuelgan en el segundo piso de la embarcación. Cada uno busca un lugar donde instalarse, al principio se eligen los lugares cercanos a las ventanas, después, todo rincón es bueno y una telaraña de cuerdas hace que pasar de un lado a otro sea todo un baile coreográfico. Los equipajes se instalan debajo de cada hamaca y cajas, bolsos, perros e incluso gallinas hacen más difícil guardar el equilibrio al pasar.

A mi lado derecho viaja la familia de María, después de unos días visitando a su hijo en Pucallpa, regresa a Iquitos, donde vende fruta en una esquina del centro. A mi izquierda Agustina y Ana me hacen más ameno el trayecto, dos jóvenes Argentinas que recorren Sudamérica con su mochila a cuestas durante unos meses. Un contraste de paz y energía positiva hacen de esta pareja un tándem de viaje maravilloso al que me sumo por estos días.

Mi vecina de hamaca María no puede ser mejor compañía.

Mi vecina de hamaca María no puede ser mejor compañía.

Ana y Agustina tienen 20 años y durante sus vacaciones viajan por Sudamérica con sus mochilas.

Ana y Agustina tienen 20 años y durante sus vacaciones viajan por Sudamérica con sus mochilas.

La vida en el barco es agradable, todos los días son Domingo para mi, y mis pulmones descansan con el aire que corre entre las hamacas. Me levanto, desayuno en cubierta, leo, escribo, hablo con la gente, hago fotos, duermo en la hamaca… y así cada día. Las vistas acompañan los tiempos muertos, y mirar por la borda se convierte también en un maravilloso entretenimiento.

Lis tiene 7 años. Es poco habladora, pero observa, observa mucho.

Lis tiene 7 años. Es poco habladora, pero observa, observa mucho.

Con la brisa de la tarde dormir la siesta es un verdadero placer, aunque sea de dos en dos en la hamaca.

Con la brisa de la tarde dormir la siesta es un verdadero placer, aunque sea de dos en dos en la hamaca.

Randy viene a hacerme una visita a mi hamaca.

Randy viene a hacerme una visita a mi hamaca.

Las horas en el barco me dan el tiempo suficiente para conocer las historias de muchos de sus pasajeros, algunas alegres y otras no tanto.

Jessy regresa con su hijo de Lima. Se lanzó a la aventura en busca de una mejor vida en la capital del país con su hijo. -No puede quedarse solo en la casa mientras trabajo, se aburre y cuando regreso solo encuentro destrozos- tuvo que costear todos los desperfectos, dejar el trabajo y comenzar su viaje de regreso. Se dio cuenta de que la vida en la ciudad iba a ser imposible, al menos de momento.

Jessy ha de regresar obligada por las circunstancias a Iquitos despues de un mes trabajando en Lima.

Jessy ha de regresar obligada por las circunstancias a Iquitos después de un mes trabajando en Lima.

En los pueblos que paramos a lo largo del rio se siente una paz absoluta. Casas de madera levantadas unos metros del suelo con tejado de hoja de palmeras se extienden alrededor de un campo de futbol, o a lo largo de la ribera del rio. Todo el pueblo espera la llegada del barco con sus productos para vender, o simplemente para mirar y lanzar globos de agua.

Chifle, Zapote, Tapioca, Tacacho, Patashca, Pijuayo, Aguaje… miles de frutas y comidas con nombres extraños se gritan por todas partes del barco. Es el momento más entretenido, en cuestión de 5 minutos pruebas cantidad de nuevos sabores que ni siquiera imaginabas que pudieran existir. – ¿y esto que?- pregunto a cada uno que pasa cantando un nombre al aire.

Esta mujer vende pescado frito en una de las paradas que realizamos en un pueblo.

Esta mujer vende pescado frito en una de las paradas que realizamos en un pueblo.

Van pasando los días, los atardeceres, las noches, amaneceres… y cuando me quiero dar cuenta, hemos atracado en el puerto de Iquitos.

Iquitos se presenta en un principio bastante mas desordenado de lo que me imaginaba y entre un estruendo de motokar (motocicletas convertidas a triciclos que hacen las funciones de taxis en el perú) que invade las calles, me monto sobre Makalu para buscar un lugar donde descansar los próximos días.

Pocas cosas hacen atractiva esta ciudad, su historia, ubicación y el malecón son algunas de ellas. Su fama definitivamente se debe a sus alrededores, de eso no existe la menor duda. Es la capital de la selva en el Perú, ubicada en el corazón de la cuenca amazónica a Iquitos solo se puede llegar navegando por sus ríos o volando. Una inmensidad de naturaleza virgen rodea esta urbe en la que se puede encontrar un sin fin de personajes diferentes recorriendo su calles. Viejos ricos de la época del caucho, indígenas que vinieron en busca de una mejor vida que no consiguieron, turistas vestidos de exploradores aventurados, viajeros que buscan vivir la experiencia de la ayahuasca…

Unos días de descanso en una pequeña aldea cercana a Iquitos. Padre Cocha.

Unos días de descanso en una pequeña aldea cercana a Iquitos. Padre Cocha.

Juego de damas en el puerto de Padre Cocha.

Juego de damas en el puerto de Padre Cocha.

Ultimas horas del día en Padre Cocha

Ultimas horas del día en Padre Cocha

Erick sueña regresando a casa...y nos hace soñar a nosotros...

Erick sueña regresando a casa…y nos hace soñar a nosotros…

Hoy me despierto ansioso. Me ducho y cojo un autobús al aeropuerto. Veo salir por la puerta de llegadas a mi padre con los ojos achinados por el sol. Hace casi tres años que no nos encontrábamos y al verlo me da la sensación de que tan solo unos días hubieran pasado desde la última vez.

Navegamos en una pequeña canoa de vieja madera entre pequeños canales que surcan la selva. La casa de Raul y Noemí será nuestro hogar durante unos días en los que gracias a nuestros guías Gheyner y Weninger descubriremos algunos de los muchos encantos que guarda este inmenso pulmón del planeta.

Mi padre, Antonio.

Mi padre, Antonio.

Navegando por los canales que la época de lluvias deja a lo largo de la selva.

Navegando por los canales que la época de lluvias deja a lo largo de la selva.

Weninger, a sus 21 años, es nuestro segundo guía.Weninger, a sus 21 años, es nuestro segundo guía.

Nuestra casa en la selva.

Nuestra casa en la selva.

Raul y Noemi se criaron aquí, entre la naturaleza más salvaje del planeta. Donde vivir es fácil cuando sabes aprovechar lo que te ofrece, y salir a caminar por los alrededores se convierte en una constante alerta por la supervivencia.

Noemi nos explica como fue mordida por la serpiente “shu shupe”, la más venenosa de este lugar.

Estas historias, a uno le hacen prestar especial atención en donde pone los pies, a pesar de usar botas de goma altas. Pero por suerte, nos desplazaremos en canoa la mayoría de las veces.

Buhos, iguanas, halcones, ranas, monos de todos los tamaños y clases, pirañas, delfines rosados y grises, serpientes, arboles gigantes, osos perezosos, pájaros de toda la gama de colores… desde nuestra pequeña embarcación de madera podemos disfrutar de montones de animales mirándonos con atención, y sobre todo, de la maravillosa banda sonora que ofrece la selva. Que paz navegar por aquí.

La planta de Victoria Regia se puede ver en las lagunas.

La planta de Victoria Regia se puede ver en las lagunas.

Mi padre bajo un Wimba gigante de la selva.

Mi padre bajo un Wimba gigante de la selva.

Un oso perezoso es la peculiar mascota de esta casa

Un oso perezoso es la peculiar mascota de esta casa

De tal palo tal astilla. Mi padre, Antonio, disfrutando con su cámara de fotos a pesar de los nubarrones.

De tal palo tal astilla. Mi padre, Antonio, disfrutando con su cámara de fotos a pesar de los nubarrones.

Al atardecer una nube de mosquitos lo invade todo, da igual usar manga larga y pantalón largo, lo atraviesan! Solo con el movimiento de la embarcación uno evita ser acribillado, y cuando paramos, te acostumbras a mover los brazos continuamente para ir aplastando o espantando a los insistentes zancudos.

Un paseo nocturno con Gheyner por los alrededores de la casa nos muestra porque por la noche todo el mundo se va a dormir. Son toda clase de animales los que salen a cazar en esta frondosa selva, y machete en mano, Gheyner nos muestra tarántulas, escorpiones e infinidad de arañas peludas que asegura te matan con una sola mordida… Un escorpión negro saltó hacia mi cuando yo, como buen desconocedor de los peligros de la selva, hice ademan de acercarme con la linterna para verlo mejor. Cuando vi la reacción de Gheyner, comprendí que no era ninguna broma todo esto.

Gheiner es nuestro guía. Tiene una vista increíble, es capaz de ver cualquier animal por muy escondido que se encuentre.

Gheiner es nuestro guía. Tiene una vista increíble, es capaz de ver cualquier animal por muy escondido que se encuentre.

Gheyner y Weninger duchándose en el río por la noche.

Gheyner y Weninger duchándose en el río por la noche.

Me encanta ver como las personas se adaptan a lugares tan extremos como este para vivir, como la mente y el cuerpo se amoldan al terreno, y como a pesar de todo, una sonrisa, es siempre del mismo modo correspondida.

No se lo cuenten a mi madre…

El desapego sentimental es el más desarrollado durante un viaje.

Aparte de estar lejos de las personas que han sido siempre las más cercanas a mi, me enfrento en muchas ocasiones a despedidas.

Nos abrazamos, nos deseamos buena suerte y nos prometemos encontrar algún día en cualquier rincón del planeta. Todo con un nudo en el estomago. Y es que ya lo he descrito en numerosas ocasiones, las relaciones en un viaje son intensas, conexiones que el destino te ofrece por un corto espacio de tiempo pero que casi siempre se vuelven un vínculo irrompible.

Veo como Federico y Guillermo se pierden entre el tráfico de Ayacucho mientras sacuden la mano en alto y levantan el dedo pulgar. Vuelvo a estar solo, pero no del todo.

Me encuentro en casa de Irma, una ciclista de energía inagotable que al vernos llegar a la ciudad con nuestras bicicletas cargadas hasta los topes bajo una intensa lluvia, nos invitó a su casa.

Irma y su familia fueron unos anfitriones de lujo en la ciudad de Ayacucho.

Irma y su familia fueron unos anfitriones de lujo en la ciudad de Ayacucho.

Su familia nos recibe como uno más. El aroma del Cedrón invade la cocina mientras vamos respondiendo todas las dudas que se les ocurre de nuestro viaje. – sírvanse, están en su casa- nos dice su hermana mientras nos ofrece otro pan con queso.

Ayacucho es una ciudad muy agradable, una amplia plaza, un bien conservado casco histórico y más de 30 iglesias en sus calles. Aprovecho para ponerme al día en internet, salir al mercado y relajar las piernas caminando por sus calles.

Mientras recojo todas mis cosas y cargo mi bicicleta, Irma y su sobrino Carlo salen con sus bicicletas, me van a acompañar hasta la salida de la ciudad… finalmente, entre sonrisas, fotos y abrazos nos despedimos en el arcén de la carretera a más de 25 km de la ciudad.

Pedaleo pensativo, despacio. Avanzo lento entre los verdes valles dominados por cactus que dan la fruta de la tuna. Paro en un pequeño pueblo, y me prestan el centro social para pasar la noche.

A pesar de estar en un lugar con una energía maravillosa algo negativo ronda mi cabeza, miedo. No es la primera vez que tengo esta sensación durante el viaje, pero a este tipo de sensaciones uno nunca se acostumbra.

Viajando en bicicleta me encuentro expuesto a los caprichos del azar, sin capacidad de mas reacción que aceptar lo que suceda, y esperar que todo quede en un susto. Siempre me guio por mi instinto, sintiendo lo que los lugares me transmiten para fiarme de las personas o poner mi carpa para dormir, pero cuando recibo continuas advertencias mi imaginación comienza a trabajar negativamente sobre mi.

He recibido muchas malas noticias del lugar a donde me dirijo. Me han escrito diciendo que reportajes por la tele hablan de que es el lugar de más producción de cocaína, que si era la zona de actuación de “sendero luminoso” y aun quedan algunos locos por ahí, que en la selva se lleva a cabo “la ley de la selva”…. Una cantidad de sensacionalismos genéricos que uno dramatiza en su cabeza en los días previos a llegar…

El día antes de salir de Ayacucho recibí un mensaje de un chico ciclista argentino. Una semana antes le habían asaltado en la carretera. Era en la ruta que yo tenía prevista para llegar a la ciudad de Pucallpa, en la selva. Unos hombres armados salieron de detrás de unos arboles y le quitaron todo menos la bici, un detalle por su parte. No sufrió ninguna agresión tampoco.

Esta noticia me dejo con tantas dudas que estuve a punto de cambiar mi ruta hacia la costa… pero no, tener miedo es lo peor que se puede hacer, no por eso voy a dejar de viajar, de conocer gente maravillosa que me espera en el camino, y además, cuando uno desborda buena energía y se fía de su instinto, nada malo sucede a su alrededor.

A si que mis pedaladas son tranquilas, no tengo prisa, inconscientemente quiero retrasar el paso, y la vez deseando pasarlo.

Esta fue la cara que se me quedó cuando vi que la carretera se habia derrumbado y debía cruzar las montañas por un camino de tierra que ascendía por encima de los 4000 metros de altura!

Esta fue la cara que se me quedó cuando vi que la carretera se habia derrumbado y debía cruzar las montañas por un camino de tierra que ascendía por encima de los 4000 metros de altura!

La noche me pilla en lo alto de la última montaña que me separa de la selva. Saludo a unos pastores de la zona que recogían a sus ovejas y en menos de un minuto me están invitando a pasar la noche con ellos en su casa. Estamos sobre los 4000 metros y hace mucho frio, por la noche va a hacer mucho más. La mujer coloca unos pellejos de cordero sobre el suelo mientras me cuenta que por las noches no sale por si aparece el “pistaco”*

*Pistaco: Persona que deambula solitaria por las carreteras y le corta el cuello a las personas. Les amputa sus brazos y piernas y les quita los órganos y grasa para vender. Esta historia afirman que es verdad y que sucedía en las montañas del perú años atrás. Hoy en día ha derivado en muchas personas a que los pistacos son los Gringos (gringo es toda persona extranjera del peru) y a los niños se les amenaza con que los gringos se los van a llevar.

Yo afirmo con la cabeza mientras poco a poco trato de explicarle que eso no existe, pero ella me contraataca diciendo que si, que una amiga de su vecina, no esta segura del todo, un día vio uno. Es un tema muy presente en las zonas rurales del Perú, y en numerosas ocasiones escucho como al pasar por un lugar me gritan – Pistaco!!

Poco a poco toda la familia tiende sus colchones en el suelo y se tapan con todas las mantas que encuentran, yo mientras me pongo toda la ropa que tengo y me acuesto sobre los mullidos y cálidos pellejos de cordero.

Más de 100 km de continua bajada me llevan por la mañana hasta la selva central del Perú. Un cambio radical en el clima hace que en 3 horas vea mudar drásticamente el paisaje, y la temperatura.

De pronto todo la vegetación domina el paisaje, la humedad se pega a mi cuerpo y una melódica banda sonora de animales dan vida a esta parte del camino.

Camino hacia el pueblo de Cacazú. Selva central.

Camino hacia el pueblo de Cacazú. Selva central.

Los ríos bajan desbordados, debido a la época de lluvias no hay un solo día en el que las nubes no descarguen toda su fuerza. Pero no es tan molesto, la cálida temperatura hace que mojarse no sea un problema, al revés, en muchas ocasiones se convierte en una bendición.

Hablo con mucha gente, como siempre, y su amabilidad me sorprende sobremanera. Cuando saco el tema de los asaltos observo que es algo común con lo que viven dia a dia, y me cuentan que en ocasiones cierran la carreteras y asaltan a todos los coches que pasan en el intervalo de casi una hora. –la semana pasada hubo asalto- me dice David, el conductor del camión que me lleva de regreso al pueblo de Villa Rica después de haberse roto el cuadro de Makalu. Otra señora me cuenta como un dia yendo al mercado fue asaltada y le quitaron las monedas que llevaba para comprar… -te tiran al suelo y te quitan todo lo que tienes- me dice, si no te resistes no te hacen nada. A si que comienzo a asumir el tema como algo del lugar y mientras pedaleo me pongo en la situación de cómo reaccionar para evitar que me quieten todo… ¿y si les digo que esta cámara tiene un GPS integrado y que la pueden localizar? Cosas asi se me pasan por la cabeza…

Al fondo veo lo que serán las últimas montañas antes de encontrarme con la extensa selva baja por donde transcurre el amazonas.

Al fondo veo lo que serán las últimas montañas antes de encontrarme con la extensa selva baja por donde transcurre el amazonas.

Jose Salas es un soñador que vive en medio de la selva. Es pintor y se dedica a pintar Carteles publicitarios y guardabarros

Jose Salas es un soñador que vive en medio de la selva. Es pintor y se dedica a pintar Carteles publicitarios y guardabarros

Siempre me han ofrecido un techo donde descansar, pero no siempre se encuentra en buenas condiciones y he de colocar baldes para no mojarme con las goteras.

Siempre me han ofrecido un techo donde descansar, pero no siempre se encuentra en buenas condiciones y he de colocar baldes para no mojarme con las goteras.

Poco a poco me olvido de todo, y disfruto del camino. En la carretera me encuentro a Antonio, un hombre dueño de un fundo cercano que esta paseando con su perro Baltasar. Me cuenta que a la policía hay que darte lo que te pidan, si no, unos kilómetros mas adelante te van a asaltar seguro y que la cocaína circula por esta carretera como el ganado por el campo. Todo un empujón optimista el que me manda este amigo del camino!

Sigo adelante dejándome llevar por lo maravilloso del paisaje, eso si, la cámara solo la saco cuando estoy solo.

La humedad y la niebla son los elementos predominantes en esta zona de la selva que asciende a los 1200 msnm

La humedad y la niebla son los elementos predominantes en esta zona de la selva que asciende a los 1200 msnm

Como buen foráneo que soy, hasta una simple hoja me puede hacer sonreir.

Como buen foráneo que soy, hasta una simple hoja me puede hacer sonreir.

Los coches pick up llenos de gente cruzan los ríos que atraviesan la carretera con el agua superando el capó. Algunos se quedan parados en medio de la riada y un camión ha de venir a sacarlos con una cuerda. Yo pido que me pasen, y cuando lo veo muy peligroso para hacerlo en coche, camino río arriba en busca de una zona mas tranquila para cruzar alforja por alforja. Miro al frente, a un punto fijo, y mi pies rebuscan bajo el agua marrón un punto estable para apoyarse. Por un momento miro abajo, y el movimiento del agua casi me hace perder el equilibrio. Me asusto. Regreso la mirada a la piedra de enfrente y sigo caminando.

Los ríos en esta época de lluvias bajan crecidos y su cruce se torna en ocasiones peligroso.

Los ríos en esta época de lluvias bajan crecidos y su cruce se torna en ocasiones peligroso.

Miles de cascadas como esta bañan el camino.

Miles de cascadas como esta bañan el camino.

Un descanso en el camino me sirve para refrescarme un poco y disfrutar de las vistas.

Un descanso en el camino me sirve para refrescarme un poco y disfrutar de las vistas.

Amiguitos del camino

Amiguitos del camino

A pesar de todo, mi camino ha ido tranquilo, sereno, sin ningún problema o mala sensación. Contento de haber recorrido estos caminos. No he podido hacer todas las fotografías que hubiera querido hacer, son muchas las imágenes que me guardo solo para mi, en mi memoria, un privilegio de sentir en directo la experiencia de enfrentarse al mundo tal y como es.

Mi instinto me decía que estaba haciendo lo correcto, que no pasaba nada, y efectivamente solo encontré gente que me tendió la mano a lo largo del camino. No todo fueron sonrisas, pero hay que entender que este camino no es una zona muy transitada por los viajeros, y ver pasar a un “gringo” en bicicleta lleno de bolsos es bastante impactante para muchos.

Bajo una intensa lluvia llego a la carretera principal que me llevará hasta Pucallpa. Estoy empapado, lleno de tierra y barro, pero contento de haber llegado hasta esta ciudad en donde me embarcaré con rumbo a Iquitos para seguir mi viaje.

Homenaje a Makalu

No he tenido tiempo de poder escribir estos días, en cambio, he editado un video para poner en orden mis sentimientos sobre lo más destacado de estos días. Pronto me pondré al día, y os explicaré como continua mi viaje!

Un saludo a todos, y mil sonrisas!

Homenaje a Makalu. Mi vieja bicicleta.

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